El agua olvidada: Un lector propone iniciar la celebración del Día Mundial del Agua como si fuesen las fiestas grandes de la ciudad y dejar las fiestas de los barrios para sus vecinos

Estimado Capitán:
Como asiduo lector de El Correo de Pozuelo y de sus interesantes artículos de denuncia y debate y, tras leerle en los últimos días, me atrevo a exponerle unas líneas para su consideración…
Todo parte de este domingo 22 de marzo…
Y es que cada 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, una fecha impulsada por la Organización de las Naciones Unidas para recordar algo tan básico como esencial: el agua dulce no es infinita y su gestión sostenible es uno de los grandes retos de nuestro tiempo.
En muchas ciudades, esta jornada se ha convertido en una oportunidad para educar, sensibilizar y, también, celebrar el vínculo entre el territorio y sus recursos naturales. Pero, como dice ustedes, en Pozuelo de Alarcón, paradójicamente conocida como “la ciudad del agua”, el silencio institucional resulta tan llamativo como difícil de justificar.
Pozuelo ha construido parte de su identidad en torno a la calidad ambiental, sus zonas verdes y su planificación urbana. No en vano, recientemente ha sido reconocida por su arbolado urbano, un logro que debería ir acompañado de una visión integral del medio ambiente en la que el agua ocupa un lugar central.
Sin embargo, la ausencia de iniciativas destacadas en torno a esta fecha evidencia una desconexión preocupante entre el discurso del Gobierno y la acción.
Mientras tanto, la Comunidad de Madrid despliega una agenda cultural ambiciosa para celebrar la llegada de la primavera, vinculando el equinoccio con propuestas artísticas, teatro y circo contemporáneo a través de eventos como Teatralia.
Incluso se han promovido actividades como la Carrera del Agua, que refuerzan el simbolismo de estas fechas.
Y, claro, la comparación es inevitable: otras administraciones entienden el valor de estos días dedicados al agua como herramientas de cohesión, cultura y concienciación. Pozuelo, en cambio, parece dejarlos pasar sin pena ni gloria.
La responsabilidad recae en el Gobierno municipal liderado por Paloma Tejero, cuya gestión medioambiental ha sido cuestionada precisamente por esa falta de enfoque estratégico.
¿Cómo es posible que una ciudad que presume de su entorno natural no aproveche una fecha tan significativa para poner en valor el agua como eje del equilibrio ecológico?
Lejos de ser una crítica estéril, esta carencia abre una oportunidad evidente:
El Día Mundial del Agua podría convertirse en el punto de partida de unas auténticas fiestas de primavera en Pozuelo, con identidad propia y arraigo ciudadano.
No se trataría de crear un evento artificial ni de buscar grandes recintos feriales desconectados de la vida cotidiana sino de articular un fin de semana de actividades en plazas, parques y espacios públicos con talleres, rutas ambientales, propuestas culturales y eventos familiares que celebren el agua como símbolo de vida y comunidad.
Pozuelo no necesita jugar a la ruleta rusa con las fiestas de los barrios sino reconocer como festivo lo que ya es y potenciarlo.
Convertir el agua en el eje de una celebración anual no solo reforzaría su identidad, sino que también contribuiría a educar a las nuevas generaciones en la importancia de cuidar los recursos naturales.
Ignorar el 22 de marzo no es una anécdota. Es una señal.
Y también, si se quiere ver así, una oportunidad perdida.
Muchas gracias por querer, como tantos vecinos, mejorar esta ciudad y apostar por ello.
Juan Pozuelo






