Un año más, las Fiestas de la Consolación de Pozuelo están siendo un alarde de mediocridad e incapacidad política. Se han convertido en un espectáculo cutre, chabacano y muy peligroso

Las fiestas en honor a la Virgen de la Consolación son, año tras año, un alarde de mediocridad e incapacidad política.
Lo que se supone que deberían de ser unos días de alegría, esparcimiento y recreo se ha convertido en un espectáculo cutre, chabacano, de mal gusto.
Y peligroso, como muestra la foto del coche de un vecino que ilustra este comentario.
Porque los vecinos del Pueblo de Pozuelo constatan, una vez más, no ya las molestias, sino la total nulidad ante la gestión de una ciudad que, evidentemente, no es el pueblo de los años sesenta o setenta, pero que tampoco llega a ser una ciudad moderna y cosmopolita, precisamente, por esa ‘gestión’.
Se trata de un ‘quiero y no puedo’, aunque algunas personas, por supuesto, no compartan tal impresión. No se trata, ni mucho menos, de imponer dogmas.
Quisiera centrar este artículo en algunas cuestiones que atañen a la zona del pueblo, ya que sobre la Avenida de Europa o Húmera se está escribiendo largo y tendido en este medio a lo largo de estos días.
El pueblo, aunque el señor Oria viva en una realidad paralela (como muchos otros dirigentes de nuestra nación) se encuentra totalmente abandonado y así lo constata el ‘diseño’ y ‘planificación’ de unas fiestas propagandísticas.
Y como no me quiero ir por las ramas, me expresaré en román paladino para que todo el mundo lo entienda con claridad:
Muchos vecinos estamos hasta los h***** de estas fiestas que traen molestias, ruido, borrachos y vándalos que destrozan el mobiliario urbano y coches de particulares.
Ejemplo del civismo que caracteriza las fiestas del Gran Pozuelo de Alarcón.
Está muy bien divertirse, por supuesto, pero cuando parte de esas personas que se ‘divierten’ molestan y crean problemas a otras, mucho me temo que algo falla.
No se trata de suprimir las fiestas pero sí de mirar con altura y que alguien (imagino que algún director/a general o asesor/a, ya que los concejales y concejalas parecen pintar cada vez menos) piense con una mirada un poquito estratégica.
Ya no exigimos titulaciones ni experiencia (sabemos que esto ya no importa en el Gran Pozuelo de Alarcón), sino de sentido común.
Y el sentido común empieza por dejar descansar a los vecinos a ciertas horas.
Nuestros representantes seguramente no conozcan la realidad del pueblo, pero muchos no podemos dormir estos días por alargar unas fiestas no sólo en días sino en horarios absurdos entre semana.
Pero, incluso, el fin de semana, cuando la música oficial cesa a las 3 de la mañana, las calles del pueblo continúan ‘vivas’ con unas amables gentes bebiendo y gritando, ocasionando problemas y disturbios (sí, disturbios y vandalismo, aunque las estadísticas oficiales, como las de muchos otros dirigentes de nuestra nación, no quieran reflejarlos y, mucho menos, mostrarlos).
Pero, en realidad, esto ya es la tónica general de la zona del pueblo, no se trata de algo esporádico de estos días, el pueblo se ha convertido, por las noches, especialmente en ciertas zonas, en un lugar poco seguro y repleto de individuos que infringen la normativa… bebiendo ilegalmente en la vía pública y molestando a vecinos, orinando en calles, gritando…
¿Y la policía? ¿Se la espera?
Mejor dejemos esta cuestión para otro momento.
Esta radiografía puede ser parcial (¿recuerdan lo de no imponer dogmas?), pero seguro que refleja el sentimiento de muchos vecinos y vecinas. En fin, los días que nos quedan de soportar y aguantar molestias y no poder dormir, encomendémonos a Nuestra Señora de la Consolación y ya, si eso, que Dios nos pille confesados.
Vale.
Crispín





