La Vitamina D necesita, imprescindiblemente, el sol (más en invierno y menos en verano) para hacer su importante función relacionada con los huesos. Un artículo del doctor Juan José Granizo

La semana pasada escribía en esta columna sobre las vitaminas en general, pero he querido dedicar a la vitamina D un artículo completo.
Hay dos motivos para ello:
Primero, porque su importancia está ganando una mayor relevancia en los últimos años al demostrarse su papel en varias enfermedades y problemas de salud.
Y en segundo lugar, porque para su síntesis es imprescindible la luz solar, que a su vez es un factor de riesgo para el cáncer de piel como hemos comentado hace unas semanas.
Empecemos por lo sencillo: De donde obtenemos la vitamina D.
Lo primero que hay que saber es que la vitamina D no es un nutriente abundante.
La principal fuente de vitamina D natural son los pescados grasos, sobre todo el salmón y los pescados azules (caballa, bonito, atún…).
Otras fuentes de vitamina D natural son el hígado de vacuno, los hongos, la leche y el queso.
Antiguamente el aceite de hígado de bacalao era una fuente complementaria de vitamina D, pero actualmente es casi imposible encontrar una leche que no esté enriquecida con vitamina D, de manera que si es consumidor de este alimento, seguramente esa sea su principal fuente de vitamina D.
Como la vitamina D es escasa en los alimentos, el organismo se las ingeniado para fabricarla a través de un precursor químico parecido al colesterol que necesita la luz directa del sol para activarse.
Antes de la leche enriquecida, el 90 % de la vitamina D que necesita nuestro organismo se fabricaba en la piel. A pesar de consumir este tipo de leche, al menos el 50 % de la vitamina D necesaria se debe sintetizar en la piel.
Inevitablemente necesitamos de la luz solar y para que sea eficaz debe incidir de manera directa, no siendo filtrada por vidrio ni nubes, pero como hemos comentado, esta manera de tomar el sol puede ser un riesgo para padecer cáncer de piel.
La piel blanca es posiblemente una adaptación de los humanos a ambientes menos luminosos y fríos, donde es necesario emplear ropa de abrigo, y por tanto, donde la exposición solar es muchísimo más baja.
La ventaja de la piel blanca es que la luz del sol la puede atravesar y fabricar vitamina D de manera eficiente. La desventaja es que la luz puede lesionar las células provocando cáncer de piel.
Lo saludable está, como siempre, en el equilibrio.
A pesar de que España es un país soleado la experiencia de los médicos, de norte a sur de la nación, es que muchas personas no tienen una exposición solar para producir vitamina D en cantidades suficientes.
Esto ha sido corroborado por un estudio de la Universidad Politécnica de Valencia de hace dos años.
En una latitud media de España, como Valencia, en enero son necesarios 130 minutos de exposición solar directa (en manos y cara) para conseguir la vitamina D necesaria.
Con mejor tiempo, asumiendo un 25 % de superficie corporal expuesta (vistiendo una camiseta) en julio, sólo serían necesarios 10 minutos y en octubre unos 30 minutos para lograr ese objetivo.
Estos tiempos son seguros desde el punto de vista del cáncer de piel.
Estos cálculos se han hecho para pieles de tipo III, la más normal en España (la piel tipo I es la nórdica extremadamente blanca y la VI la extremadamente negra y el tipo III es una piel intermedia, habitual en la cuenca mediterránea).
Cuando más blanca sea su piel, menos tiempo de sol necesita pero más fácil es que se queme.
Con los datos de ese estudio, la mayoría de los españoles tomamos poco el sol en invierno. Como la síntesis de vitamina D disminuye con la edad, los ancianos son los que están más en riesgo de no fabricar la vitamina D que necesitan, especialmente los que viven en residencias o impedidos.
¿Es tan importante la vitamina D?
De manera popular, siempre se han dicho que la vitamina D era buena para los huesos, previniendo el raquitismo en niños.
Siendo esto cierto, la realidad es bastante más compleja
La vitamina D es uno de los reguladores más importante del calcio y el fósforo en el organismo.
Por eso, su papel es determinante para consolidar la matriz cálcica de los huesos, de manera comprobada, pero también podría serlo, razonablemente, en todos los mecanismos fisiológicos que se regulan con calcio, como la tensión arterial o la contracción de los músculos.
Parece ser que niveles bajos de vitamina D aumentan la tensión arterial, predisponen a padecer infarto de miocardio, disminuyen la fuerza y el rendimiento muscular, aumentan el riesgo de padecer diabetes y tuberculosis, causan problemas inmunológicos aumentando el riesgo de algunas enfermedades autoinmunes y se han relacionado con el cáncer de mama y próstata.
En estudios recientes, hombres con problemas de fertilidad parece que tienen niveles bajos de vitamina D.
La importancia de la vitamina D en estas últimas enfermedades está por demostrarse.
Sin embargo, la vitamina D, al no ser soluble en agua, si se consume en exceso, puede acumularse en el organismo y esto no es inofensivo.
La fácil disponibilidad de suplementos de vitamina D ha disparado el número de casos de enfermedades relacionadas con un exceso de la misma.
Aunque puede darse un cuadro agudo de intoxicación por vitamina D (caracterizado por sed intensa con eliminación de gran cantidad de orina) lo más normal es que niveles altos de manera crónica alteren el metabolismo del calcio.
En estos casos es habitual observar cálculos renales por calcio y depósitos de este mineral en otros órganos.
Lo prudente, es no tomar suplementos vitamínicos si no es con supervisión médica ya que determinar los niveles de vitamina D es muy sencillo con un análisis de sangre.
Y recuerde que tomar el sol con moderación -más en invierno y menos en verano- es lo saludable.
Juan J. Granizo, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública






