Todas las muertes de niños por accidente son prevenibles ya que muchos de estos accidentes se deben a negligencias o errores de sus cuidadores. Un artículo del doctor Juan José Granizo

Los recientes acontecimientos sucedidos en España me han hecho recapitular sobre un hecho cotidiano pero que, a menudo, pasa desapercibido: los accidentes en la infancia.
La mortalidad en menores de 18 años en España es una de las más bajas del mundo. Pero lo triste de esa cifra, por reducida que sea, es que podría ser aún menor.
Una de las claves sería la prevención de los accidentes, que son una causa importante de mortalidad a partir de los dos años de edad.
En España, cada año, entre 6 y 8 niños de cada 100.000 mueren por un accidente. Aunque esta incidencia de muertes infantiles por traumatismos no intencionados es relativamente baja si lo comparamos con el Este o Centro de Europa, aún es sensiblemente mayor que la de los países del Norte continental.
Por tanto, nos queda algún margen para mejorar.
Aproximadamente un 80 % de los accidentes en niños ocurren en el ámbito doméstico, pero el 20 % que sucede fuera de la casa dan cuenta del 50 % de los casos más graves: los que acaban con la muerte del niño.
Son menos los accidentes fuera del hogar, pero más peligrosos y letales.
Y queda claro que la mayor parte de los accidentes ocurren en el que debería ser el ambiente más seguro y protector para los niños.
En 2017, el último año del que tenemos cifras, murieron en España unos 330 niños entre 0 y 17 años como consecuencia de accidentes.
La primera causa, que es responsable de más de una tercera parte de esas muertes, son los accidentes de tráfico y los accidentes relacionados con otros transportes.
Si descontamos el tráfico, la incidencia de accidentes mortales es muy baja en niños menores de un año y en esos casos son los ahogamientos la causa principal: de ahí la importancia de evitar que los niños muy pequeños se lleven a la boca objetos que se puedan tragar y que acaban impactando en la vía aérea con dramáticas consecuencias.
Lo más habitual es que sean trozos de alimento sólido que los niños no pueden masticar, sobre todo las pipas o los frutos secos, que dan cuenta de la mayoría de los casos graves ocurridos en España.
Muchos de estos accidentes se deben a negligencias o errores de los cuidadores de los niños.
La mayor incidencia de accidentes mortales se da en dos momentos de la infancia: al cumplirse los dos años y a partir de los 12 años, en la adolescencia.
En torno a los dos años, el inicio de la marcha supone la posibilidad de que el niño explore el mundo que le rodea e imite la conducta de los mayores. Es el momento de máximo riesgo de intoxicaciones, que suelen ser frecuentes pero normalmente no graves, pero sobre todo, es cuando se producen más caídas accidentales y ahogamientos con resultado de muerte.
Una vez que los niños empiezan a andar, hay que cuidar la presencia de barreras físicas en torno a las zonas de peligro (escaleras, piscinas…) y sobre todo, de mantener una estrecha vigilancia cuando se está al aire libre, comprobando que el niño no se acerque a zonas peligrosas.
Todos los años se ahogan en piscinas, playas y ríos una cifra inaceptablemente alta de niños. Bien es verdad que las condiciones climáticas en España lo favorecen, pero todas estas muertes se podrían evitar con una adecuada observación.
Con la edad, el aumento de la movilidad y el conocimiento del peligro real, estos riesgos se reducirán, pero será el momento en que la práctica deportiva aumentará el riesgo de traumatismos, que rara vez comprometerán la vida del niño.
Como hemos dicho anteriormente, la primera causa de muerte accidental en la infancia, como ocurre en los adultos, son los accidentes de tráfico.
El desencadenante directo de la muerte está el uso incorrecto de un sistema de retención infantil.
Todo niño menor de 1,35 cm debe emplear un sistema adaptado de retención, adecuado para su estatura y peso.
A pesar de todos los esfuerzos que se están haciendo y de una considerable mejora en la concienciación de los conductores, en el 70 % de los niños fallecidos en un vehículo de motor, la retención no era la correcta según han verificado la Dirección General de Tráfico.
Además de ello, los niños pueden sufrir atropellos y accidentes con bicicletas.
El respeto a las normas por parte de los adultos es fundamental para inculcar en los pequeños hábitos seguros, como no pasar un semáforo en rojo, incluso cuando no es visible ningún coche.
Dar un buen ejemplo a los niños es fundamental. Por su seguridad y por su educación.
Pero no siempre es así: tristemente, a veces se ven en las puertas de los colegios a padres que van a buscar a sus hijos y que cometen todo tipo de imprudencias en su presencia, imprudencias que con frecuencia nos tienen que recordar las Policías Locales y que causan accidentes que son perfectamente evitables.
Por que eso es lo peor: todas las muertes de niños por accidente son prevenibles y eso es una responsabilidad de los adultos, especialmente de los que cuidan al menor.
Juan J. Granizo, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública






