La osteoporosis es una de esas enfermedades silenciosas que han tomado carácter de epidemia en los últimos años y eso no es baladí. Un artículo del doctor Juan José Granizo

Como si fueran de cristal. De esta frágil naturaleza se vuelven los huesos de las personas que sufren osteoporosis, un mal que no produce síntomas ni señales de alarma hasta el día en que el vidrio de su esqueleto se rompe con un inocente golpe.
La osteoporosis es una de esas enfermedades silenciosas que han tomado carácter de epidemia en los últimos veinte años. Se calcula que en España unos dos millones de mujeres la padecen, además de 800.000 hombres.
Para entender que es la osteoporosis hay que entender como están construidos los huesos.
Nuestros huesos están formados por dos componentes: uno de ellos es fibroso y actúa como las varillas de hierro que refuerzan el hormigón. El otro componente es mineral, fundamentalmente sales de calcio, que son el cemento que sustenta el conjunto.
En la osteoporosis, hay una gran pérdida de esta matriz cálcica a la vez que se deteriora la estructura interna del hueso. El resultado son unos huesos más delgados, menos densos y por ello más frágiles.
Los huesos son estructuras vivas. Siempre están en un lento y constante proceso de remodelación que les permite adaptarse a las cambiantes cargas a las que les podemos someter. Desde la infancia y una vez que finaliza el crecimiento, los huesos “atesoran” calcio hasta los 30 o 35 años, que es cuando se alcanzan los valores más altos de densidad y resistencia.
A partir de ese momento se pierde, de manera natural y fisiológica, esta matriz de calcio. Esa pérdida debilita el hueso y si las cargas superan su capacidad de resistencia, se produce una fractura. Se trata de un proceso normal, pero hay algunas circunstancias que lo aceleran y por eso es importante que esa reserva de calcio depositada en los huesos, parta de un nivel lo más alto posible.
Aunque todo el esqueleto se ve afectado por la osteoporosis, la fragilidad resulta más crítica en tres localizaciones: el cuello femoral (principal causa de las fracturas de cadera en los ancianos), en la parte más cercana a la muñeca del radio y en las vértebras, que son los huesos que más sufren las consecuencias de la osteoporosis.
La osteoporosis, como acabamos de decir, va asociada a la edad que es el factor de riesgo más importante, junto con el sexo. Como es sabido, es mucho más frecuente en mujeres.
Las hormonas sexuales (estrógenos en mujeres y andrógenos en hombres) juegan un papel decisivo en la formación y conservación de la masa mineral de los huesos. Por tanto, una vez llegada la menopausia, la pérdida de hueso en las mujeres se acelera considerablemente.
La extirpación de los ovarios (o la menopausia precoz) aumentan el riesgo de osteoporosis.
Las razas blanca y asiática tienen un riesgo mucho mayor que la negra de padecer osteoporosis ya que la densidad ósea en ellos es considerablemente mayor. También debe haber factores genéticos asociados, ya que tener un familiar de primer grado afectado de osteoporosis aumenta significativamente el riesgo de padecerla.
Las personas muy delgadas y con escasa actividad física también sufren osteoporosis con más frecuencia, ya que sus huesos son más débiles, incluso en su juventud.
Dentro de los malos hábitos de vida, los tres enemigos de los huesos son el alcohol, el tabaco y la falta de ejercicio físico. Y los tres son muy importantes.
El hueso, como cualquier parte del organismo, si se ejercita correctamente, se fortalece. Una actividad física adecuada, especialmente en la infancia y la juventud, contribuyen a tener unos huesos fuertes, acumulando grandes cantidades de calcio. Es muy importante recordar esta idea, por que si desde pequeños vamos depositando calcio cuando llegue la ancianidad los huesos mantendrán por más tiempo su función.
Pero el ejercicio físico es muy importante, tenga la edad que tenga. Los astronautas pierden rápidamente su masa ósea en el espacio debido a que la ingravidez hace innecesarios unos huesos resistentes. Lo mismo les ocurre a las personas que están encamadas mucho tiempo. Es fundamental mantener toda la vida el ejercicio físico para conservar nuestros huesos resistentes.
Hay medicamentos que afectan gravemente a esos depósitos de calcio: los más importantes por su impacto negativo y la frecuencia de su uso son los corticoides.
El consumo de calcio con la alimentación es otro factor importante. La principal fuente de calcio de la dieta es la leche y sus derivados, especialmente los quesos curados. Los frutos secos son otra fuente de calcio natural. Cualquier enfermedad gastrointestinal que afecte a la absorción de calcio aumenta el riesgo de osteoporosis (como la enfermedad de Crohn o la enfermedad celiaca).
La medicación para el tratamiento de la osteoporosis ha demostrado ser eficaz para prevenir las fracturas o aplastamientos vertebrales, y en algunos casos, las de otros huesos como la cadera. Hay varios tipos de tratamiento farmacológico, con diversos mecanismos de acción, incluyendo algunas hormonas, como la calcitonina y los derivados de las hormonas de las paratiroides, unas pequeñas glándulas situadas detrás de la tiroides.
Tiene que ser un médico el que evalúe el tipo de tratamiento que se considera más eficaz en función de la gravedad objetiva de la osteoporosis, que se mide con la densitometría ósea, y el riesgo de fractura, lo que se calcula con escalas validadas.
Juan J. Granizo, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública






