Descansar en vacaciones no es tumbarse en el sofá a ver la tele: Se debe cambiar la rutina para entrar, de manera efímera y temporal, en otro estilo de vida. Un artículo del doctor Juan José Granizo

Cierro esta columna por unas semanas. Aunque me quedan unos días para las vacaciones laborales, me veo en la necesidad de echar el freno.
Por eso, mi último “veneno” de la temporada es para hablar del descanso. De la necesidad que tenemos de cambiar la rutina para entrar, de manera efímera y temporal, en otro estilo de vida.
Iker Jiménez cuenta que cuando ocurre una experiencia ”extraña” – ya me entienden – se tiene la percepción de estar en una burbuja de irrealidad. No comprendí muy bien ese concepto (gracias a Dios) hasta el verano de 2015, cuando el brote de Ebola de África Occidental empezada a rozar a la feliz Europa.
Para los que trabajamos en epidemiología, aquello fue un mal trago. Algún día hablaré de ello, pero creo que todavía no he recuperado suficiente serenidad para hacerlo con objetividad.
El caso es que según se acabó agosto, empezaron mis vacaciones, lo que coincide con el inicio de las fiestas de Pozuelo.
Dejé atrás al Ébola. Por la noche me senté en la plazoleta, me tomé un par de copas y a medianoche me vi dentro de esa burbuja de irrealidad de la que habla Iker Jiménez.
No tiene nada que ver con sucesos paranormales. Lo que les he contado es fruto del estrés. Sencillamente.
A los dos días, el Ébola era como película de ciencia ficción. Estaba físicamente agotado pero emocionalmente era otro.
Las vacaciones deben ser algo diferente. Si el trabajo es físicamente cansado, se debe descansar. Pero si su trabajo es sedentario, es buen momento para hacer ejercicio.
Pero sobre todo debe romper la rutina. No es nada que no supiera la humanidad porque el redactor del Génesis escribió que, ni más ni menos el mismísimo Dios, tras crear el universo en seis días, al séptimo descansó. Milenios después, seguimos haciendo lo mismo.
Ahora llaman “desconectar” a eso de dejar a un lado las preocupaciones cotidianas. Llámenlo como quieran, pero debe encontrar una manera de hacerlo, y en mi opinión, la peor manera de desconectar es aburrirse no haciendo nada.
Decían los antiguos que la ociosidad trae malos pensamientos.
Si tiene alguna actividad de ocio, alguna afición, es buen momento para retomarla, para leer, escuchar música, visitar ese barrio, esa calle o museo que llevaba tiempo queriendo ver, para poner un huerto o cuidar las plantas…
Nuestro cerebro no puede permanecer inactivo, no se desconecta como el teléfono móvil, por eso debe dársele algún “entretenimiento” que le aleje de las rutinas nocivas.
Por cierto, casi todos los estudios el teléfono móvil aparece como una fuente de estrés. Pruebe a dejarlo por ahí escondido.
Si en lo mental, a veces es complicado alcanzar el descanso, en lo físico también debemos aprender a descansar.
No se trata de tumbarse en el sofá a ver la tele.
Habitualmente empleamos las vacaciones en trasnochar, rompiendo los ritmos biológicos del organismo, bebiendo demasiado alcohol en ocasiones y abusando de comidas poco saludables.
El resultado final, es que cuando volvamos al trabajo, posiblemente estemos más cansados que cuando empezamos las vacaciones.
Es muy importante normalizar el sueño: dormir lo suficiente y dormir a horas adecuadas. El 80 % de los españoles dormimos menos de lo recomendado para nuestra edad. Y también lo es hacerlo en su momento adecuado.
La noche se hizo para dormir. Y no le demos más vueltas. En un país donde la hora de máxima audiencia televisiva empieza a las 22:30 de la noche, esto es una utopía.
Pero a esas horas, la mayor parte de los países del mundo están en su primer sueño.
Otra de las cosas importantes es el ejercicio. La mayor parte de nosotros somos sedentarios y nos solemos quejar de que no tenemos tiempo para, por lo menos, dar un paseo de una hora al día. Pues quizás ha llegado el momento de adquirir este saludable hábito.
En fin, tanto si me hacen caso como si no, muchas gracias por aguantarme otra temporada más en esta columna de El Correo de Pozuelo y descansen.
Que tengan ustedes muy felices vacaciones.
Juan J. Granizo, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública






