Piratas holandeses en el Océano Pacífico durante la Tregua de los doce años (I): Primera batalla de Playa Honda con la gran victoria de los españoles al mando de Juan de Silva y Enríquez

A principios del siglo XVII, la decadencia de la Armada española era manifiesta. Se había perdido el dominio del mar y el comercio interoceánico se interrumpió al paralizarse las flotas de Nueva España y Tierra Firme, así como la ruta portuguesa por el Cabo de Buena Esperanza por el acoso de las flotas holandesas en el Océano Atlántico.
Las causas de la decadencia fueron analizadas en una Memoria dirigida el rey Felipe III, escrita por el consejero de guerra Diego Brochero, en la que se analizaban los problemas que impedían el desarrollo de nuestra armada en paralelo a los otros países y proponía remedios para corregir los errores.
Las dos principales causas de por qué España no dominaba el mar eran: Una, porque los gobernantes españoles consideraban que la Armada era inútil en el escenario europeo donde pensaban que se jugaba la supremacía española en Europa, y dos, la sistémica falta de recursos, siempre faltaba dinero y cuando se disponía de algo se dedicaba a pagar las pagas retrasadas el ejército (durante el reinado de Felipe II se produjeron suspensiones de pagos de la deuda en los años: 1557, 1576 y 1596; y durante los primeros años del reinado de Felipe III se produjo la suspensión de pagos de 1607).
Además de lo anterior, Brochero denunciaba: El tratamiento, desconsideración y menosprecio de los marineros; el defectuoso armamento y la falta de instrucción en su manejo y los hurtos de todo tipo como consecuencia de la constante falta de pagas.
Eso sí, se producían muchos nombramientos y cambios en los mandos de la Armada, pero como indicaba Brochero en su discurso” no bastaba la designación de generales, por aptos que se conceptuaran, para formar armada permanente”. Había necesidad de corregir las practicas desacreditadas por la experiencia y aplicar las que estaban proporcionando magníficos resultados a nuestros vecinos.
Los holandeses, como ya hemos contado en capítulos anteriores de esta serie, estaban el Extremo Oriente en las zonas próximas a las Islas Filipinas y en Japón. Siempre deseosos de interceptar los Galeones de Manila y dispuestos a echar a los españoles de las islas.
Las rutas conocidas hasta entones para alcanzar las islas de las Especies eran dos: La controlada por los portugueses que circunvalaba África y la que cruzaba el Estrecho de Magallanes que controlaban los españoles.
Pero en 1610, Hendrick Brouwer, pirata y navegante, descubrió una nueva ruta navegando hacia el sur desde las costas sudafricanas hasta la isla de Java (isla indonesia, donde se ubica la capital de Indonesia, Yakarta).
Navegó rumbo sur hasta que encontró la zona de los Rugientes Cuarentas (los fuertes vientos del oeste que soplan gran parte del año en las latitudes sur entre los 40º y 50º), reduciendo la anterior duración de los viajes en 5 a 6 meses.
Si la situación en las costas peninsulares y en el Tesoro español era tal y como hemos descrito en las líneas anteriores, la situación de Filipinas eran bastante perores: sin ningún buque construido fuera de las islas, los que se construían que eran útiles para enfrentarse a los buques de los piratas de las islas de Mindanao y Joló, pero totalmente inadecuadas para afrontar a los modernos navíos holandeses que navegaban por las aguas del archipiélago. Además, los pocos recursos que llegaban de Nueva España se dirigían sistemáticamente a mantener las recientemente conquistadas islas Molucas. El Gobernador de la época hizo lo que pudo a base de iniciativa y valor.
En abril de 1609 tomó el mando en Manila el nuevo gobernador, el extremeño de Jerez de los Caballeros (Badajoz) Juan de Silva y Enríquez. Hombre dedicado a la carrera de las armas y con gran experiencia en los combates de Flandes. Llegó acompañado de cinco compañías de soldados de infantería reclutados en Nueva España.
Pero por entonces llegaba a la zona una escuadra holandesa de la Compañía de las Indias Orientales formada por 13 buques, con alrededor de 2.900 hombres con pertrechos para tres años. Había zarpado de Texel (isla y también un municipio de los Países Bajos, la más grande de las islas Frisias y a su vez la más occidental) en diciembre de 1607 a los órdenes del almirante Pieter Willemasz Verhoeff. Tenía como objetivo expulsar a los españoles de las islas Molucas.
Verhoeff había participado en la derrota española de Gibraltar de 1607.
En febrero de 1609 arribó sin incidentes a Batam (puerto y ciudad al final de la costa oeste de la isla de Java) para castiga a los nativos que se habían rebelado contra los holandeses.
La Compañía de las Indias Orientales (Vereenigde Oostindische Compagnie, VOC) fue la primera compañía por acciones del mundo. Disfrutaba de un monopolio de 21 años para llevar a cabo actividades comerciales en Asia. Cualquier residente en los Países Bajos podía comprar acciones, acciones que se vendían libremente en lo que sería la futura Bolsa de Ámsterdam.
La compañía tenía poderes comparables a los de un gobierno: podía declarar la guerra, juzgar a persona, acuñar moneda y establecer colonias.
La lucha contra los rebeldes de Java fue favorable a los holandeses, aunque el almirante murió en una escaramuza con los rebeldes. Su sucesor fue el almirante Francis Wittert.
Este, conociendo el estado de las islas Filipinas, eligió cuatro de los navíos más fuertes de su escuadra y, junto a otros dos más pequeñas, se dirigió a realizar un golpe de manos a Panay (isla filipina en las Bisayas Occidentales) puerto que servía de base para el envío de refuerzos españoles a las islas Molucas. Los defensores españoles lo derrotaron por lo que puso rumbo a Manila.
Para conocer la situación de Manila basta leer lo que el gobernador Juan de Silva escribió al rey: “Hallábame, decía, imposibilitado de todo; sin navíos, sin artillería, sin municiones de guerra, sin bastimentos y sin un real con que remediar tantas faltas Sabe la Magestad de Dios la aflicción con que estaba, viéndome tan cerca de que se perdiesen estas provincias que mi Rey me había entregado para que se las defendiese”.
Wittert apareció en la bahía de Manila los primeros días de noviembre de 1609 con su escuadra de 4 navío (tres galeones y un patache).
Después de tantear las defensas de Manila, decidió fondear en Playa Honda situada a unas 20 millas leguas de Manila, a la entrada de la bahía, desde donde controlaba el tráfico de buques procedentes de China, Japón y las Indias. Era un negoció fácil y productivo que, además, producía el estrangulamiento de la ciudad. A la vista de los resultados obtenidos, no le merecía la pena combatir para tomar Manila.
Estando en Playa Honda, Wittert recibió como refuerzo a otro galeón armado de 16 cañones. Así, estuvieron robando plácidamente hasta pasada la mitad de abril del año siguiente, 1610.
Durante todo este tiempo el gobernador Juan de Silva desarrolló una actividad frenética para poder poner en estado de defensa a la ciudad. Retuvo los refuerzos destinados de Ternate (isla de las Molucas), consiguió alistar a unos 500 soldados y construir una armada para salir a pelear con el holandés.
Para ello comenzó en activar los astilleros de las islas para construir naves y fundir cañones, esta última actividad nunca se había llevado a cabo en las islas.
En el astillero de la isla de Marinduque (pequeña isla en el mar de Sibuyan, al sur de la isla de Luzón donde se ubica Manila) se construyeron dos galeras, una de las cuales fue enviada a Cavite a por aparejos, pero los remeros chinos se sublevaron matando al capitán y a los pocos soldados españoles que la guarnecían y se fugaron a su tierra. Eso obligó a iniciar la construcción de otra nueva.
Las descubiertas que los holandeses practicaron en la bahía durante este tiempo no descubrieron ninguna actividad peligrosa para ellos por lo siguieron robando todo lo que pretendía entrar en la bahía.
Juan de Silva consiguió formar, en solo seis meses, una pequeña escuadra formada por dos galeones, la capitana San Juan Bautista, y un galeón viejo que estaba listo para el desguace y que se careno y se recuperó, la almiranta Espíritu Santo. Cuatro pataches: Santiaguillo, San Ildefonso, San Pedro y San Pablo y San Pedro, dos galeras y algunos barcos menores. Juan tomo el mando en persona de la escuadra y como almirante nombró a su sobrino Francisco de Silva.
Para ello: se fundieron las campanas de las iglesias para los cañones, las rejas de las casas para la clavazón (clavos para las naves) y ordenó una leva forzosa de todos los españoles útiles, incluido los escuderos de las damas (criados que servirán a una señora). Logrando unir a unos 800 soldados, de ellos 150 nativos.
Zarpó el día 21 de abril y alcanzó Playa Honda el día 24 al amanecer, encontrando totalmente descuidado al enemigo que fue completamente derrotado.
Solo se salvaron huyendo una nao y un patache enemigo. Las bajas de los españoles fueron unos cien entre personal de mar y soldados, además de bastantes heridos. Entre los holandeses murieron la mayoría de la gente, incluidos el general y el almirante, se hicieron más de 130 prisioneros y se liberaron algunos españoles que tenían presos.
Se recogieron 70 cañones, muchas municiones y gran cantidad de géneros que fueron valorados en más de 100.000 ducados.
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia.
- Fernández Duro, Cesáreo. Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. VII, Expediciones a Ultramar. Instituto de Historia y Cultura Naval.
- Molina, Antonio. M. América en Filipinas.
- Gómez Cañas, Santiago. Primera Batalla de Playa Honda. Abril de 1610.






