La endocarditis infecciosa es una enfermedad muy grave que afecta al corazón y cuya mortalidad no ha variado en los últimos 30 años. Un artículo del doctor Juan José Granizo

La endocarditis infecciosa es una enfermedad muy grave cuya mortalidad no ha variado en los últimos 30 años a pesar de los avances en su tratamiento.
La causa de ello es que afecta, cada vez con más frecuencia, a personas muy mayores. Y sin embargo, es una enfermedad cada vez más rara porque se están controlando las causas que la originan.
La endocarditis es una infección que afecta a la capa más interna del corazón denominada endocardio. Está causada por bacterias y rara vez por hongos. El endocardio es una delgada lámina de células, absolutamente vitales para el correcto funcionamiento de las arterias y la sangre.
Para que el endocardio sea invadido por los gérmenes no solo es necesaria su llegada por el torrente sanguíneo: además se necesita que el corazón tenga algún tipo de anomalía estructural para que la infección prospere.
La endocarditis en un corazón previamente sano es rarísima y en la mayoría de los casos el paciente padece un problema valvular, una cardiopatía congénita o está operado de una o varias válvulas cardíacas. La principal causa de enfermedad valvular es la fiebre reumática, que es una enfermedad cada vez más rara.
Solo los adictos a drogas por vía intravenosa tienen un elevado peligro de padecer una endocarditis sobre un corazón “sano”.
Casi siempre se afecta el endocardio de las válvulas cardíacas, lo que acrecienta el problema. En ellas crecen unas lesiones vegetantes formadas por bacterias y tejido inflamatorio que comprometen gravemente el funcionamiento valvular y con ello, la función cardíaca.
Las vegetaciones se pueden romper siendo transportadas por la sangre hasta otros órganos donde provocarán una embolia de material infeccioso, además de obstruir el flujo de sangre cuando impacten en las paredes arteriales.
No parece que las bacterias lleguen al endocardio espontáneamente con facilidad. Lo habitual es que sean arrastradas por una acción médica, como pueden ser intervenciones en los dientes aunque se sospecha que maniobras tan simples como un cepillado en una boca mal cuidada también podrían ocasionarla.
Otras causas son intervenciones en el aparato respiratorio, digestivo o urinario, lo que puede incluir desde una cirugía mayor hasta una endoscopia. Un cateterismo intravascular también puede ser causa de endocarditis.
En el caso de los drogadictos, es la droga contaminada con bacterias e inyectada directamente en la sangre la que ocasiona una infección de una extrema gravedad.
Los síntomas varían según la bacteria, las condiciones del paciente y la válvula afectada. Hablamos de endocarditis aguda cuando el curso de los síntomas es de días o subaguda, si es de semanas.
En la endocarditis subaguda los síntomas son fiebre, escalofríos, sudoración nocturna, malestar general, disminución del apetito, fatiga, debilidad y molestias musculoesqueléticas. Estos síntomas pueden durar varias semanas antes de llegar al diagnóstico.
En la endocarditis aguda los síntomas son muy parecidos a los de la subaguda, pero más graves y concentrados en unos días. También pueden aparecer síntomas de insuficiencia cardíaca debido a la disfunción de la válvula afectada
La embolización a distancia de las vegetaciones puede ocasionar trombosis. Un alto porcentaje de endocarditis presentan embolias cerebrales (del 40 al 60%) o en otros órganos.
El diagnóstico requiere la demostración de las vegetaciones dentro del corazón, lo que se hace con ecografía.
La otra pieza del diagnóstico es el hemocultivo que consiste en la extracción seriada de varias muestras de sangre para su cultivo, lo que consigue identificar la bacteria u hongo responsable de la infección, así como los antibióticos más eficaces para su tratamiento.
El tratamiento tiene tres objetivos: controlar la infección, lo que se consigue con antibióticos a altas dosis; controlar la insuficiencia cardíaca secundaria a la disfunción valvular y prevenir las embolias de material infeccioso mediante la heparina, evitando una excesiva coagulación de la sangre.
En ocasiones puede ser necesaria la cirugía para reemplazar una válvula protésica infectada o una válvula natural que ha sido gravemente lesionada.
Las personas que tengan una afectación cardíaca como las descritas deben extremar la higiene bucal y avisar a su dentista de su condición ya que la cobertura con un antibiótico durante un procedimiento odontológico previene eficazmente la aparición de la endocarditis, aunque no siempre es necesaria (depende del tipo de procedimiento).
El uso de una correcta profilaxis antibiótica y la casi desaparición de las fiebres reumáticas, que es la primera causa de patología valvular han contribuido a que la endocarditis sea una enfermedad cada vez menos frecuente.
Pero su mortalidad sigue siendo alta. En la endocarditis del lado izquierdo del corazón, la mortalidad está en torno al 30 % debido al alto riesgo de embolias a distancia. Aunque algunos pacientes quedan con secuelas de por vida, no es raro que otros se recuperen satisfactoriamente de esta gravísima enfermedad.
Juan J. Granizo, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública






