Presidentes del Poder Ejecutivo de la Primera República Española: Nicolás Salmerón Alonso

Nicolás Salmerón Alonso, andaluz, nacido en Alhama la Seca (Almería) en 1838, muerto cundo se encontraba de vacaciones en Pau (Sur de Francia) a los 70 años, en 1908. Político de los partidos demócrata y republicano y extraordinario orador. Profesor de Historia Universal en la Universidad de Oviedo y de Metafísica en la de Madrid. Estudioso del krausismo, doctrina que inspiró a la Institución Libre de Enseñanza. Ministro de Gracia y Justica y Presidente de las Cortes. Elegido Presidente del Poder Ejecutivo de la I República Española después de la dimisión de Pi i Margall.
De familia liberal, su padre había colaborado, en 1824, en el intento de pronunciamiento contra Fernando VII del Coronel Pablo Iglesias conocido como los colorados por el color de sus uniformes. Licenciado en Derecho y Filosofía, fue amigo personal de Francisco Giner de los Ríos, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza, y de su maestro, Julián Sanz de los Ríos.
Afiliado al partido democrático, sus ideas políticas hicieron que fuera detenido durante el reinado de Isabel II.
Con la Revolución de 1868 se traslada a Madrid y obtiene el acta de diputado por la provincia de Badajoz. Republicano unitario frente a los republicanos federalistas.
Nombrado Presidente del Poder Ejecutivo el 18 de julio de 1873, su mandato, de apenas mes y medio, termino el día 7 de septiembre cuando dimitió por negarse a firmar las sentencias de muerte de algunos soldados acusados de traición. Era absolutamente contrario a la pena de muerte, había promovido su abolición durante su etapa como Ministro de Gracia y Justicia en el Gobierno de Estanislao Figueras.
Elegido Presidente por 119 votos a favor y 93 en contra.
Su llegada a la Presidencia produjo una intensificación del movimiento cantonalista como consecuencia la actitud de los intransigentes hacia su persona. Salmerón era un republicano unionista por lo que los intransigentes, que pensaban que con él en el Gobierno no sería posible la República Federal, forzaron la maquinaria creando en Madrid un nuevo Comité de Salud Pública que coordinaría el movimiento en las provincias y una Comisión de Guerra presidida por el general Juan Contreras para organizar la rebelión cantonal. El día 30 de julio, llegaron a formar el Gobierno Provisional de la Federación Española presidido por el sevillano Roque Barcia Martí.
La situación era tan grave que, entre los carlistas y los cantonalistas, los rebeldes habían levantado en armas 32 provincias españolas.
Para sofocar la rebelión cantonal, el Gobierno tomó decisiones duras como las destituciones de gobernadores civiles, alcaldes y militares que había apoyado de alguna forma la rebelión. Rescató del ostracismo a generales contarios a la República como al general Arsenio Martínez Campos, reconocido monárquico, y al general Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque, de tendencia radical. No le importó tomar estas decisiones, pues lo prioritario era restablecer el orden.
Se movilizó a los reservistas, se aumentó el número de miembros de la Guardia Civil, se mandaron expediciones militares hacia Andalucía y Valencia, se autorizó a las Diputaciones a recaudar impuestos y a reclutar cuerpos armados y se decretó que los buques en poder de los cartageneros fueran considerados piratas. Gracias a éstas medidas, los cantones fueron sometidos, uno detrás de otro, excepto el de Cartagena que resistió hasta el 12 de enero del año siguiente.
Como existían problemas con la disciplina de las tropas, los generales pidieron el restablecimiento completo de las Ordenanzas Militares Españolas que incluirán la pena de muerte para determinados delitos. La propuesta fue aprobada en las Cortes con la oposición de Salmerón.
El día 5, se le presentaron a la firma las sentencias de muerte de ocho soldados acusados de alta traición. Nicolás Salmerón prefirió dimitir antes que firmar las sentencias.
En la decisión de Salmerón también pesó la conducta del general Pavía de continuo desafío a su autoridad. En su lugar fue elegido el que era Presidente de las Cortes, Emilio Castelar.
Dos días después de su dimisión, Salmerón fue nombrado presidente del Congreso de los Diputados.
La Restauración borbónica le obligo a exiliarse en Paris de donde volvió en 1885. Recuperó su cátedra y fue elegido diputado en 1886 e ininterrumpidamente desde 1893 hasta 1907. Su oratoria demoledora prosiguió en las Cortes de la Restauración. En el epitafio de su mausoleo figura escrito: “abandonó el poder por no firmar una sentencia de muerte”
Joaquín de la Santa Cinta, Ingeniero aeronáutico, economista e historiador






