Luchas en el Canal de la Mancha en la última década del siglo XVI y principios del XVII (IV): Las otras dos Grandes Armadas para combatir a Inglaterra mandadas por Martín de Padilla

El capítulo anterior terminaba con el gran enfado del rey Felipe II por el asalto y toma por los ingleses de Cádiz.
Decidido a tomar venganza por lo ocurrido, y cumplir con la ayuda prometida a los rebeldes irlandeses, ordenó acelerar la preparación de la Armada de intervención en Irlanda (Segunda Gran Armada). El objetivo principal de la nueva Armada era abrir un segundo frente contra los ingleses para forzar a la retirada de las tropas ingleses que combatían en Francia y en Flandes.
Puso al mando de la Armada al soriano de Calatañazor Martín de Padilla y Manrique de Lara, adelantado de Castilla, conde de Buendía y de Santa Gadea, como almirante al que apremió para que zarpara en el plazo más breve posible.
Notable marino, capitán general de las galeras de España, además de en otras campañas, Martín Padilla combatió en Lepanto a las órdenes del Marqués de Santa Cruz. En la batalla, la galera que mandaba hundió a cuatro enemigas y mereció el honor de ser incluido en la lista de los más distinguidos en el combate.
Como almirante de la Armada fue nombrado nuestro ya conocido Diego Brochero. A las órdenes del almirante se encontraban como jefes de escuadras, entre otros, nuestros conocidos Pedro de Zubiaur, Martín Bertendona y Villaviciosa.
El maestre de Campo General de la Infantería y Caballería de desembarco fue elegido Sancho Martínez de Leyva y Mendoza. Un militar formado en los Tercios en Flandes que mandó el Tercio Viejo de Lombardía, además de participar en la Gran Armada de 1588.
El principal puerto de reunión de la Armada fue Lisboa, pero también Sanlucas de Barrameda y Sevilla.
Las órdenes iniciales dadas a Padilla era desembarcar en Korque (actual ciudad de Cork, Irlanda) o en el lugar más próximo posible y mantener el ejército independiente de los naturales del país.
Padilla solicitó invernar en la península dado lo avanzado de la estación, pero el rey se opuso y ordenó zarpar de inmediato, pero el almirante tenía razón, era muy arriesgado enviar buques a los mares del norte en invierno.
A la vista de las opiniones contrarias del Almirante, Felipe II ordenó la salida urgente de la Armada de Lisboa con destino a Ferrol donde recibiría nuevas órdenes.
El día 25 de octubre zarpó la Armada de Lisboa. En las nuevas órdenes seguían siendo prioritario desembarcar en Irlanda evitando combatir con la flota inglesa, aunque, dada la época del año (otoño-invierno), el rey ordenó retrasar el desembarco para mejor tiempo y disponía que se dirigiera a Bretaña para tomar la ciudad bretona de Brest.
De Lisboa zarpó una Armada formada por más de 175 navíos con cerca de 14.000 hombres a bordo, entre los que se encontraban grandes navíos como la capitana, el galeón San Pablo con 1.200 toneladas, y la almirante, el galeón San Pedro con 1.200 toneladas, además de otras naves de igual porte. Además, en Bayona, a las órdenes de Zubiaur le esperaban otros 41 buques con 3.800 hombres. Dos mil de ellos del tercio de guarnición en Bretaña.
Tres días más tarde, en la noche de San Judas Tadeo y San Simón Apóstol, a la altura del cabo Finisterre, una inesperada tormenta sorprendió a la Armada. Los daños causados en los buques hicieron que muchos perdieran el gobierno y acabaran naufragando en las rías próximas.
Se perdieron unos 20 navíos que naufragaron en los arrecifes. Además de otros 25 de los que no se sabía nada.
Las bajas fueron de unos 2.000 muertos entre soldados y marinos, sin incluir oficiales y administrativos de la Armada.
En noviembre, Padilla informaba el rey de lo acontecido y de su disposición a partir en cuanto llegase Zubiaur con su escuadra, pero, al tiempo, comunicaba el estado lamentable de los navíos y de los hombres (mal equipados y alimentados y con retrasos en las pagas).
El 29 de noviembre de 1596 Felipe II decretaba una suspensión de pagos.
En diciembre el rey confirmaba a Padilla en el cargo y le encargaba de la reparación de daños y de alistar la armada para una nueva empresa contra Inglaterra (la Tercera Gran Armada) para la primavera del año siguiente 1597.
Después de pasar un duro invierno en tierras gallegas con graves problemas por las enfermedades y el comportamiento de los soldados. Faltaban médicos y el hacinamiento de tantos soldados alojados distorsionaba la vida diaria de la comarca.
En febrero de 1597, Padilla disponía de 84 buques en el puerto de Ferrol, sin incluir los nuevos de Andalucía y los que se estaban fabricando en Pasajes.
Los mandos de esta nueva Armada eran los mismos de la armada del año anterior: Martín Padilla, Diego Brochero y Sancho Martínez de Leiva. Los jefes de las distintas escuadras también seguían siendo los mismos.
La nueva Armada ya no se destinaba a desembarcar en Irlanda, su misión era directamente invadir Inglaterra apoyándose en las bases españolas del Canal de la Mancha (Blavet, Calais y la Roca de Primel situada en la Bretaña Francesa).
Alertados los ingleses, decidieron formar una nueva contra armada para destruir a los buques españoles en sus puertos y después dirigirse a las islas Azores a interceptar a la Flota de Indias.
Mientras los españoles seguían aumentando sus fuerzas con más infantería de los tercios italianos y más navíos. A finales de agosto se informaba que en Ferrol se disponía de más de 8.000 hombres entre soldados y oficiales, además de 100 caballos.
Las fuerzas navales en Ferrol eran de 112 navíos con una tripulación de más de 3.700 hombres.
Entretanto, los ingleses prepararon una gran flota de unos 70 buques al mando de Robert Devereux, conde de Essex (el favorito del momento de la reina Isabel I), que tenía como jefes de escuadra a nuestros conocidos Thomas Howard y Walter Raleigh.
A ellos se unieron alrededor de 50 buques corsarios ingleses, además de otros 25 buque de holandeses al mando de Jan van Duyvendoord. Un total de cerca de 200 buques de distinto tamaño.
A mediados de julio zarpó de Plymouth con la intención de atacar Ferrol, pero un fuerte temporal la obligó a volver a sus bases con algunos daños en los buques mayores. Volvieron a salir un mes más tarde y sufrieron otro temporal provocando que 2 de los mayores galeones sufrieran graves averías, quedaran inútiles y tuvieran que regresar a puerto.
En septiembre fue avistada en las costas gallegas, pero no atacaron ningún puerto. Los daños sufridos por los temporales los hicieron desistir y se dirigieron a las Azores a cumplir el plan B, apoderarse de la Flota de Indias. Además, fueron engañados, por una información falsa, y creyeron que la Armada española había zarpado rumbo a las Azores a proteger la Flota de Indias.
En las Azores atacaron varias islas menores, pero la Flota de Indias estaba refugiada en la isla Tercera, en su capital Angra.
Su almirante general Juan Gutiérrez de Garibay, un castellano de Medina del Campo conocido nuestro por haber vencido a los restos de la escuadra de Drake en la isla de los Pinos, puso a salvo el tesoro y fortificó la isla poniendo baterías en las playas con los cañones de sus galeones.
Estas medidas disuadieron al de Essex de atacar y decidió esperar en el mar a la salida de los buques españoles para atacarlos.
Pero Garibay optó por zarpar y pasar entre los enemigos con gran fortuna e inteligencia, logrando llegar a Sanlúcar con el tesoro con la pérdida de solo tres naves rezagadas.
Devereux tuvo que regresar a Inglaterra con sus buques en malas condiciones y con problemas con sus dotaciones.
La Armada zarpó de Ferrol el 19 de octubre con destino a Falmouth (puerto situado en la costa sur de Cornualles, Inglaterra). Como no había tiempo que perder, la flota inglesa estaba en las Azores, zarpó sin esperar la llegada desde Lisboa los refuerzos enviados desde Italia.
El día 19 de octubre estando próximo a las costas de Cornualles, un nuevo temporal le impidió desembarcar. El temporal dañó algunos buques entre ellos la nave almiranta de Diego Brochero. Ante tal situación, Padilla ordenó el final de la jornada y el retorno de la Armada a España. Algunos navíos se refugiaron en Flandes, otros pocos en Bretaña y el resto volvió a la península. Se perdieron tres galeones.
Siete buques consiguieron llegar a Inglaterra a salvo. Desembarcaron 400 hombres que se parapetaron, pero, pasados unos días sin la llegada de refuerzos, decidieron volver y reembarcaron con destino a la península sin incidentes.
La Armada estaba formada por 136 navíos, 24 carabelas con más de 8.600 soldados, 4.000 marineros y 300 caballos.
Las pérdidas fueron escasas. El 21 de noviembre contaban en los puertos españoles 112 barcos sin contabilizar los que habían arribado a las costas de Flandes y de Bretaña.
Después de esta última Armada, la empresa de Inglaterra quedaba aplazada.
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia.
- Cantero Bonilla, Rafael. Las otras armadas contra Inglaterra (1596 y 1597). UNED. Instituto de Historia y Cultura Naval, departamento de Estudios e Investigación. LXVII Jornadas de Historia Marítima.
- Últimos sucesos del reinado. 1597-1598. Instituto de Historia y Cultura Naval.
- San Claudio, Miguel. La Segunda Armada (1596). The Nautical Archaeology Digital Library.






