Héroes caídos en la defensa de la posición del Monte Abarrán, entre los que destacaron el capitán Juan Salafranca y el teniente Diego Flomesta: Se acercaba el Desastre de Annual

En la defensa de la posición del Monte Abarrán, el día 1 de junio de 1921, se hicieron acreedores de la Cruz Laureada de San Fernando:
1º. El capitán de Infantería que fue del Grupo de Fuerzas Regulares de Melilla n.º 2, y comandante de la posición, Juan Salafranca Barrios, quien se hizo acreedor a ingresar en la Real y Militar Orden de San Fernando (R. O. de fecha 1 de mayo de 1924, D.O. n.º 101 de 2 de mayo del 1924), por los méritos que contrajo el día primero de junio de 1921 en el combate librado con al enemigo en la posición de Abarrán de aquel territorio. Con ocasión del ataque de aquel a dicha posición, el capitán Salafranca organizó y dirigió la defensa de la misma, como jefe que era de ella, alentando con su ejemplo a las fuerzas que la guarnecían y continuando al frete de ellas después de ser herido, dando ejemplo de valor, abnegación y entereza ante un enemigo superior en número y medios de combate, y que, a pesar de luchar en condiciones desventajosas, la prosiguió con entusiasmo hasta el momento de sufrir otra herida que le ocasionó gloriosa muerte, recomendando, en sus últimas palabras, la continuación de la lucha.
Madrileño, nacido en 1889. Con 17 años ingresó en la Academia de Infantería en la misma promoción de Franco, Alonso Vega, Sáez de Buruaga y otros militares que alcanzaron la fama en los campos norteafricanos (D.O. n.º 149 de 11 de julio de 1907). Una vez promovido al empleo de segundo teniente (D.O. n.º 153 de 14 de julio de 1911), fue destinado el Regimiento de Ceuta n.º 60.
Participó en numerosos hechos de armas por los que teniendo el empleo de 2º teniente fue condecorado con la medalla de 1ª clase al Mérito Militar con distintivo rojo, pensionada (D.O. n.º 224 de 8 de octubre de 1913) por los méritos contraídos en los combates en las proximidades de Tetuán. En 1913, al ascender al empleo de primer teniente continuó su servicio en el Regimiento de Ceuta (D.O. n.º 154 de 15 de julio de 1913).
En 1916, siendo primer teniente fue destinado al Grupo de Regulares Indígenas de Melilla n.º 2, con ellos combatió en el asalto a la Loma de las Trincheras el 29 de junio de 1916. En el citado combate fue herido en el cuello y en una pierna, continuando al frente de su sección hasta la finalización del combate (D.O. n.º 147 de 4 de julio de 1916). Por los méritos contraídos en el combate fue recompensado con el empleo de capitán (D.O. n.º 212 de 21 de septiembre de 1916).
En el combate de la Loma de las Trincheras se concedieron tres Cruces Laureadas de San Fernando a los héroes ya mencionados en esta serie: teniente Diego Pacheco Barona, cabo Mariano Fernández Cendejas, ambos caídos en el combate, y al oficial médico Ricardo Bertoloty, todos ellos de los Grupos de Fuerzas Regulares Indígenas. El teniente Salafranca fue propuesto por el General en Jefe del Ejército en África para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando por el citado combate, proposición que fue desestimada por Real Orden de fecha 15 de marzo de 1919 (D. O. n.º 61 de 16 de marzo de 1919).
Pasó a Madrid a recuperarse de las heridas recibidas, reincorporándose a su Grupo de Fuerzas Regulares en febrero del año siguiente y pasando a mandar la 2ª compañía del 2º Tabor del Grupo de Regulares de Melilla n.º 2. Con ellas participo en la defensa de la posición del Monte Abarrán el 1 de junio de 1921 donde encontró la muerte gloriosa y la Cruz Laureada de San Fernando. Los amigos del capitán pagaron a los rifeños de la cabila de Tensaman cuatro mil pesetas por recuperar su cadáver, este estaba mutilado y de tal forma que se dudaba que fuese el del capitán Salafranca. Los restos se enterraron en el cementerio de Annual.
2º. El teniente de Artillería fallecido Diego Flomesta Moya se hizo acreedor a ingresar en la Real y Militar Orden de San Fernando pensionada con una pensión anual de 1.500 peseta (R.O. de 28 de junio de 1923, D.O. n.º 142 de 29 de junio de 1923), por su comportamiento el día 1º de junio de 1921 en la defensa de la posición de Monte Abarrán perteneciendo al Regimiento Mixto de Artillería de Melilla. En el referido día y en la posición citada, después de agotadas las municiones de las piezas que mandaba, sosteniendo la defensa del frente atacado con preferencia por el enemigo, que llegó a sus alambradas, y a pesar de estar herido, y sin consentir en ser curado, organizó la de los demás frentes, por haber sido muertos o heridos de gravedad todos los demás oficiales que guarnecían dicha posición, armando a los artilleros que quedaban útiles, e imponiéndose a los indígenas que se resistían a cooperar, inutilizó por sí mismo una pieza y ordenó se inutilizaran las demás cuando el enemigo se disponía a asaltar la posición, permaneciendo en el puesto de inminente peligro que su honor militar le señalaba, haciendo personalmente fuego de fusil hasta que, invadida la repetida posición por el enemigo, fue nuevamente herido , muriendo gloriosamente.
Murciano, nacido en Bullas en 1890. Ingresó en la Academia de Artillería en 1911, saliendo con el empleo de segundo teniente de Artillería en 1918. Después de varios destinos en las guarniciones de la península, en 1919 fue destinado a África, a la Comandancia de Artillería de Melilla donde ejerció el mando del puesto de Rayen. Poco más tarde pasó al Regimiento Mixto de Artillería de Melilla. A principios de 1921 se incorporó a la 1ª Batería en Annual, con ella combatió en la posición del Monte Abarrán donde encontró gloriosa muerte.
Los límites de la zona correspondiente a la Comandancia de Melilla apenas habían variado desde el fin de la Campaña del Río Kert, en diciembre de 1912. La ocupación colonial de España en el territorio del Protectorado Marroquí que se reducía a dos alternativas: ocupar todo el país que, dado el carácter belicoso del enemigo, solo se podía hacer a cosa de un elevado tributo de sangre, o a una penetración pacifica a costa de gastar mucho dinero en pagos de subvenciones a los caciques para que aceptaran la sumisión. Esta última fue la que se adoptó hasta la llegada del nuevo Comandante General, el general Manuel Fernández Silvestre, en 1920.
El nuevo Comandante General tomó posesión a mediados de febrero de 1920 y el Ejército a su mando inició una serie de avances que llevó las líneas españolas, desde mayo de 1920 hasta junio de 1921, 130 Km más al oeste de la posición de partida, adelantando el frente hasta las orillas del río Amekrán y estableciendo el campamento general en Annual a unos 100 Kilómetros de Melilla. Era el lugar elegido para, desde él, penetrar hacia la bahía de Alhucemas, corazón de la rebelión, tomarla y así aplastar, de una vez por todas, la insurrección en la Comandancia.
El lugar no fue bien elegido, las comunicaciones no existían, era un terreno sumamente fragoso, los escasos caminos existentes eran poco más que veredas, lo que dejaba el campamento general prácticamente incomunicado. Tan malos eran los caminos que se necesitaban emplear cuatro horas para recorrer un trayecto de unos 18 Km. En carta del general Silvestre al Alto Comisario, general Berenguer, aquel le explicaba el estado de los caminos contándole que en el traslado de dos baterías de artillería desde Ben Tieb a Annual, unos 18 km entre ambas posiciones, había costado ímprobos esfuerzos y se habían empleado cinco días, a pesar de que Annual no estaba en un cerro donde hubiera que subir a brazo los cañones.
Entre Annual y Melilla había tres plazas fuertes separadas por unos treinta kilómetros entre sí, la más próxima era Dar Drius, pero para ir desde esta última a Annual había pasar por el desfiladero de Izumar de triste memoria durante la retirada. Había un ferrocarril que salía de Melilla hacía Dar Drius, pero se había quedado parado desde hacía cinco años en Tistutín, 20 km antes de llegar a Dar Drius.
Por otra parte, el Ejército de la Comandancia estaba carcomido, era un ejército formado por recluta forzosa, mal organizado y preparado, peor vestido, calzado y alimentado y mucho peor armado y entrenado, muchos fusiles estaban descalibrados. El trabajo lo realizaban las tropas indígenas que no siempre estaban mandadas por los mejores oficiales. Tampoco se sabía de verdad cuántos soldados componían el ejército, las cifras variaban cada revisión. Teóricamente Silvestre disponía de unos 25.750 soldados, pero los permisos y las bajas por enfermedad lo reducían a unos 12.000 hombres disponibles para la ofensiva, y, además, estaba distribuido en un excesivo número de pequeñas posiciones distribuidas a lo largo del territorio. Había entre 130 y 150 blocaos, la mayoría muy pequeños, guarnecidas con unos pocos soldados, entre 12 y 20 hombres, a los que había que suministrar municiones, víveres y agua cada pocos días . En la costa había dos posiciones: la de Sidi Dris próxima a la desembocadura del río Amekrán y la de Afrau a la retaguardia de aquella.
Todas las posiciones habían sido ocupadas sin derramamiento de sangre gracias a la buena disposición de las cabilas de Tensaman y Beni Tuzin, buena disposición que se debió a la extraordinaria labor llevada a cabo por el coronel Gabriel de Morales y Mendigutía, jefe de la Subinspección de Tropas y Asuntos Indígenas y de la Policía Indígena.
La posición del Monte Abarrán estaba situada en la cima del citado monte a una altura de 525 metros, a unos 9 Km de Annual en línea recta, pero la distancia casi se doblaba debido al camino tortuoso que había que seguir para poder alcanzar la cumbre. Fue el objetivo fijado por el general Silvestre para ser ocupado en la ribera izquierda del río Amekran.
El comandante Jesús Villar Alvarado, jefe de la Policía Indígena del sector y sustituto del coronel Morales que había sido enviado a Melilla, informó al Comandante General que la operación se haría sin riesgo. Consideraba que era una operación de policía que había sido solicitada por los jefes de los poblados cercanos de la cabila de Tensaman como protección contra los miembros de la cabila enemiga de los Beni Urriaguel. Posteriormente recibió información indicando que los jefes tensamanies se habían desdicho de su propuesta y le avisaban de que no dejarían plantar ninguna bandera española en la cima de Abarrán, incluso le previenen de que pueden encontrase una gran harca de unos tres mil hombres oponiéndose a la operación. Villar no los creyó y preparó la aventura casi en secreto. El día 29 de mayo solicita permiso para llevar a cabo la operación al general Silvestre presentándola como una operación de policía que se llevaría a cabo por sorpresa y que se consideraba de bajo riesgo, y este la autoriza el día 31.
No todos los mandos de las diversas unidades asentadas en Annual tenían una opinión favorable sobre la realización de la operación. En el Informe Picasso se lee: considerando que la posesión de Abarran, sin caminos, a distancia, sin factibles auxilios, atendiendo a los medios que el Mando podía disponer, quedaba a merced del enemigo desde el momento que se resolviera a mostrase hostil amparado en la escabrosidad del territorio, pues no podía abastecerse ni socorrerse en caso de asedio sino mediante combates empeñados para los que se carecía de elementos adecuados el esfuerzo.
En la madrugada del día primero de junio, el comandante Villar salió de Annual al frente de una Columna compuesta por: tres Mías de Policía, un Tabor y un Escuadrón de Regulares del Grupo de Fuerzas Regulares de Melilla n.º 2, dos Compañías de ametralladoras del Regimiento de Ceriñola n.º 42, una Batería de Montaña del Regimiento Mixto de Artillería de Melilla, la 2ª y 5 ª Compañías de Zapadores y elementos auxiliares. Con un total de 1.461 hombres y 485 cabezas de ganado.
Al mismo tiempo, durante el transcurso de la operación, el cañonero Laya realizó una maniobra de distracción ejecutando un crucero por la bahía de Alhucemas con el fin de confundir al enemigo, intentando fijarlo en ese territorio y así evitar que acudiera a enfrentarse a la columna que marchaba Abarrán arriba.
La marcha, de unos quince kilómetros por una senda tortuosa, obligados a un continuo subir y bajar, se completó sin dificultad, sin encontrar resistencia, tras cuatro horas de marcha con la llegada de la vanguardia. Aún hubo que esperar otras dos horas más hasta la llegada a la cima de los últimos componentes de la retaguardia debido a que, la estrechez de la senda, obligaba a la columna a caminar muchos trechos en fila india. Al cruzar el río Amekrán se les unió el harca amiga de Tensaman a la que se municionó con 10.000 cartuchos de fusil Remington que la columna llevaba para serles entregados.
Al iniciar la fortificación de la posición se descubrieron dos graves problemas: 1º no había agua ni señales de ella; 2º en la cima no había casi piedras por lo que el parapeto tenía que hacerse con sacos terreros, pero los sacos que estaban podridos y se desfondaban al llenarlos de tierra. Con gran trabajo se consiguió hacer un parapeto que no llegaba a tener la altura suficiente para garantizar la seguridad a los defensores, incluso había zonas de la posición sin protección de ningún tipo.
Entretanto, las alturas próximas se estaban llenando de rifeños que observaban los trabajos de fortificación de los españoles. A la vista de la situación, el caíd El Hach Haddur Boaxa, que acompañaba al comandante Villar, aconseja que no se instale la posición y se vuelva a Annual, pero Villar decide seguir adelante con los planes establecidos y la fortificación de la posición se termina.
Tiene forma de un cuadrado de 12 por 65 metros y queda al mando de su guarnición el capitán Juan Salafranca Barrios. Esta está formada por unos 250 hombres, 200 de ellos soldados indígenas del harca amiga y de la policía, además de 28 artilleros y tres soldados de ingenieros. A primeras horas de la tarde, el comandante Villar abandona la posición con el resto de la fuerza, incluyendo las dos compañías de ametralladoras, camino de Annual. Por entonces, los enemigos que pueblan las cercanas cumbres son ya más de dos mil y entre ellos se encuentran el grupo rebelde las harcas de Tensaman, de los Trugut, y la de los Beni Urriaguel.
Cuando la columna de Villar cruzaba el río Amekran, escuchan una serie de ráfagas de ametralladoras que lo único que pueden significar es que la gran harca está atacando la posición, ya que aquella no dispone de tales armas. El comandante Villar ordena proseguir la marcha dejando a su suerte a la posición de Abarran que, en ese momento, combate con todas sus armas.
La resistencia duró cuatro horas.
Las bajas españolas fueron en total de 141 hombres: muertos 6 oficiales, 18 soldados peninsulares y un soldado indígena; heridos 25 soldados españoles y 37 indígenas; 76 desertores o desaparecidos indígenas y un prisionero, el teniente Flomesta quien murió en cautiverio a los pocos días al negarse a enseñar a sus captores el manejo de los cañones tomados en la posición. Los pocos supervivientes, 72 hombres heridos, 25 son europeos, consiguieron refugiarse en la posición de Buymeyan y en Annual.
La relación de caídos y desaparecidos es la siguiente:
FUERZAS REGULARES INDÍGENAS DE MELILLA n.º 2
Muertos:
Capitán de Infantería Juan Salafranca Barrios. Condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando
Teniente de Infantería Vicente Camino López.
Teniente de Infantería (E. R.) Antonio Reyes Martín.
Caíd Mohamed Ben Haida Susi.
Un soldado indígena.
Desaparecidos:
Sargento de Infantería Fidel Vidal Zubianz.
Cabo de Infantería Placido Funes Caia.
Cabo de Infantería Manuel Jaén Reche.
Soldado de Infantería Juan Fernández García.
Soldado de Infantería Casimiro Pérez Balboa.
Soldado de Infantería Juan Pérez Balboa.
POLICIA INDÍGENA DE MELILLA
Muertos:
Capitán de Infantería Ramón Huelva Pallarés. Comandante de la Mía n.º 15, sustituto del capitán Margallo en el mando de la Mía.
Alférez de Infantería Luis Fernández Martínez.
REGIMIENTO MIXTO DE ARTILLERÍA DE MELILLA
Muertos:
Teniente de Artillería Diego Flomesta Moya. Condecorado con la Cruz Laureada de Sn Fernando. Hecho prisionero, se negó a enseñar el manejo de los cañones a los rifeños, se negó a comer y murió en cautiverio de hambre el 30 de junio.
Cabo artillero Manuel González Iglesias. Muerto posteriormente a causa de las heridas recibidas.
Cabo de artillero Daniel Zarate. Su cadáver fue recuperado después de pagar 4.000 pesetas al enemigo.
Desaparecidos:
Artillero Daniel Álvarez.
Artillero José Barragán.
Artillero Eulogio Delgado.
Artillero Juan Gil.
Artillero Domingo Gómez.
Artillero Emilio González.
Artillero Ramón Grin.
Artillero Agapito Jiménez.
Artillero Enrique Ramírez.
INGENIEROS
Desaparecido:
Soldado de Telégrafos Enrique Durán.
Joaquín de la Santa Cinta, Ingeniero aeronáutico, economista e historiador
Para saber más:
- O. nos: 149 de 11 de julio de 1907; 153 de 14 de julio de 1911; 154 de 15 de julio de 1913; 212 de 21 de septiembre de 1916;61 de 16 de marzo de 1919; 142 de 29 de junio de 1923 y 101 de 02 de mayo de 1924.
- El Imparcial de los días 7 y 8 de junio de 1912.
- El Telegrama del Rif de 7 de junio de 1921.
- La Correspondencia Militar de los días 7 y 8 de junio de 1921.
- La Época de los días 6, 7 y 8 de junio de 1921.
- Historia de las Campañas de Marruecos. Tomo III. Servicio Histórico Miliar.
- Africanistas y Junteros: El Ejército Español en África y el oficial enrique Varela Iglesias. Antonio Atienza Peñarrocha.
- Historia Secreta de Annual. Juan Pardo.
- Expediente Picasso
- Internet.






