Caídos con honor por España en la Batalla Naval de Santiago de Cuba, bajo el mando del almirante Cervera, y que significó la derrota y pérdida de la últimas colonias en el mar Caribe

La batalla que determinó la pérdida de las últimas colonias españolas en el mar Caribe y en el océano Pacífico fue la Batalla Naval de Santiago de Cuba, ocurrida el día 3 de julio de 1898, que significó la derrota y destrucción de la Escuadra de Instrucción que mandaba el contralmirante Pascual Cervera Topete.
La Escuadra de Instrucción fue enviada al mar Caribe y adoptó el nombre de Escuadra de Operaciones de las Antillas. Estaba mandada por el contralmirante Cervera, con el capitán de navío José María Paredes Chacón como segundo jefe y como jefe de Estado Mayor el capitán de navío Joaquín Bustamante Quevedo. Estaba compuesta por los navíos: acorazado Infanta María Teresa, buque insignia del Almirante, mandado por el capitán de navío Víctor Conca Palau; acorazado Almirante Oquendo mandado por el capitán de navío Juan Bautista Lazaga Garay; acorazado Vizcaya mandado por el capitán de navío Antonio Eulate Fery; el crucero acorazado Cristóbal Colón mandado por el capitán de navío Emilio Díaz Moeru y la Primera División de Destructores mandada por el capitán de navío Fernando Villaamil y Fernández Cueto que se componía de los destructores Furor, insignia de Villaamil, mandado por el teniente de navío Diego Carlier Vázquez, Terror mandado por el teniente de navío Francisco de la Rocha Pérez y el Plutón al mando del teniente de navío Pedro Vázquez y Pérez de Vargas.
Los acorazados Infanta María Teresa, Vizcaya y Almirante Oquendo eran gemelos.
En la batalla participaron todos los anteriores navíos excepto el Terror, que descolgado de la flota por avería, recaló en San Juan de Puerto Rico donde combatió el bloqueo norteamericano de esa ciudad, fue el único buque de la Escuadra de Operaciones de las Antillas que volvió a España.
La escuadra llegó a Santiago de Cuba el día 19 de mayo de 1898 y el día 23 fue bloqueada por le flota norteamericana del almirante William T. Sampson.
El Capitán General de Cuba, el general Ramón Blanco Erenas, recibió órdenes terminantes del Gobierno para que la flota saliera de la bahía de Santiago ante el riesgo de que cayera intacta en poder del enemigo al rendirse la plaza de Santiago. Este transmitió las ordenes al almirante Cervera quien, conociendo de antemano el resultado de la batalla dada la diferencia de potencia entra las dos escuadras, ordenó la salida de esta, partida que se produjo el domingo día 3 de julio de 1898.
Como la boca de la bahía era muy estrecha, además, había sido reducido el canal de salida por el casco del buque norteamericano Merrimac echado a pique en él, la salida de los buques españoles de la bahía tenía que hacerse de uno en uno lo que significaba que tenían que enfrentarse solos a toda la escuadra enemiga.
La salida de la bahía estaba bloqueada por un arco de navíos enemigos formado por los acorazados Indiana, Oregón, Iowa y Texas, el crucero acorazado Brooklyn junto a los cruceros auxiliares (buques mercantes y yates armados) Gloucester, Resolute y Vixen.
El plan era salir de Santiago e intentar llegar al puerto de La Habana. El primer buque en salir sería el Infanta María Teresa con el almirante Cervera y su Estado Mayor para que el fuego de los buques enemigos se centrara en él y así darles una oportunidad de escapar al resto de la escuadra, el orden de salida sería: después del Infanta María Teresa iría el Vizcaya como navío de menor andar, el Cristóbal Colón, el Almirante Oquendo y los destructores. Todos deberían desentenderse del Infanta María Terea, navegar hacia el Oeste, para buscar el puerto de La Habana, lo más cerca posible de la costa para, en caso de no poder vencer la superioridad del enemigo, varar en la costa antes de rendirse. El plan, además de ser suicida dada la potencia de fuego de ambas armadas, tenía graves fallos, todos los buques tenían que seguir la misma derrota y se salía a plena luz del día lo que facilitaba la caza de las naves españoles por los norteamericanos. Los problemas de abastecimiento de carbón que habían tenido en su desplazamiento desde España a las Antillas hacían que una parte importante del combustible fuera carbón de muy mala calidad, con poco poder calorífico, lo que disminuía la potencia de las calderas y por tanto la velocidad de cada navío.
Al ser el primero en salir, el Infanta María Teresa tuvo que enfrentarse solo al fuego de los cuatro acorazados enemigos y del crucero acorazado. Sufrió dos impactos de cañón de calibre de 305 mm desde el Iowa, además de múltiples impactos de menor calibre. Intentó abordar al buque insignia del comodoro Schley pero no lo logró debido a la diferencia de velocidad entre ambos buques, al quedar fuera de combate en los primeros momento su comandante, capitán de navío Concas, tomo el mando el almirante Cervera quien, debido a los daños e incendios que sufría el buque, no tuvo más remedio que ordenar encallar el buque justo unas pocas millas al oeste de la entrada de la bahía de Santiago, en una playa al Oeste de Punta Galera, como una hora después de iniciar el combate, para permitir que su tripulación se salvara. Intentó arriar el pabellón español, pero no fue posible porque uno de los incendios lo destruyó con sus llamas. Abiertos los grifos, se ordenó abandonar el buque y salvar al resto de la tripulación. La tripulación del buque era de 568 hombres, incluido el Almirante Cervera y su Estado Mayor. Los muertos fueron: 2 antes del combate, 78 durante el mismo, 4 a bordo del buque norteamericano Harvard y tres durante la estancia en EE. UU. estando prisioneros.
El Vizcaya fue el segundo en salir, dos minutos después del navío insignia. Dispara sus baterías de babor y es alcanzado por los cañones del Brooklyn, Oregón y Texas. Fue alcanzado por cuatro disparos de calibre 203 mm, 9 de calibre medio y 12 de calibre ligero. Desde los primeros momentos empezó a tener considerables bajas y averías hasta el punto de no tener suficiente gente para servir a las piezas y atender a la extinción de los incendios y averías. Después de más de dos horas de combate, acribillado por los proyectiles enemigos, desmontada sus baterías, herido su comandante por la explosión de una granada ,fuera de combate la mayor parte de la dotación, con fuego a bordo que no podía ser atacado por tener destrozada la tubería contraincendios, el comandante, Antonio Eulate, decidió varar embarrancando en las rocas cerca del Aserradero, a unas 18 millas al Oeste del puerto de Santiago después de intentar embestir al Brooklyn sin conseguirlo. La bandera del navío, arriada y quemada fue sustituida por otra.
Tan pronto embarrancó se iniciaron los trabajos para tratar de salvar la tripulación pues había serio peligro de que el buque volara al no poder contralarse los incendios de este, pasando los supervivientes al Iowa y otros buques de la escuadra americana. Cuando el comandante Eulate fue llevado herido al Iowa, mirando su navío ardiendo, levantando la mano exclamo: “Adiós, Vizcaya” e inmediatamente el compartimento delantero de crucero estalló al explotar sus pañoles de municiones. El comandante español entregó su espada al comandante del Iowa, quien rechazó la entrega del arma y destacó en su informe el valor de la tripulación española. La tripulación del buque era de 498 hombres. Los muertos fueron: 68 durante el combate y 8 durante la estancia en EE. UU. estando prisioneros.
El tercer buque en salir fue el Cristóbal Colon, siguió la estela del Vizcaya como se le había ordenado. Era el navío más moderno de la escuadra española y el mejor protegido, era el único barco que podía ponerse a salvo por ser el más rápido de ambas flotas, pero no tenía instalada la artillería gruesa por lo que su capacidad de dañar a los buques enemigos estaba disminuida. Salió batiéndose primero con el Iowa y sucesivamente con el Oregón, Texas y Brooklyn. Alcanzado por gran número de proyectiles enemigos, su coraza impidió que se produjeran daños en el buque, solo dos proyectiles impactaron produciendo daños, uno de ellos penetró por el sector no protegido produciendo un incendio que fue fácilmente dominado y el otro impacto en a porta de la batería de proa poniendo fuera de combate a los servidores, excepto uno de ellos, e impidiendo el uso de la pieza. Considerando su mayor velocidad rebasó la línea de los buques enemigos, continúo batiéndose y navegando hacia el Oeste siguiendo la derrota planificada, alejándose de los perseguidores hasta que consumió todo el carbón de buna calidad, tuvo que usar el carbón de baja calidad con la consiguiente bajada de presión en las calderas y de velocidad del buque, hasta el punto de que sobre las doce de la mañana volvió a estar a tiro del Brooklyn y comenzó de nuevo el combate. Al combate acudió el resto de la escuadra norteamericana, ya habían sido derrotados todos los buques españoles, por lo que, ante el riesgo de ser apresado por el enemigo, el comandante Díaz, de acuerdo con el 2º jefe de la escuadra que enarbolaba su insignia en el buque, decidió embarrancar y perder el navío par no sacrificar inútilmente a su tripulación, en consecuencias puso proa al rio Tarquino, embarrancando en sus inmediaciones a las dos de la tarde a unos 90 km de la entrada a la bahía de Santiago. Se ordenó inundar el buque abriendo todas las válvulas, arriando el pabellón y descargando toda la artillería. La tripulación superviviente fue recatada por los botes de los norteamericanos, quedando todos ellos prisioneros en el Brooklyn. El Cristóbal Colón, de hecho, quedó prácticamente indemne, fue intentado recuperara por los norteamericanos, pero, sus intentos, resultaron baldíos y el buque zozobró en la noche del día del combate. La tripulación del buque era de 527 hombres. Los muertos fueron: durante el combate 7 hombres, 4 a bordo del buque norteamericano Harvard y 10 durante la estancia en EE. UU. estando prisioneros.
El último de los acorazados españoles en salir fue el Almirante Oquendo, treinta minutos después del Infanta María Teresa. Se puede considerar que el Oquendo quedó destruido al desembocar el canal de salida de la bahía. La artillería de grueso calibre de los buques enemigos estaba recargada, y, nada más asomar por el canal, el navío español recibió una andanada cerrada al mismo tiempo que iniciaba su fuego. Momentos después el buque se encontraba averiado, con la mayor parte de su tripulación muerta, inutilizada su artillería, preso de múltiples incendios, con los comandantes de las torres de proa y popa muertos, tenientes de navíos Rodríguez Bárcena y Polanco, y con un grave incendio en la cámara de torpedo que, incapaz de ser dominado, acabó extendiéndose por todo el buque, con los ascensores de munición estropeados y solo dos cañones disparando cuya munición tenía que ser transportada a mano, y con riesgos de que los incendios alcanzaran los pañoles de municiones y el buque volara. En estas condiciones, el comandante Lazaga ordenó embarrancar el navío antes de que cayera en manos del enemigo. El Oquendo embarranco a unas doce millas del puerto y a unas dos millas al Oeste del Infanta María Teresa, pasados unos 15 minutos después de su salida del canal de la bahía. Antes de varar disparó sus torpedos de popa para evitar ser abordado por el enemigo y empezó el salvamento de los supervivientes, salvamento muy dificultoso por falta de embarcaciones menores y que hizo que la mayor parte de los supervivientes tuvieran que hacerlo a nado. La bandera fue destruida por el fuego. El comandante Lazaga, último en abandonar el buque, cayó muerto en la cubierta del buque. La tripulación del Almirante Oquendo era de 498 hombres. Los muertos fueron: durante el combate 95 hombres, 12 a bordo del buque norteamericano Harvard y 19 durante la estancia en EE. UU. estando prisioneros.
Los dos destructores, Furor y Plutón, salieron a continuación. La salida la encabezaba el Furor donde mostraba su insignia de jefe de la 1ª División de Destructores el capitán de navío Villaamil. Ambos buques empezaron a recibir el fuego enemigo antes de salir del canal, una vez fuera de este, Villaamil ordeno abrir fuego y dirigirse hacia el Oeste siguiendo las órdenes recibidas. El intenso fuego enemigo enseguida empezó a producir graves daños en el buque español, se le inunda la popa, destruidas las calderas y roto el servomotor, el comandante Carlier herido por una granada que alcanza el puente, la tripulación fuera de combate, el capitán de navío Villaamil ordena arriar la bandera y abandonar el buque para salvar a los pocos supervivientes que quedaban de la dotación. Poco después de ordenar la evacuación, el capitán de navío Villaamil es muerto por una granada. Salvados algunos supervivientes por un buque enemigo, otros se salvaron a nado, estando en la operación de recogida de los náufragos, el Furor explotó yéndose a pique a una milla de tierra. La tripulación del buque era de 65 hombres. Los muertos fueron: 16 durante el combate y 1 durante la estancia en EE. UU. estando prisioneros.
Detrás del Furor navegaba el Plutón que sufrió la misma suerte. Rompió el fuego al mismo tiempo y fue respondido con una lluvia de proyectiles enemigos. Atravesado por los proyectiles, inundado su sollado, con las calderas de proa inutilizadas por el impacto de un proyectil enemigo, incendiado, con su comandante herido, perdido el gobierno, el buque no podía seguir navegando, se sumergía por momentos, en estas circunstancias el comandante Vázquez decidió embarrancarlo en una playa cercana, pero, sin control por tener averiado el servo motor, acabó estrellado contra unas rocas destrozando completamente la proa y, tras una fuerte explosión, quedó sumergido hasta la cubierta. La tripulación pudo salvarse con más facilidad al servir las rocas contra las que chocó como puente. La tripulación del Plutón era de 76 hombres. Los muertos fueron: 1 antes del combate, 16 durante el mismo 1 durante la estancia en EE. UU. estando prisioneros.
La escuadra tenía una dotación de 2.232 hombres de los cuales murieron un total de 343, 282 en combate, 20 en el Harvard y 41 durante la estancia en EE. UU. estando prisioneros.
El día 22 de septiembre de 1898, en el buque City of Rome, desembarcaron en Santander de regreso a España los supervivientes de la Escuadra de las Antillas que habían sido prisioneros de la armada norteamericana, eran un total de 78 jefes y oficiales y 1754 marinos. La lista de supervivientes la encabezaba el vicealmirante Cervera, seguido por su 2º en el mando, el capitán de navío José María Paredes Chacón y los comandantes de los acorazados Infanta María Teresa, capitán de navío Víctor Concas, Vizcaya, capitán de navío Antonio Eulate, y destructor Plutón, teniente de navío Pedro Vázquez, y Furor, teniente de navío Diego Carlier Velázquez.
Entre los muertos de la Escuadra de Operaciones de las Antillas, considerando los caídos en los combates de El Caney de los días 1 y 2 de julio, en el combate naval del día 3 y en los hospitales y prisiones de EE. UU. tenemos:
Combates para la recuperación de El Caney durante los días 1 y 2 de julio.
- Capitán de navío Joaquín Bustamante Quevedo. Muerto en combate. Condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando.
Crucero Infanta María Teresa.
- Marinero Antonio Dopico Basco. Muerto en combate
- Torpedista Nicolás Bonet Nadal. Desaparecido
Crucero Vizcaya.
- Teniente de navío José María Ristori Torres
- Teniente de navío José María Julián Ristori Torres
- Guardiamarina Enrique Chereguini Buitrago
- Practicante Santiago Pozo Pos
- Marinero Antonio Barcia Crespo
- Marinero Ramón Romero Dosil
- Marinero Anselmo Alsasua Zuloaga
- Infante de Marina Baldomero Fernández Parapar
- Infante de Marian José Tejera Fernández
Acorazado Cristóbal Colón.
- Artillero Francisco Martínez López
- Marinero Celestino López Méndez
- Marinero Daniel Hormaechea Naverán
- Marinero Ciriaco Ochoa Bringas
- Marinero José M. Berdiñas Abruñedo
- Marinero Manuel Leiras Bonome
- Marinero Antonio Fernández Grande
- Marinero Indalecio Rivas Fernández
- Infante de Marina Manual Carrión Casado
Acorazado Oquendo.
- Capitán de navío Juan Bautista Lazaga Garay. Condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando (R.O. de 20 de febrero 1900, B.O.M.M n.º 22 de 22 de febrero de 1900).
- Teniente de navío Rodríguez Bárcena
- Teniente de navío Polanco.
- Teniente de navío Joaquín Mato Jiménez
- Condestable Manuel Rodríguez Barrios
- Fogonero Agustín Vales Couce
- Artillero Isidro Beceiro Rodríguez
- Fogonero Francisco Díaz Ferreiro
- Fogonero José Veiga Seoane
- Marinero José Bermúdez Outeiral
- Marinero Jacinto Suarez Ventura
- Marinero Marcelino Coello Fernández
- Marinero José Vilar Toimil
- Marinero Francisco Núñez Chapela
- Marinero Miguel Lloret Pérez
- Marinero Fernando Lago Martínez
- Marinero José Rivas Chapela
- Marinero Domingo Solano Calleja
- Marinero Juan Pérez Salvador
Destructor Furor.
- Capitán de navío Fernando Villaamil Fernández Cueto. Condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando. Su cuerpo no se encontró
Destructor Plutón.
- Marinero José Alvariño Gabeira
Otros:
Fogonero Salvador García Marchante
Además, fueron condecorados con la Cruz Laureada de San Fernando el teniente de navío Diego Carlier Velázquez, comandante del destructor Furor y el cabo de mar del crucero Vizcaya Manuel Sánchez Fernández
Joaquín de la Santa Cinta, Ingeniero aeronáutico, economista e historiador
Para saber más:
- El Imparcial de los días 5,6 y 7 de julio y 22y 23 de septiembre de 1898.
- Los Marinos Isleños del 98. (Una contribución al sacrificio). Manual E. Baturones Santiago.
- O. del Ministerio de Marina de 22 de febrero de 1900
- Revista de Historia Naval n.º 63






