Walter Raleigh, explorador, corsario y pirata, pasó de ser nombrado caballero por Isabel I a ser ejecutado por Jacobo I. Fue uno de los escritores que difundió la leyenda de El Dorado

Walter Raleigh es un viejo enemigo al que hemos ido encontrando en capítulos anteriores y que merece tener un capítulo para él solo.
Sir Walter Raleigh fue uno de los más famosos exploradores, corsario y pirata durante el -reinado de Isabel I. Llegó a ser favorito de la reina quien lo nombró caballero en 1585. Acusado de traición por el sucesor de Isabel, Jacobo I de Inglaterra e Irlanda y VI de Escocia), fue encerrado en la fortaleza de la Torre de Londres y finalmente ejecutado.
Fue un erudito y escritor que escribió libros de viajes que fueron muy traducidos en su tiempo y que contribuyeron a difundir la leyenda de El Dorado.
Nació alrededor de 1554 en Devon, fue el hijo menor de Walter Raleigh de Fardell y su tercero esposa Katherine Champernowne. Su familia, de devotos protestantes, estaba muy bien relacionada con la Corte.
Estudió en el Oriel College de Oxford, pero nunca acabó carrera, y derecho en el Middle Temple de Londres. Fue miembro del Parlamento.
Los españoles lo conocían como Guatarral o Guantarral.
Formó parte del ejército francés en las guerras de religión y luchó contra los españoles en los Países Bajos formando parte del ejército de Guillermo de Orange.
En 1587, junto con su hermanastro Humphery Gilbert que había sido coronel del ejército inglés en Flandes, armó una flota de siete barcos con la intención capturar galeones españoles, pero fue derrotado por la escuadra española de Guarda de Indias. Los dos hermanos acabaron en la ruina.
En 1580, combatió contra los rebeldes irlandeses en la Segunda Rebelión de Desmond (1579-1583) en la provincia de Munster (sur de Irlanda), rebelión organizada por los Fitzgerald de Desmond. Su comportamiento valeroso y cruel con los vencidos llamó la atención de la reina Isabel I.
Bien relacionado en la Corte en 1582, pronto comenzó a recibir honores y cargos de la reina de quien llegó a ser su favorito.
Organizó una nueva expedición, tan desgraciada como la anterior, formada por cinco navíos que puso a las órdenes de su hermano Gilbert. Llegaron a desembarcar en Terranova, pero visto la pobreza de la tierra decidieron regresar. Sufrieron un temporal, murió Gilbert y únicamente regresó un buque a Inglaterra.
Raleigh impulsó la idea de establecer colonias inglesas en América del Norte, en los territorios no ocupados por España con dos objetivos: desafiar la política colonial española y disponer de bases desde las que atacar las ciudades y flotas españolas en el continente.
En mazo de 1584, la reina le concedió una carta real para establecer una colonia en Norteamérica.
En ese año y en los siguientes, Raleigh envió arias expediciones que lograron fundar una colonia en la isla de Roanoke (Carolina del Norte) a la que llamó Virginia en honor a la reina. Después de múltiples problemas y expediciones de apoyo y ayuda frustradas, los supervivientes o fueron recogidos por Francis Drake en 1586 a la vuelta de una de sus incursiones a las Indias (la primera teoría), o desaparecieron, probablemente mezclados con los indígenas (segunda teoría).
Frustrado en su intención de crear una colonia en la costa oeste norteamericana, Raleigh puso sus ojos en Suramérica en busca de las fabulosas riquezas que se encontraban en esa zona.
En 1595, zarpó de Plymouth con una flota compuesta de cinco navíos y otras tantas embarcaciones más pequeñas rumbo al Orinoco (uno de los ríos más importantes de América del Sur que fluye principalmente por Venezuela y Colombia).
Merodeó por las islas Canarias, desembarcó en Fuerteventura donde hizo aguada, robó ganado y capturó a un par de barcos, partiendo a continuación rumbo a Sudamérica.
Atacaron la isla de Trinidad (actual Trinidad y Tobago) donde hicieron prisioneros al gobernador, Antonio de Hoz Berrio (soldado, conquistador y gobernador, un segoviano de origen vizcaíno que organizó varias expediciones en busca de El Dorado) y al capitán Antonio Jorge. Construyeron un fuerte de madera para proteger la entrada del Orinoco de buques menores y proteger a los navíos mayores que quedaron anclados en la isla.
Viajó directamente al Orinoco y subió rio arriba unas 150 leguas. Según informes enviados a Felipe II, remontó le rio hasta la confluencia con el río Caroní (segundo río más importante de Venezuela que fluye de Sur a Norte y desemboca en el Orino en la actual Ciudad Guayana) y exploró los saltos de este río hasta los territorios del jefe Morequito, con quien confraternizó e intercambió regalos. Siguió avanzando hasta el punto en el que el calado de sus navíos le impidieron seguir adelante.
Después de intentar encontrar el Dorado sin lograrlo, decidió regresar a Trinidad.
Decidido a borrar todas las huellas de su pasado por la isla, quemó y arrasó el pueblo de San José de Oruña (en la actual Trinidad y Tobago) que había sido fundado, pocos años antes, por Domingo de Vera Ibargoyen (guipuzcoano, maese de campo y explorador del río Caroní).
Aquí volvió a salir a flote la crueldad de Raleigh, mandó matar a todos los habitantes y enterrarlos en sus ruinas.
Intentó hacer lo mismo en la ciudad de Curamá (actual capital del estado de Sucre en Venezuela, ubicada en la desembocadura del río Manzanares), pero la resistencia de sus habitantes lo impidió, es más, Raleigh se vio obligado a liberar al gobernador de Trinidad a cambio de prisioneros ingleses apresados durante el combate.
Intentó tomar Riohacha (ciudad colombiana capital del departamento de La Guajira, en la costa caribeña), pero fracasó. El único triunfo de la expedición lo logró su lugarteniente Amyas Preston que, por primera y única vez en la historia, consiguió saquear la ciudad de Caracas, actual capital de Venezuela.
De regreso a Londres escribió un libro titulado El Descubrimiento del vasto, rico y hermoso imperio de las Guayanas con un relato de la poderosa y dorada ciudad de Manoa (que los españoles llaman El Dorado).
En 1596, Raleigh estaba el mando de una escuadra en la armada angloholandesa que a las órdenes de Charles Howard y Rober Devereux, conde de Essex, tenía como objetivo atacar a los buques españoles en sus puertos y, posteriormente, poner rumbo a las Azores para interceptar la Flota de Indias. Como hemos contado en capítulos anteriores, tomó y saqueó Cádiz durante 14 días y la flota regresó a Inglaterra.
En 1597 formó parte de la expedición angloholandesa de Robert Devereux, segundo conde de Essex, del que fue vicealmirante.
Expedición de la que ya hemos hablado y que tenía por objeto destruir la flota española preparada para invadir Irlanda que estaba fondeada en el puerto de Ferrol. Pero la flota inglesa fue dispersada por un temporal y, ante la imposibilidad de atacar el puerto, se dirigió a las Islas Azores para apoderarse de la Flota de Indias. Pero esta, mandada por Juan Gutiérrez de Garibay, logró esquivarla, arribar a Sanlúcar con pérdidas menores y hacer que la flota inglesa regresara a su país sin cumplir ninguno de sus objetivos.
El desastre originó una manifiesta enemistad entre conde de Essex y Raleigh que solo terminó con la ejecución de aquel por traición en 1601.
En marzo de 1603, la reina Isabel I murió y ascendió al trono su sucesor Jacobo I. Un año más tardes, en 1604, ingleses y españoles acordaron un tratado de paz, el Tratado de Londres, que dio fin a la guerra.
Ese mismo año Raleigh fue acusado de traición. Sus enemigos en la Corte lo implicaron en el llamado Complot Principal que trataba de derrocar al rey y sustituirlo por Lady Arabella Stuart considerada por algunos como sucesora de Isabel I. Arabella era prima del rey Jacobo I y ocupaba una posición delicada y peligrosa en la Corte al ser pretendiente al trono de Inglaterra y de Escocia (trono que ocupaba Jacobo I porque tenía derecho de precedencia por ser varón).
Raleigh fue juzgado y condenado a muerte, pero el rey permutó la sentencia de muerte por una condena perpetua. Fue encerrado en la Torre de Londres donde permaneció trece años.
Durante su prisión escribió una Historia del Mundo, además de escribir poesía y estudiar.
Por la intercesión de algunos amigos, el rey liberó de la Torre a Raleigh en 1616, pero no lo indultó.
Esperaba explotar ciertas minas de oro que decía haber descubierto en Venezuela en su incursión de 1595. El rey le permitió llevar a cabo una segunda expedición con el compromiso de explotarlas sin ofender a España.
Zarpó de Plymouth en marzo de 1617 con una flota compuesta por 17 navíos y 2.000 soldados, pero una tormenta en el Canal la dispersó, zozobrando uno de ellos y retrasando la salida definitiva al tener que reagruparla de nuevo.
Desembarcó en Lanzarote donde mantuvo escaramuzas con las fuerzas del gobernador español. En la isla, desertó uno de sus capitanes y algunos marineros que informaron a las autoridades españolas de las intenciones de Raleigh.
Llagaron a la Isla de Trinidad en noviembre, fondeó los buques mayores y envió los pequeños al Orinoco con unos 600 soldados al mando de Lorenzo Keymis quien tenía como subordinado al hijo de Raleigh, Walter.
Atacaron la ciudad de Santo Tomé de Guayana (Actual Ciudad Bolívar a orillas del Orinoco) que encontraron preparada para su defensa por el gobernador Diego Palomeque de Acuña que había recibido la correspondiente información de la expedición.
En los combates murieron: por parte inglesa, Walter, el hijo de Raleigh, y, por parte españolas, el gobernador Palomeque, además de otros miembros de ambos contendientes. Los españoles tuvieron que retirarse al monte.
Después de 26 días en Santo Tomé, y de unas 250 bajas, los atacantes se vieron obligados a retirarse sin apenas botín.
Keymis se suicidó, los capitanes de los navíos lo abandonaron y, en 1618, fue obligado por la tripulación a fondear en Plymouth en lugar de algún puerto de Francia como Raleigh quería para evitar los castigos por desobedecer las órdenes reales.
Acusado por el embajador español Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar, de los hechos ocurridos en el Orinoco, además de incitar deliberadamente a una nueva guerra con España. Fue juzgado por traidor y ejecutado en octubre de 1618.
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia.
- Fernández Duro, Cesáreo. Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. VII, Expediciones a Ultramar. Instituto de Historia y Cultura Naval
- Lucena Salmoral, Manuel. Piratas, bucaneros, filibustero y corsarios en América.
- Burset Flores, Luis Rafael. Señores de las indias: las agresiones inglesas al Caribe español. Universidad Carlos Albizu. Revista de Indias, 2121, vol. LXXXI, núm. 283.
- Sir Walter Raleigh. With the whole world explore, this wild spirit found himself caged at the Tower of London. Tower London. Historic Royal Palace.
- Latham, Agnes M.C. Sir Walter Raleigh, English explorer.






