Piratas holandeses en el Océano Pacífico durante la Tregua de los Doce Años (III): Segunda Batalla de Playa Honda y derrota definitiva del corsario holandés Joris van Spilbergen

Después de la victoria de Cañete, en julio, Spilbergen trató de tomar el puerto de El Callao (ciudad y puerto ubicado en el centro de Perú en la costa del Océano Pacifico ya que es el puerto de la capital Lima) pero el virrey Marqués de Montes Claros había previsto esta posibilidad y tomado las medidas oportunas.
A poco de empezar el combate, unos cañonazos españoles acertaron al velamen de la nave almirante y al patache lo que hizo que el corsario dejara el combate y se hiciese a la vela.
En su rumbo norte desembarcaron en Paita (ciudad en la costa del pacífico al norte de Perú) y en alguna otra ciudad de las costas del Pacífico sin resultados apreciables, por lo que pusieron rumbo directamente a Nueva España, con la intención de probar suerte e intentar la captura un Galeón de Manila.
Sobre mediados de octubre de 1615, Spilbergen entró en la bahía de Acapulco (ciudad mejicana del estado de Guerrero y puerto de arribada de los Galeones de Manila) donde propusieron a las autoridades un intercambio de prisioneros españoles capturados en las costas de Perú a cambio de agua y vituallas, amenazando con atacar el pueblo en el caso de que la propuesta fuese no aceptada.
Conocedores las autoridades españolas de la llegada en fechas próximas de un Galeón de Manila aceptaron la proposición del corsario.
El virrey de Nueva España Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar, ordenó medidas adicionales de precaución para proteger al galeón. Envió a Sebastián Vizcaino con 400 hombres a proteger los puertos de Navidad y Salagua (ciudades y puertos mejicanos del Océano Pacífico en los estados de Jalisco y Colima), además de un destacamento a las costas de Sinaloa (estado mejicano de la costa del Océano Pacífico).
Spilbergen capturó un barco perlero que incorporó a su flota. Intentó desembarcar Salagua, pero Sebastián Vizcaino se lo impidió y cansado de esperar al galeón, decidió abandonar las aguas de Nueva España poniendo rumbo sur en busca de las islas de las Especies.
Spilbergen cruzó el Océano Pacífico y, en enero de 1616, llegó Guam (isla de los Ladrones, descubierta por Magallanes en el archipiélago de las Islas Marianas) donde se reabasteció.
Los primeros días de marzo de 1616, la flota holandesa llegó a las Filipinas. Un pequeño patache dedicado al comercio y con una tripulación de cuatro japoneses descubrieron a la flota holandesa en las aguas del estrecho de Mariveles (en el extremo sur de la provincia de Batán en la entrada de la bahía de Manila).
Había llegado a la boca de la bahía de Manila pasando por el estrecho de San Bernardino (separa la isla de Luzón, al norte, de la isla de Samara, el sur). Era parte del canal que unía al puerto de Cavite con el Océano Pacifico y paso usado por los galeones españoles en sus viajes de ida y vuelta a Nueva España.
A pesar de su importancia estratégica, el estrecho no estaba defendido por ninguna fortaleza o presidio español, la defensa estaba encomendada a los indígenas de la isla de Capul (isla situada a la entrada del estrecho). Esta isla fue el primer contacto de Spilbergen con las islas Filipinas.
Allí fue informado de que una gran flota lo esperaba en Manila. Pero, aunque las autoridades españolas estaban informadas de la posible llegada de Spilbergen a las islas, no hicieron nada para dificultad su llegada ya que, como siempre, estaban escasas de recursos.
Es más, cuando Spilbergen llegó a la entrada de la bahía de Manila, Manila estaba prácticamente desarmada. El gobernador Juan de Silva y Enríquez había partido de la ciudad, a primeros de febrero de 1616, con una gran flota rumbo al estrecho de Malaca (entre la península malaya y la isla indonesia de Sumatra) donde pensaba reunirse con una flota portuguesa para atacar a los holandeses en las islas de Java y las Molucas.
En el estrecho se encontraba la flota cuando Spilbergen llegó a Miravalles y donde, a los pocos días, murió el gobernador Juan Silva (19 de abril de 1616). Flota que regresó en junio a Manila diezmada por las enfermedades.
Como había ocurrido en ocasiones anteriores ante amenazas enemigos, en Manila se improvisaron recursos humanos y materiales. Fue necesario organizarlos, fundir armas y llevar a cabo todo aquellos que pudiera ser utilizado en la defensa de la ciudad.
Entretanto en la bocana de la bahía, Spilbergen se dedicaba a asaltar a todos los barcos que trataban de entrar en ella. Así se mantuvo desde la fecha de su llegada hasta el 10 de marzo, cuando enterado de que la flota española se dirigía a atacar a Ternate (isla y ciudad de las islas Molucas), decidió seguirla hasta allí para socorrer a sus compatriotas.
Sorprendido al no encontrar la escuadra española (sabemos por párrafos anteriores que esta se encontraba a miles de kilómetros al norte, en el estrecho de Malaca). Además, por entonces llegó a Ternate otra expedición holandesa mandada por Steven van der Hagen (primer almirante de la VOC).
La unión de ambas fuerzas estudió atacar directamente a las localizaciones españolas en las islas, pero consideraron que la flota conjunta no era suficientemente potente para llevarlo a cabo. Decidieron atacar a los españoles utilizando a sus enemigos en la zona, conectaron con los nativos y los ayudaron a sublevarse contra las autoridades españolas.
Decidieron iniciar la campaña atacando al pueblo de Iloílo en le sur de la isla de Panay (archipiélago de las Bisayas occidentales,) que era la base avanzada de las operaciones españolas para la colonización y defensa del archipiélago, para lo que contaban como aliados a los habitantes rebeldes de la isla de Mindanao.
A finales de septiembre de 1616, atacaran las defensas del pueblo, pero el gobernador de las Bisayas prevenido había dispuestos trincheras y estacadas para su defensa. Además, se mantenía a la guarnición compuesta por unos pocos españoles, no más de 60, y seis cañones.
El primer día, los holandeses bombardearon las defensas desde sus buques y al día siguiente desembarcaron una fuerza de 500 hombres sin esperar la llegada de sus aliados nativos, pero fueron detenidos en la empalizada reparada durante la noche. Después de fuertes bajas, decidieron reembarcar y retirarse del combate sin intentar un segundo asalto.
La suerte acompañó a los españoles pues, apoco de retirarse los holandeses, aparecieron sus aliados de Mindanao con una gran fuerza de ataque formada por 24 caracolas (pequeños barcos pesqueros utilizados en la isla de Mindanao, Filipinas) repletos de nativos. Los españoles salieron a la mar a recibirlos, causándoles muchas bajas.
Los buques holandeses rechazados en Iloílo se dirigieron a la isla de Luzón y fondearon en Playa Honda a primeros de abril de 1517.
Después de la muerte del gobernador Juan de Silva, el letrado y oidor vallisoletano de la Real Audiencia de Manila, Andrés de Alcaraz, le correspondió asumir el gobierno provisional de las islas.
La Playa Honda era lugar de reunión con los rebeldes de la isla de Joló, pero estos fueron derrotados por dos fragatas españolas antes de la llegada de los holandeses. Además, Manila no estaba desarmada como en la visita de Spilbergen del año anterior.
Los restos de la flota enviada al estrecho de Malaca había regresado, recuperado y puesta a punto de nuevo. Se puso al mando del general Juan Ronquillo que tenía como almirante a Juan de la Vega.
La flota española estaba formada por 7 galeones, 3 galera y un patache. La holandesa la componían 9 galeones más otro viejo y casi desarmado que actuaba como buque auxiliar.
Las escuadras eran parejas en el número de buques, pero la española era muy inferior en tonelaje y armamento, aunque aventajaba a la enemiga en el número soldados embarcados, lo que era importante para las tácticas de combate naval españolas de la época. Estas consistían en desarbolar a los buques enemigos (abatir los mástiles), abordarlos y combatir sobre la cubierta enemiga como si un combate terrestre se tratara.
El día 13 de abril, la flota zarpó con rumbo directo a Playa Honda con la capitana, la mejor nave de la flota, adelantándose y pasando la línea de la flota contraria recibiendo fuego de todas sus unidades.
Dos días después comenzó la batalla que, reñida y breve, acabó con la victoria española. Los españoles creyeron que habían conseguido una victoria total, contaban con haber hundido a la capitana holandesa, además de hundir otras siete y averiar otras dos que zozobraron posteriormente. Pero la victoria no fue tan definitiva, las pérdidas reales holandesas fueron de tres buques hundidos además de considerables bajas de soldados. No hubo pérdida de naves españolas.
Spilbergen navegó rumbo a casa, circunvaló el mundo y llegó a Ámsterdam los primeros días de septiembre de 1617.
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia.
- Fernández Duro, Cesáreo. Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. VII, Expediciones a Ultramar. Instituto de Historia y Cultura Naval.
- De Vedoya, Gaspar. Licenciado. Relación verdadera de la gran victoria que la armada española de la China contra los holandeses piratas….
- Herrera Reviriego, José Miguel. Las aguas de Mariveles y Joris van Spilbergen: la ruptura de la cotidianidad de un espacio local filipino en el contexto de la Tregua de los Doce Años. Universitat Jaume I.
Ruíz Martínez, Herlinda. Marinos flamencos en Nueva España: Vivencias marítimas y judiciales de tres sobrevivientes de las expediciones holandesas de Joris van Spilbergen y Hugo Shapenham (1616 y 1625). Una mirada a través de los expedientes inquisitoriales.






