Visitar a los pacientes ingresados en los hospitales en estas fechas navideñas es una necesidad. Pero sería bueno hacerlo con mesura. Consejos. Un artículo del doctor Juan José Granizo

Recuerdo las navidades de 1974 como una de las más tristes de mi vida.
Aquella Nochebuena la pasé ingresado en una cama de traumatología del Hospital La Paz de Madrid. Era una habitación de siete pacientes donde estábamos ingresados dos niños y cinco adultos. En aquella época, las visitas al hospital se regulaban con una tarjeta que los celadores picaban en la entrada. Dos visitas por cama durante dos horas era lo autorizado.
Si tenías padre, madre, abuelos o hermanos, si trabajaban de tarde o mañana, al sistema sanitario eso no le importaba .
Pero el día de Navidad se levantaban las restricciones. Antes de cenar la habitación era como el metro a las ocho de la mañana. Peor, porque en aquella época se fumaba en los hospitales y era necesario abrir las ventanas para no asfixiarse en un ambiente que recordaba más una taberna cuartelera que al hospital que -todavía- es el orgullo de la sanidad pública española.
A las ocho de la tarde, la supervisora de la planta, Sor María, echó con cajas destempladas a las visitas para alivio de todos los pacientes que estaban tan agobiados como yo con aquella aglomeración.
La sanidad madrileña está mucho mejor que en aquella Navidad de 1974: ya nadie fuma dentro de un hospital y las habitaciones de muchos hospitales son individuales, lo que alivia mucho la carga de las visitas.
No hay restricciones a la hora de acompañar a los pacientes. Es un derecho de todo ciudadano. Es una gran ayuda y consuelo para todos los enfermos, pero sobre todo, para los más dependientes y vulnerables: los niños y ancianos.
A pesar de ello, algunas habitaciones – y los pasillos – siguen sufriendo un exceso de visitas. En esto, nuestra cultura, no ha cambiado.
Pocas cosas son tan penosas como pasar una Navidad en un hospital. Y con buena voluntad nos gusta acompañar a nuestros familiares y amigos en esos días. Los pacientes también lo agradecerán, seguro.
Pero debemos hacer esta visita compatible con las necesidades del enfermo (y las de los otros pacientes que comparten hospital).
Les propongo algunas recomendaciones antes de visitar un centro sanitario, que hago como antiguo paciente y como médico.
Lo primero es que hay que adaptarse a cada caso concreto, ya que algunos pacientes pueden encontrarse relativamente bien y no ser molestados por las visitas. Pero pensemos que la mayoría de los ingresados lo están porque necesitan recuperarse de una enfermedad grave por lo que demandan tranquilidad y descanso.
Si hay varios pacientes en una habitación nunca debe haber más de 2 visitas por paciente. Mantenga un tono de voz adecuado dentro y fuera de las habitaciones.
Si necesita salir de la habitación busque una zona de estar donde no moleste. Recuerde que los sanitarios están trabajando permanentemente. No se quede parado en los pasillos mucho tiempo.
No recomiendo que los niños pequeños (menores de 4 años) visiten a pacientes con problemas respiratorios o inmunidad alterada. La razón es que muchos niños padecen infecciones respiratorias en estas fechas o las están incubando, siendo contagiosos antes de padecer los primeros síntomas.
Aunque estas enfermedades para ellos son casi inofensivas el contagio puede complicar la recuperación de pacientes debilitados.
Muchos pacientes se fatigan rápidamente por lo que una visita corta será mejor tolerada. Respete las horas de descanso de los pacientes, sobre todo a partir de la cena.
Antes de ir al hospital consulte con un familiar cercano la mejor hora con el fin de escalonar las visitas.
Si observa algún cartel de aislamiento en la puerta de la habitación, antes de entrar, pregunte a la enfermería. Los pacientes aislados tienen restringidas las visitas.
Antes de salir del hospital lávese las manos con agua y jabón. En casi todos los hospitales de Madrid hay dispensadores de alcohol para realizar la higiene de manos antes de salir de la habitación. Utilícelos, ya que previenen la transmisión de bacterias y virus.
Una última recomendación y la más importante: visite a sus familiares y a sus seres queridos. No pierda la oportunidad. Aunque sea solo un ratito, no es necesario, ni quizás conveniente que vayamos todos el día de Navidad, pero organícese para darles una palabra de aliento.
Ni se imaginan con cuanta gratitud recuerdo a los que me visitaron aquellos tristes días.
Juan J. Granizo, Doctor en Medicina, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública






