El Gobierno del Gran Pozuelo de Alarcón no supo prever cómo se malusaría el nombre de la ciudad para que una universidad privada (UFV) hiciese una publicidad, que ya está haciendo

Sin ánimo de hacer sangre. No hay que llorar por la leche derramada pero lo advertimos. En El Correo de Pozuelo lo denunciamos. Los únicos.
Pero el Gobierno del Gran Pozuelo de Alarcón no supo prever las consecuencias de un experimento infantil… Y los experimentos se hacen con gaseosa, no con vinos de reserva.
Y es que ya ha empezado la campaña publicitaria de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) sobre su escuela de Arquitectura con el concurso de las reformas de sus plazas emblemáticas Mayor y Padre Vallet.
Apenas han pasado 8 días y la UFV ha convertido aquel estúpido concurso de urbanismo es un escaparate con la garantía de la ciudad más rica de España.
El reciente concurso de ideas para reformar las plazas Mayor y Padre Vallet de Pozuelo de Alarcón ya ha sido presentado como una apuesta por la creatividad joven y la colaboración institucional. Tócate el mondongo.
El Español ha publicado un extenso reportaje sobre “Guille, Jaime y Pablo, los jóvenes de 19 años que reformarán la Plaza Mayor de Pozuelo”
Ninguno sabe nada de Pozuelo pero eso no importa.
No importa que tras la apariencia amable de esta iniciativa se esconda una preocupante banalización de la planificación urbana de esta ciudad y una instrumentalización evidente en beneficio de intereses ajenos al municipio.
Les recuerdo que el certamen, impulsado por el Consistorio (aunque creo que el autor intelectual fue la propia UFV a cambio de algo que no sé y creo que nunca sabré), estuvo dirigido exclusivamente a estudiantes de Arquitectura de esa, única institución local que imparte este grado.
En él participaron 21 proyectos académicos, con premios que oscilan entre 500 y 1.500 euros, resultando ganador “Bajo la misma sombra”.
Hasta aquí, todo podría parecer una iniciativa pedagógica interesante si no fuera porque el objeto del concurso no es menor: rediseñar el corazón urbano de la ciudad es algo muy serio.
Y ahí es donde surge el problema. El Gobierno trasladó implícitamente la idea de que la transformación de espacios clave puede resolverse mediante ejercicios académicos, con presupuestos simbólicos y sin la participación de profesionales consolidados ni de los propios vecinos y produjo la confusión de un taller universitario con un proceso serio de planificación urbana.
Pero la cuestión va más allá. Como se esperaba.
La Universidad Francisco de Vitoria ha aprovechado esta estupidez de unas dirigentes forasteras y adanistas para impulsar la visibilidad de su Escuela de Arquitectura, capitalizando mediáticamente el concurso y sus resultados.
El propio diseño institucional del certamen (cerrado a una sola universidad) refuerza la sensación de que no estamos ante una política pública abierta, sino ante una operación de marketing encubierta.
Para ello se recurre a una narrativa grandilocuente mientras se delega el futuro del espacio urbano en propuestas académicas que, por definición, carecen del grado de desarrollo técnico, económico y social que exige una intervención real.
Incluso, si algún día la alcaldesa Tejero y sus “amigüitas” decidieran echar a andar el proyecto, sería ilegal. Unos muchachos no pueden firmar algo tan importante. Sería un escándalo mayor.
Termino: La colaboración entre administraciones y universidades puede ser valiosa, pero siempre que se plantee como complemento, no como sustitución. Y en esta ciudad sería importante esa colaboración si el Ayuntamiento patrocinase una cátedra de Medio Ambiente, en la Universidad Politécnica de Montegancedo, por ejemplo, donde ya existe el Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas.
Pero, en este caso, el Ayuntamiento parece haber optado por lo segundo: convertir el urbanismo en un escaparate y la gestión pública en una extensión de estrategias de marketing educativo.
Pozuelo de Alarcón merece algo más que un “concurso de maquetas”.
Merece planificación rigurosa, participación ciudadana real y decisiones a la altura de lo que representa su centro urbano.
Todo lo demás corre el riesgo de quedarse en eso: un ejercicio de la Señorita Pepis con consecuencias muy reales como el mal uso del nombre de Pozuelo de Alarcón.
Juan Manuel Sánchez






