Las tres primeras diputadas a Cortes de España: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken. Las tres fueron elegidas en 1931 y las tres lucharon por los derechos de la mujer

Las tres primeras diputadas a Cortes Española son: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken. Las tres fueron elegidas en las elecciones de 1931 de acuerdo con la Ley electoral de 1890 por la que el sufragio estaba restringido a los hombres (sufragio activo) pero que permitía a las mujeres presentarse como candidatas (sufragio pasivo). Tres luchadoras por los derechos de las mujeres.
En las tres legislatura que tuvo la II República Española hubo un total de nueve mujeres distintas distribuidas así: tres en la primera (Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken), otras cuatro en la segunda (Venerada Manzano, María Lejárraga, Francisca Bohigas y Matilde de la Torre) y otras dos en la tercera y última (Julia Álvarez y Dolores Ibárruri). Repitieron legislatura: Victoria Kent que volvió a ser elegida por Jaén en 1936, Matilde de la Torre obtuvo escaño en las elecciones de 1933 y 1936 y Margarita Nelken que fue diputada en las tres legislaturas por Badajoz.
Las tres primeras diputadas a las Cortes Constituyentes fueron: Clara Campoamor y Victoria Kent, ambas elegidas el 18 de junio de 1931 por la circunscripción de Madrid, y Margarita Nelken elegida el 4 de octubre en una elección parcial, para entonces ya se había aprobado el artículo de la Constitución que recogía el sufragio activo femenino.
La elección parcial se produjo como consecuencias de haber sido elegido Melquiades Álvarez en dos circunscripciones al mismo tiempo.
Las tres fueron representantes de partidos de izquierda: Clara del Partido Republicano Radical (PRR), Victoria por el Partido Republicano Radical Socialista (PRRS) y Margarita por el Partido Socialista (PSOE).
Las tres fueron grandes defensoras de los derechos de las mujeres, no obstante, mantenían criterios opuestos sobre si era el momento oportuno para incluir el sufragio activo femenino en la Constitución Española de 1931.
La promotora del sufragio fue Clara Campoamor que formó parte de la comisión que redactó la constitución, la otra diputada, Victoria Kent se opuso.
Ambas, con un impresionante historial como activistas por los derechos de las mujeres, tenían ideas opuestas, no sobre la capacidad de las mujeres para votar ni por su falta de preparación política para hacerlo, sino por cuestión de oportunidad política. Victoria y, más tarde Margarita, consideraban que muchas mujeres estaban sometidas a la influencia de la Iglesia y que, en consecuencias, darían su voto a los partidos conservadores, hostiles a la República.
Finalmente, el voto femenino fue aprobado el día 1º de octubre de 1931 por 161 votos a favor, 121 en contra y 188 abstenciones. El derecho al sufragio femenino quedó recogido en el artículo 36 de la Constitución en los siguientes términos:
“Artículo 36. Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes”.
Esta es la historia de estas tres primeras diputadas a Cortes:
Clara Campoamor Rodríguez, funcionaria del Cuerpo de Correos y Telégrafos del Ministerio de Gobernación, profesora especial de taquigrafía y mecanografía del Ministerio de Instrucción Pública, abogada, escritora y política defensora de los derechos de las mujeres, nació en Madrid en 1888 en el barrio de Maravillas.
Fue bautizada con los nombres de Carmen Eulalia, pero ella decidió adoptar el nombre de su abuela: Clara.
Su padre, Manuel Campoamor era natural de Santoña (Cantabria) y trabajaba como contable en un período madrileño; su madre, Pilar Rodríguez era madrileña y su trabajo era de modista. El matrimonio tuvo tres hijos, dos chicos y Clara.
Debido a la muerte de su padre y de su hermano mayor, Clara, con trece años, se vio obligada a dejar sus estudios y a trabajar para contribuir al mantenimiento de la familia. Inicialmente, trabajó de modista con su madre, pasando, más tarde, a trabajar como dependienta de comercio.
En 1909 obtuvo por oposición la plaza del Cuerpo Auxiliar de Telégrafos y es destinada a Zaragoza y a San Sebastián. Cinco años más tarde se vuelva a presentar a otra oposición para profesora en el Ministerio de Instrucción Pública, ganó la plaza con el número uno y fue destinada a Madrid.
En 1920, Clara inició los estudios de Bachillerato, obtuvo el título y se matriculó en la Facultad Derecho, consiguiendo licenciarse por la Universidad Central de Madrid en 1924, entrando a formar parte del pequeño grupo de abogadas españolas del momento. Ese mismo año, pocos meses antes de licenciarse, se incorporó a la Academia de Jurisprudencia.
Decidida a ejercer su profesión, se incorporó al Colegio de Abogados de Madrid en 1925, fue la segunda mujer en incorporarse al colegio, un mes más tarde de la incorporación de la primera, Victoria Kent. También perteneció a los Colegios de Sevilla y San Sebastián.
Su entrada en la profesión fue el comienzo de sus actividades políticas, convirtiéndose en una activista defensora de los derechos de las mujeres.
Durante la dictadura de Primeo de Rivera, Clara siguió defendiendo los derechos de las mujeres desde la Asociación Femenina Universitaria y la academia de Jurisprudencia, dando múltiples conferencias en defensa de sus ideas.
Defendió a los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández, los sublevados en Jaca contra la Monarquía y a la trama civil que los apoyaba, entre estos último estaba su hermano Ignacio.
La recién proclamación de la Republica convocó elecciones Constituyentes encargadas de redactar la Nueva Constitución. Se celebraron el 28 de junio de 1931 y, por la circunscripción de Madrid, salieron elegidas las dos primeras diputadas a Cortes de la Historia de España, estas fueron: Clara Campoamor por el Partido Radical y Victoria Kent por el Partido Radical Socialistas; a ellas se unió, unos meses más tarde, Margarita Nelken por el PSOE.
Las tres eran fervientes defensoras de los derechos de las mujeres entre los que se encontraba el sufragio femenino, pero no todas pensaban igual, Clara era firme defensora del sufragio femenino de forma inmediata, pero las otras dos defendía su aplazamiento por oportunidad política.
Clara, miembro de la Comisión de las Cortes encargada de redactar la Constitución, defendió en solitario la propuesta de la Comisión en un discurso memorable que consiguió que el pleno de las Cortes aprobara, el 1º de octubre, el artículo 36 de la Constitución declarando la igualdad de derechos electorales en ambos sexos.
Resultado que hubo que defender, nuevamente, en una segunda y definitiva votación el 1º de diciembre donde, por solo cuatro votos de diferencia, se hizo realidad en España el sufragio femenino.
En la siguiente elecciones a Cortes, 1933, Clara, igual que Victoria, no consiguieron renovar sus escaños, solo lo mantuvo Margarita que volvió a ser elegida diputada por Badajoz.
Un año más tarde, Clara abandonó el Partido Radical desengañada por la política que el partido llevaba a cabo.
Trató de afiliarse al partido de Izquierda Republicana y al Frente popular, pero ambos grupos la rechazaron.
Poco después de estallar la Guerra Civil, a finales de agosto de 1936, Clara se exilió en Ginebra. Posteriormente, en 1938, de traslado a Buenos Aires donde vivió hasta realizando trabajos de divulgación cultural, haciendo traducciones y dando conferencia.
En 1955 se trasladó a Lausana (Suiza) donde trabajó en un bufete de abogados hasta que perdió vista y se quedó casi ciega. Murió de cáncer en esta última ciudad a final de abril de 1972. Cumpliendo sus deseos, sus restos fueron incinerados y trasladados para ser entierrados al cementerio de Polloe de San Sebastián.
Durante su exilio intentó regresara a España, pero estaba procesada por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, por lo que desistió de su intento.
Su labor fue olvidada durante el gobierno del general Franco, solo después de la Transición, fue reconocido y valorado.
Victoria Kent Siano, abogada y política, nació en Málaga en 1892. Sus padres: Juan Ken Román, comerciante de tejidos de ascendencia inglesa; su madre, María Siano González. Era la cuarta entre siete hermanos. Usó siempre el apellido Kent, una variante del apellido paterno, por la procedencia de sus ascendientes del condado de Kent en Inglaterra.
En su ciudad natal estudió Magisterio en la Escuela Normal. Se trasladó a Madrid en 1917 para estudiar Bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros, instalándose en la Residencias de Señoritas de Madrid, una institución vinculada a la Institución Libre de Enseñanza y dirigida por otra de las grandes mujeres españolas olvidadas, la pedagoga, conferenciante, maestra y feminista María de Maeztu.
En 1920 ingresa en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid, cursa la carrera como alumna no oficial. En el año de su matriculación había en España 345 mujeres estudiando en las Universidades españolas frente a unos 22.000 hombre.
Se licencia en 1924, colegiándose en enero del año siguiente en el Colegio de Abogados de Madrid. Es la primera asociada al colegio en Madrid y la segunda en España, solo precedida por la licenciada en Derecho y primera colegiada de España, Ascensión Chirivella Marín, quien se colegió dos años antes en el Colegio de Abogados de Valencia.
En 1931 defendería a Claudio Sánchez Albornoz ante un el Tribunal Supremo de Guerra y Marina como consecuencia del fracaso de la Sublevación de Jaca, convirtiéndose en la primera mujer en el mundo en defender a un acusado ante un Tribunal Militar. Consiguió la absolución de su defendido. Sánchez Albornoz era miembro del Comité Revolucionario Republicano.
Ese mismo año fue elegida miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y, dos años más tardes, de la asociación de Leyes Penales de Ginebra.
Se afilió al Partido Republicano Radical Socialista (PPRS), se presentó a las elecciones de junio de 1931 saliendo diputada a Cortes Constituyentes por Madrid, junto a Clara Campoamor.
En mayo de 1931, el gobierno provisional de la República presidido por Alcalá – Zamora la nombró Directora General de Prisiones. Permaneció en el cargo poco tiempo, unos catorce meses, dimitiendo en junio de 1932 tras una campaña de prensa como consecuencias de huelgas de hambre y fugas en algunas cárceles españolas.
Para Victoria consideró la dirección de prisiones como la tarea más importante de su vida. Durante su ejercicio, siguiendo la labor de Concepción Arenal, logró reformas que afectaban a: la vida de los reclusos, la libertad de culto, la ampliación de los permisos por causas familiares; además, creó el cuerpo femenino de funcionarias de prisiones, prohibió el uso de grilletes y cadenas, cerró 114 cárceles inmundas en pequeños pueblos por sus pésimas condiciones y ordenó construir la Cárcel de Mujeres de Ventas en Madrid. Su trabajo le dio una enorme popularidad.
Su participación en el Congreso fue escasa, su trabajo como directora de prisiones le mantenía apartada del hemiciclo, no obstante, fue extraordinario el enfrentamiento dialectico con Clara Campoamor por el sufragio femenino. Cuando esta ponencia fue tratada en el pleno del Congreso, las únicas mujeres diputadas, ambas de izquierda y defensoras de los derechos femeninos, se enfrentaron, no por el derecho al sufragio universal, sino por la oportunidad política de su aprobación.
Para Victoria el momento elegido para la aprobación del sufragio universal no era el adecuado. Pensaba que la admisión de este derecho supondría un desastre que impediría la consolidación de la República. En su opinión, las mujeres estaban bajo el dominio del clero, de sus padres o sus maridos, carecían de libertad de conciencia, de preparación social y política para votar responsablemente y en consecuencias votarían en masa a las fuerzas conservadoras.
Por otra parte, Clara opinaba que sufrían las consecuencias de las leyes, pagaban sus impuestos y no era justo que, en aras de una influencia de sus padres, esposos o la Iglesia, se las dejara el estado en el que se encontraban sin darles oportunidad de luchar por sus derechos y votar en igualdad como todos los seres humanos. Opinaba que el conocimiento de la política se conseguía con la práctica.
El debate le restó popularidad y no salió elegida en las siguientes elecciones generales en 1933.
Volvió a ser elegida por la provincia de Jaén, por el Frente Popular, en las elecciones de febrero de 1936.
Colaboró con el gobierno de la Republica quien, en 1937, la nombró secretaria de la embajada de España en París encargada de los refugiados. Después de terminar la Guerra Civil continuó con esta labor hasta que la ocupación de Francia por el ejército alemán la obligó a refugiarse en la embajada Mejicana.
Juzgada en rebeldía por el Tribunal contra la Masonería y el Comunismo, fue condena a 30 años de prisión con las penas accesorias de inhabilitación absoluta y expulsión del territorio nacional.
En 1948 se exilió en Méjico, trabajó en la Naciones Unidas, ministra sin cartera del gobierno de la Segunda República en el exilio, fue la segunda mujer ministra tras Federica Montseny.
En 1977 volvió a España, regresando poco después a Nueva York donde murió en septiembre de 1987.
Margarita Nelken Mansberger, escritora, crítica de arte y política, nació en Madrid en 1894. Sus padres, un joyero español y una francesa, ambos judíos, poseía una relojería en la Puerta del Sol. Su abuelo materno fue relojero del Palacio Real. Su hermana mayor, Carmen Eva Nelken, también fue escritora y actriz con el seudónimo de Magda Donato.
Fue la única mujer que diputada a Cortes por el Partido Socialista (PSOE) en las tres legislaturas de la II República.
Con una magnifica formación y una inteligencia precoz, se aficionó a la pintura y a la escritura, con 17 años ya había publicado artículos en importantes revistas internacionales. Amplió sus estudios en París donde conoció a otra de nuestras heroínas, María Blanchard.
Casada con Martín de Paul, cónsul español en Ámsterdam, tuvo dos hijos: Magda y Santiago.
Mujer de amplia cultura, hablaba fluidamente francés y alemán, abandonó su vocación artística para dedicarse a escribir, aunque continuó ligada al arte como crítica. Se relacionaba con los intelectuales de la época entre los que se encontraban Santiago Ramón y Cajal y Benito Pérez Galdós.
Sus inquietudes sociales la llevaron a incorporase desde muy joven al movimiento obrero. Compartió su actividad política en la defensa de los obrero y de los derechos de las mujeres.
En 1931 se afilió al PSOE, por este partido fue elegida diputada a Cortes en las tres elecciones de la II República.
Mantuvo la misma teoría que Victoria en lo relativo al sufragio universal, aunque acceso a la Cámara fue posterior a la aprobación del voto femenino.
Tras los sucesos de Asturias de 1934, se le retiró la inmunidad parlamentaria, fue juzgada y condenada a 20 años de prisión. Se exilió en Francia y la Unión Soviética. Regresó a España para las elecciones de1936 en las que volvió a revalidad su escaño por el Partido Socialista dentro del Frente Popular.
Poco más tarde abandonó el Partido Socialista para afiliarse el Partido Comunista. Permaneció en España durante toda la guerra.
Se exilió al final de esta. Vivió en Francia, Unión Soviética y, finalmente, en Méjico donde murió en 1968.
Joaquín de la Santa Cinta, Autor de «50 héroes españoles olvidados»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia.
- Clara Campoamor y el sufragio femenino en la Constitución de la Segunda República. Estela Gilbaja Cabrero. Universidad de Valladolid.
- Discurso de Clara Campoamor en las Cortes del 1 de octubre de 1931.
- Margarita Nelken. Semblanza. Biblioteca Nacional de España.
- Internet





