Pedro Téllez-Girón, El Gran Duque de Osuna: Uno de los grandes hombres que ha dado España pero que, pese a las glorias obtenidas, murió injustamente encarcelado sin haber sido juzgado

Pedro Téllez-Girón, III Duque de Osuna, VII Conde se Ureña y II Marqués de Peñafiel, fue considerado por la Historia como el Gran Duque de Osuna.
Sevillano de Osuna, único hijo varón superviviente del matrimonio formado por Juan Téllez -Girón, II Duque de Osuna, y Ana María Fernández de Velasco, heredó el título a la muerte su padre en 1594. Usó siempre el apellido Girón
Hombre de su tiempo, militar (herido dos veces en Flandes, en una pierna que le produjo molestias toda su vida y en la mano de la espada donde una bala le arrancó el dedo pulgar), diplomático, político (Virrey de Sicilia y de Nápoles). Quizá el único capaz de analizar correctamente la situación del Imperio y así lo hizo en un discurso al Consejo:
“ Con tantos reinos, con tan considerables recursos, no ha podido vencer la augusta Casa de Austria a un puñado de rebeldes en los Países-Bajos , porque su gran piedad la debilita, y el Turco, porque hace depender del interés la religión, y de la autoridad la vida y la sustancia de sus vasallos, triunfa y se extiende de manera que, si no se remedia, será pronto monarca y castigo de Italia… Bien puede decirse que Y. M. no tiene de aquel reino más que el título (reino de Sicilia), y que disfrutan el usufructo los cosarios turcos.”
Fue uno de los pocos hombres capaces de entender que sin una potente marina era imposible mantener el imperio, la potencia y reputación de España. España no dominaba el mar, ni siquiera tenía marina, y no por falta de buenos marinos ni de medios para crearla, sino porque los gobernantes españoles consideraban que la Armada era inútil en el escenario europeo donde pensaban que se jugaba la supremacía española en Europa.
Entretanto, los enemigos de España (Francia, Inglaterra, Holanda) creaban rápidamente una marina fuerte que incrementaban sus poderes nacionales a costa de los intereses españoles. Sin el dominio de los mares no era posible mantener el extenso mundo colonial español, como hemos ido contando en los capítulos anteriores de esta serie.
Huérfano de madre desde mi joven, fue educado por su abuelo el I duque de Osuna y su segunda esposa, quien se le llevó consigo a su destino como Virrey de Nápoles.
Poseedor de una gran inteligencia, Pedro regresó de Italia hablando latín e italiano. Según su biógrafo, el escritor e historiador milanés Gregorio Leti, estudió en la Universidad de Salamanca, pero su presencia en la universidad no está contrastada.
En su juventud fue una cabeza loca, su vida fue una sucesión de aventura galantes, duelos y pleitos que lo llevaron dos veces a ser arrestado y a sucesivos destierros. Del último arresto consiguió escaparse con ayuda de parientes y amigos y, en secreto, partir hacia Flandes. Llegó a Bruselas a finales de septiembre de 1602.
Para entonces ya era un hombre casado con Catalina Enríquez de Rivera, nieta de Hernán Cortés, el conquistador de Méjico.
Se alistó como simple soldado en el ejército del Archiduque Alberto, pero, poco más tarde, le dieron el mando de dos compañías de caballería, 500 hombre organizados de su cuenta. Se puso voluntariamente a las órdenes de Ambrosio de Spínola que estaba asediando a Ostende (ciudad de la provincia belga de Flandes Occidental).
Entre 1602 y 1608 tuvo una destacada actuación en la guerra de Flandes, participó con distinción en los sitios de las ciudades, en operaciones anfibias de apoyo a ciudades sitiadas y batallas campales.
Participó en el socorro a la Esclusa en la con las galeras de Federico de Spínola, hermano de Ambrosio, que murió como consecuencias de una herida en la acción. Esta fue la primera batalla naval del duque.
Fue enviado a apaciguar los motines de las tropas del archiduque de guarnición en Brabante (antiguo ducado repartido entre los Países Bajos y Bélgica). Girón contribuyó al apaciguamiento de los amotinados pagando de su bolsillo parte de las pagas atrasadas que se les debían.
En 1604 formó parte del séquito del Condestable cuando este fue a Londres a negociar a la paz con Inglaterra.
Acabada la campaña en 1606 y comenzadas las negociaciones de paz con los holandeses, solicitó permiso para volver a España, permiso que le fue concedido por lo que volvió en 1608.
Fue condecorado con la máxima condecoración española, el Toisón de Oro, por sus hechos en el asalto de Grool (Groenlo, Grolle, Groll o Grol), una ciudad en la provincia de Güeldres, próxima a la frontera con Alemania, y a petición del Rey escribió un informe exponiendo sus opiniones contra el acuerdo de paz.
Acordó con el duque de Uceda (hijo del valido Duque de Lerma y futuro sucesor de su padre en el cargo) el matrimonio de Juan su hijo legitimo con Isabel, la hija de Uceda. Este enlace reforzaba su posición con la familia Sandoval que dirigió la política española hasta la muerte del rey Felipe III en 1621.
Se opuso a la expulsión de los moriscos lo que le originó serios disgustos con la Inquisición por ser, además, el único en sostener en el Consejo esta opinión.
En 1610, con ocasión del nombramiento de un nuevo Virrey de Sicilia, Pedro Girón se dirigió en un discurso al Rey. Algunos de cuyos enunciados más importantes hemos expuesto en párrafos anteriores y que le valió ser nombrado Virrey.
Tomó posesión del cargo en abril de 1611, en unos momentos en los que el reino de Sicilia se encontraba en un estado lamentable debido a los continuos ataques de los turcos y los piratas berberiscos, unido a la impunidad con el que se regían los nobles de la isla. Estos disponían de cuadrillas de bravos que le ayudaban, más que a defenderse, a actuar en satisfacer sus caprichos, venganza, cometiendo todo tipo de excesos y crímenes en total impunidad.
Tres días después de su llegada publicó un bando con ocho artículos para corregir la situación de la isla, situación que consiguió corregir en menos de un año.
Por entonces la escuadra de Sicilia prácticamente no existía y las pocas galeras que contaban (9 en total, de las que 3 hubo que desarmar por inútiles) eran inoperante por falta de remeros y de bastimentos y con treinta pagas atrasadas. El duque decidió construir una escuadra a su costa.
En dos años tuvo lista una escuadra que puso a las órdenes de Octavio de Aragón, de la estirpe con apellido de Aragón, un italiano de Palermo que había combatido en Flandes a las órdenes de Alejandro Farnesio.
Con una tripulación escogida, bien pagada y con una chusma (conjunto de galeotes que servían en las galeras) bien alimentada con mayor rendimiento y salud, el duque se encontró listo para probar su eficacia. En marzo de 1812, envió seis galeras al mando de Antonio Pimentel a dar un golpe de mano en Túnez que resultó ser gran éxito. Que se repitió pocos días más tarde en Bizerta (ciudad del norte de África, Túnez), esta vez con la ayuda de las galeras de la escuadra de Nápoles.
Los turcos quisieron desquitarse atacando Mesina (puerto y ciudad de Sicilia) donde volvieron a ser derrotados.
La escuadra del duque, a las órdenes de Octavio de Aragón siguió atacando las costas del norte de áfrica, defendiendo la isla de Malta de los ataques de represalia de los turcos. En Cabo Corvo (entre las islas de Samos y Kíos), con 8 galeras reforzadas con infantería, se enfrentó con otra escuadra turca de diez galeras, rindió a siete en menos de una hora, huyendo las otras.
Las envidias y las murmuraciones en la Corte, y el tipo de guerra de corso que practicaban las galeras del duque, hizo que se dictase una orden prohibiendo a los particulares el corso por razones de ética cristiana y exigiéndole el desmantelamiento de esta.
Fue cesado del cargo de Virrey de Sicilia y nombrado Virrey de Nápoles en 1615. Tomó posesión de su nuevo mando en junio de 1616 entrado en la ciudad con su propia escuadra.
En Nápoles, el duque aplicó las mismas políticas que ya había desarrollado en Sicilia para corregir la situación de la isla y continuó con la misma política naval, reforzada su flota con los buques redondos (del tipo de galeones pequeños) que había construido durante su etapa siciliana y cuya construcción habían sido desechados por los demás.
Estos buques tenían gran ventaja sobre las galeras por su mayor robustez estructural, número de cañones, alto bordo que dominada a las galeras y permitía atacarlas desde arriba. Aunque las galeras podían escapar de sus enemigos remando contra el viento y aprovechar su escaso calado para ponerse a buen recaudo. Pero eran inferiores en el combate naval salvo que se calmara o amainara el viento.
No obstante, España se vio obligada a mantenerlas en el Mediterráneo porque era el tipo de buque que usaban sus enemigos turcos y berberiscos.
El duque inauguró la campaña naval en 1616 enviando a su escuadra de buques redondos al mando de Francisco de Rivera (un toledano, valiente y decidido con amplia experiencia en el mar). La escuadra estaba formada por siete buques con una tripulación reforzada por 1.000 mosqueteros para aprovechar el alto bordo de los buques.
Rivera alcanzó una gran victoria contra una flota turca formada por 55 galeras que embarcaban no menos de 275 cañones (por 95 por banda de los españoles) y 12.000 soldados contra los 1.600 españoles. La batalla se desarrolló en el cabo de Celidonia (costa sur de Anatolia , Mar Mediterráneo Turquía). Duro tres días a mediados de julio de 1616.
La flota turca quedó virtualmente desecha con cinco galeras hundidas, dos voladas y el resto gravemente dañadas, con pérdidas de unos 1.500 soldados turcos, además de otros 2.000 hombres de mar entre marineros y remeros. Las pérdidas españolas no pasaron de 34 muertos, 93 heridos graves y muchos leves, con la nave capitana y el patache gravemente dañado. Rivera fue recompensado con el título de almirante y con la concesión del hábito de la orden de Santiago.
Ese mismo año, para no tener a la gente ociosa durante el invierno, el 12 de octubre zarpó Octavio de Aragón con 12 galeras rumbo a las costas turcas. Usando un ardid consiguió cañonear la capital turca, Constantinopla, retirándose sin ningún daño.
Otro combate importante fue el ocurrido en el Mar Adriático contra la armada veneciana. En 1619 se conoció la existencia de un tratado entre los holandeses y los venecianos por la que aquellos enviarían en apoyo de 21 buque y un ejército de 4.000 hombres.
El gobierno español no sabía qué actitud tomar por lo que ordenaron que el duque de Osuna atacara con sus buques redondeo como si fuera cosa suya. El duque respondió que si salía derrotado del lance, bastaría echar las culpas al virrey y, por el contrario, si se vencía el mérito siempre sería del Rey.
Al amanecer del día 22 de noviembre se encontraron ambas flotas en las proximidades de Ragusa (por entonces Republica de Ragusa, en el Mara Adriático, actualmente Dubrovnik, Croacia).
La flota de Nápoles, a las órdenes de Rivera, estaba compuesta por 15 galeones, mientras que la veneciana estaba formada por 18 galeones, 6 galeazas y 34 galeras.
El combate duró 14 horas y los venecianos se retiraron completamente derrotados perdiendo unos cuatro mil hombres, por unas trescientas bajas españolas.
Acusado de haber urdido la Conspiración de Venecia y de querer independizar Nápoles y Sicilia de la Monarquía española, entre otras acusaciones falsas, Girón fue llamado a la Corte.
Ligado a la familia Sandoval (familia de los privados Duques de Lerma y de Uceda) en constante enfrentamiento con la familia Zúñiga (Baltasar Zúñiga y su sobrino el Conde-Duque de Olivares, nuevo valido de Felipe IV), la muerte de Felipe III en 1621 privó al duque del apoyo real y, un mes más tarde, los nuevos gobernantes ordenaron su encarcelamiento..
Permaneció en prisión hasta su muerte en 1624. Nunca fue juzgado por las acusaciones por las que fue llamado a la Corte y cesado como Virrey de Nápoles.
Así es España con sus grandes hombres.
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia
- Fernández Duro, Cesáreo. Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. VII, Expediciones a Ultramar. Instituto de Historia y Cultura Naval
- Fernández Duro, Cesáreo. El duque de Osuna y su Marina. Jornada contra turcos y venecianos, 1602-1624.
- Alcázar Miragaya, Javier H. Conmigo corre la cabeza peligro de quien no lo hace…The common fate of the Duke of Osuna and the Marquis of Charnela. U.C. Madrid.
- Rodríguez González, Agustín Ramón. Celidonia y Ragusa. Revista General de Marina. Julio de 2.000.






