Presidentes del Gobierno de España durante la regencia de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (VII): Joaquín Baldomero Fernández Espartero

Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro, manchego nacido en Granátula de Calatrava (Ciudad Real) en 1793 y murió a los 86 años en Logroño, en 1879.
Militar liberal, ascendió a Capitán General desde soldado por méritos de guerra. Combatiente en la guerra de la independencia, en las colonias Americanas hasta la derrota de Ayacucho. A su vuelta a la Península, en la Primera Guerra Civil Carlista, obtuvo los títulos de Príncipe de Vergara, Duque de la Victoria, Duque de Morella, Conde de Luchana y Vizconde de Banderas, todos ellos en recompensa por sus acciones en el campo de batalla. El ejército cristino bajo su dirección consiguió la victoria final. Extremadamente duro con la disciplina.
Virrey de Navarra, Regente durante la minoría de edad de Isabel II, Presidente del Consejo de Ministros tres veces, dos nombrado por la Reina Regente y otra por Isabel II, y Ministro de la Guerra en varias ocasiones. Rechazó la Corona de España, tratado como una leyenda paso desapercibido los últimos veintiocho años de su vida en Logroño.
María Cristina lo nombró Jefe del Consejo de Ministros pero tardó unos días en contestar y su respuesta fue negativa aunque posteriormente aceptó y fue nombrado el 18 de agosto de 1837. Su mandato fue muy breve, solo duró dos meses, hasta el 18 de octubre del mismo año, cuando fue sustituido por Eusebio Bardají Azara.
El primer problema que se encontró fue la presencia, en las afueras de Madrid, de la Expedición Real carlista que Espartero venía persiguiendo desde el País Vasco. En ese momento la defensa de Madrid estaba formado por muy pocas tropas, el ejército carlista la superaba en una proporción mayor de 5 a 1.
El día 12 de septiembre, el ataque a Madrid estaba preparado por el ejército carlista, pero inexplicablemente Don Carlos no atacó en Madrid en los siguientes tres días.
Don Carlos decidió no entrar en Madrid y volverse a Navarra. La retirada fue un fracaso y significó el comienzo de la crisis y el retroceso definitivo del bando carlista.
La expedición real también tuvo consecuencias en el bando cristino, ambos bandos supieron que no iban a vencer militarmente al otro.
Por ley de 26 de agosto de 1837 de disolución de señoríos se procedió a la entrega definitiva de las tierras de señoríos a los señores. Se hacían propietarios a los antiguos señores creándose una sociedad burguesa partiendo de la sociedad señorial anterior, condicionando a los nuevos burgueses a apoyar a Isabel II.
La ley liberaba a los señores de la obligación de presentar títulos de propiedad, que obviamente no tenían. Esto favorecía a los señores, eran los que votaban y tenían decisiones en temas económicos, y , por el contrario, perjudicaba a los campesinos.
Fue una medida para atraerse a la nobleza carlista que se apresuró a cambiar de bando declarándose liberales isabelinos. Las consecuencias de la ley fue la venta de tierras de los nuevos propietarios a los grandes arrendatarios que, a su vez, la revendieron en pequeños lotes a los campesinos una vez las hubieron esquilmadas de riquezas naturales como la madera y la caza. Los nuevos contratos de arrendamiento eran distintos a los anteriores, ahora se hacían a corto plazo.
Constitución de 1837 no se aplicaba en las colonias que eran gobernadas por leyes especiales, Espartero decidió que el Gobernador tendría poder para decidir que leyes deberían cumplirse, además de cumplir las leyes españolas. Esto convirtió al Gobernador en un señor absoluto sin un control real sobre sus decisiones.
Se celebraron nuevas elecciones generales el 22 de septiembre de acuerdo a la Ley Electoral aprobada por el Gobierno de Calatrava el 18 de julio de 1837. Se elegía por sufragio directo censitario un diputado cada 50.000 electores y tenía derecho a ser elegido cualquier español que disfrutara de unas determinadas condiciones económicas.
Había que elegir 241 Diputados titulares, 134 Diputados Suplentes y 432 candidatos a Senadores para formar las ternas entre las cuales la Reina regente elegiría a los 144 Senadores.
Las elecciones las ganaron los moderados por 160 a 60 Diputados, lo que constituyó una sorpresa que nadie esperaba. Los progresistas eran menos de los que ellos se creían y solo representaban a una minoría.
Con el triunfo de los moderados reaparecieron por el Congreso todos los viejos líderes del partido como Martínez de la Rosa, Isturíz, Toreno, etc., rodeados de una serie de personajes más jóvenes que protagonizarían el futuro del partido entre los que se encontraban Donoso Cortés, Narváez, Bravo Murillo, etc.
Espartero quedó muy decepcionado por el resultado, dimitió, recomendó a Bardají como su sucesor y marchó al norte a continuar la guerra.
Con su dimisión se terminó la segunda etapa de gobiernos progresistas durante la Regencia de María Cristina.
Los militares habían sido protagonistas a lo largo de lo que llevábamos de siglo, pero éste protagonismo se acentuó con la guerra carlista, pasaron a considerarse imprescindibles en política por encima de cualquier otro partido o circunstancia. Ésta situación se mantuvo durante más de un siglo, prácticamente hasta la Constitución de 1978.
Joaquín de la Santa Cinta. Ingeniero aeronáutico, economista e historiador






