Filipinas hasta el final del Siglo XVI (I): Entre las importantes relaciones comerciales con Japón bajo el gobierno de Gómez Pérez das Mariñas y sus luchas con los nipones

Los episodios anteriores donde tratamos los acontecimientos en las islas Filipinas lo finalizamos con la muerte del gobernador y capitán general Gonzalo Ronquillo en marzo de 1583. Este, usando el poder conferido por el rey Felipe II, nombró su sucesor provisional a la persona de su sobrino Diego Ronquillo de Peñalosa.
El mandato de Diego duró poco más de un año. El nuevo gobernador nombrado por el Rey, Santiago de Vera, llegó en mayo de 1584.
Durante el funeral de Gonzalo Ronquillo, se produjo en la iglesia de San Agustín (la primera iglesia de la ciudad) un incendio catastrófico para la ciudad de Manila. Las construcciones de la ciudad estaban hechas de madera, incluso los fuertes defensivos, por lo que la ciudad fue destruida casi por completo.
Su corto mandato, y las obligaciones en la reconstrucción de la capital, no lo libraron de los problemas militares que representaban las Islas Molucas (islas conocidas como De las Especies que forman un archipiélago al este de Indonesia) y los problemas con el sultán de Ternate, así como enfrentarse a los eternos rebeldes de Leyte (isla en las Bisayas, el norte de Mindanao) y Pangasinan (actual isla de Santiago)
El nuevo gobernador, Santiago de Vera, madrileño nacido en Alcalá de Henares, era letrado que había ejercido de oidor (togado que en las audiencias del reino oía y sentenciaba las causas y los pleitos) de las Reales Audiencias de Santo Domingo, Guadalajara, Méjico.
Fue el primer presidente de la Real Audiencia de Manila y gobernador y capitán general de las Filipinas.
Embarcó rubo a Manila acompañado de casi 200 soldados y arribó a Cavite en mayo de 1584. Su mandato duro seis años.
Encargado por el Rey de establecer la Real Audiencia de Manila, fue el presidente fundador del nuevo tribunal. Con él se resolvían los problemas que, la distancia a Nueva España, hacían eternos los recursos de apelación.
Se ocupó de la reconstrucción de la ciudad de Manila, ordenando que las edificaciones fueran hechas de piedra para evitar sucesos como los ocurridos en el incendio del año anterior. Además, comenzó la construcción del fuerte de Nuestra Señora de Guía (construido según las reglas de la arquitectura militar de la época) y del Hospital Real.
No se libró de los eternos problemas en las Molucas y de los rebeldes de las islas de Borneo y de Luzón.
Durante su mandato, el pirata inglés Thomas Cavendish capturó el galeón Santa Ana en las costas de California, episodio que del que ya escribimos en el capítulo correspondiente a esta serie.
Como buen jurista, reordenó la administración de la gobernación de las islas, formando juntas que la mejoraron.
Durante su mandato, la construcción naval realizó grades progresos gracias a la existencia de abundante y buena madera y a la habilidad de los nativos en su manejo. Se hicieron buques aptos para hacer el viaje a Acapulco, además de otras naves con destino al servicio de las islas.
Sus desavenencias con los miembros de la Real Audiencia llegaron a oídos de la Corte y el rey Felipe II ordenó al nuevo gobernador, Gómez Pérez das Mariñas, la suspensión de la Real Audiencia.
Gómez Pérez das Mariñas (en la foto) fue un militar y diplomático español, caballero de la Orden de Santiago nacido en Vivero (Lugo). En 1589 fue nombrado gobernador y capitán general de Filipinas.
Zarpó de Nueva España en marzo de 1590 en dos navíos rumbo a las islas. Con él viajaban su hijo, dos jesuitas y 400 soldados.
En las proximidades de la capital fue alcanzado por un temporal, perdió una de las naves y con la otra arribó a Cavite (puerto y ciudad en la bahía de Manila) en mayo del mismo año.
Como militar experimentado, reorganizó las fuerzas armadas del archipiélago, las estructuras defensivas de Manila, acabó la construcción del fuerte de la Fuerza de Santiago, construyó cuarteles y embelleció la ciudad.
Por entonces la máxima autoridad en la Corte japonesa era Toyotomi Hideyoshi y el comercio hispano-japonés era el más importante para Filipinas, superior al chino, y vital para el negocio con Nueva España.
Toyotomi, al principio, amparó el cristianismo que predicaba en Japón la Compañía de Jesús, pero en 1587, cambió radicalmente de opinión y promulgó un edicto por el que expulsaba a todos los sacerdotes del país, edicto que no se llegó a cumplir en toda su extensión.
Pero en 1597, considerando perniciosa la presencia de religiosos en el país, además del temor a la invasión de Japón, aplicó expeditivamente el decreto de expulsión.
Apoyándose en los incidentes surgidos con el Galeón San Felipe que, rumbo a Acapulco en una época de tifones, tuvo que refugiarse en el sur de Japón con un enorme cargamento, Toyotomi se apoderó del cargamento y condenó a muerte a 26 cristianos (los mártires de Japón o Nagasaki) que fueron crucificados en febrero de ese año.
En la época de gobierno de Gómez das Mariñas, las constantes relaciones comerciales entre las Filipinas y Japón dieron lugar a una presencia japonesa en la ciudad de Manila, no muy numerosa, pero que fue considerada peligrosa para la soberanía española de las islas.
En 1591, se presentó en Manila un embajador de Japón con poderes para confirmar los pactos comerciales a cambio de tributos y sumisión del gobernador hacia la persona de Toyotomi Hideyoshi.
El gobernador, olvidándose de los tributos y el vasallaje, celebró los pactos y envió de vuelta su propia embajada con regalos para hacerle ver la importancia y el provecho mutuo que resultaría de unas buenas relaciones comerciales y de amistad entre ambos países.
En el año 1593, unos embajadores del rey de Camboya (estado en el Sudeste Asiático, en la Península de Indochina) llegaron a Manila solicitando amistad y alianza contra sus vecinos de Siam (actual Tailandia). Pero, el gobernador, preocupado por problemas que afrontaba con rebeliones en las islas y los problemas en las Molucas, se limitó a dar buenas esperanzas e hizo propuestas semejantes a las que formuló a los japoneses.
Por otra parte, tenía orden del Rey de resolver la situación en las que se encontraban las islas Molucas (recordamos que Felipe II era por entonces rey de Portugal y de sus colonias).
Los rebeldes de la isla de Ternate (isla de las Molucas) habían asaltado la isla de un aliado de los españoles.
Para resolver el asunto, y de paso reducir a los rebeldes, preparó una gran armada formada por unos cien buques de distinto tamaño donde se embarcaron unos 1.000 españoles, y 1.400 indígenas, además de los marineros y remeros. Era la mayor armada de la zona en cuanto a potencia y armamento y en ellas estaban los mejores mandos españoles en de islas.
Confiando en no repetir los fracasos de los años anteriores, el gobernador decidió ponerse al frente de la expedición, tomando el mando de la galera Capitana.
Zarparon el 16 de octubre. En vanguardia de la armada iba el hijo del gobernador Luis Pérez das Mariñas. La armada tenía orden de reunirse en el archipiélago de las Bisayas (uno de los tres grandes archipiélagos de la Filipinas).
Un fuerte temporal dispersó las embarcaciones, quedando rezagada la Capitana en la cual iban enrolados unos 200 chinos voluntarios como remeros.
En la madrugada del día 26, en las costas de Batangas (en el sur de la isla de Luzón), mientras los españoles dormían, los chinos se rebelaron matando a todos ellos, incluido el gobernador, salvándose 18 que se arrojaron por la borda.
A continuación, los chinos pusieron rumbo a su país, pero los temporales y su incapacidad marinera arrastraron la nave las costas de la península de Vietnam donde abandonaron la nave después de apropiarse de todo la de valor que en ella había.
Riquezas que perdieron antes las autoridades del país por lo que se vieron obligados a huir por tierra.
Al conocerse la muerte de Gómez das Mariñas, la armada volvió a Manila y se envió en persecución de los chinos al capitán Juan Ronquillo, pero no los encontró.
Provisionalmente, se nombró gobernador a Pedro de Rojas, oidor de la Real Audiencia (25 de octubre-3 de diciembre de 1593) y después a Luis Pérez das Mariñas, hijo de Gómez (3 de diciembre de 1593- 14 de julio de 1594).
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia
- Fernández Duro, Cesáreo. Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. VII, Expediciones a Ultramar. Instituto de Historia y Cultura Naval
- Govantes, Felipe M. de. Compendio de la Historia de Filipinas.
- Molina Memije, Antonio. América en Filipinas.
- Atsushi Kawai. Toyotomi Hidesyoshi, el gran unificador: sus reformas estructurales para la estabilización.
- Sola, Emilio. Historia de un desencuentro. España y Japón 1580-1614. Archivo de la Frontera






