Mencía Calderón Ocampo, La Adelantada: Otra valiente gran mujer. La única española que mandó una expedición al Nuevo Mundo, tras la muerte de su marido

Una mujer valiente que, después de la muerte de su marido y desafiando las costumbres de su época, osó continuar con la misión encomendada a aquel. Consiguió que el emperador Carlos V concediera su hijo heredar el título de Adelantado y, antes la dificultades de financiación de la expedición prevista, no se acobardó y consiguió que el Consejo de Indias la autorizase a zarpar con tres buques bajo su mando mientras su hijo trataba de conseguir dinero para financiar los otros tres comprometidos. Su hazaña fue silenciada durante siglos por la historiografía oficial.
Después de la muerte del primer Adelantado del Rio de la Plata, Pedro de Mendoza, la Corona nombró Adelantado del mimo territorio a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, nombramiento que no gustó a los residentes en el colonia lo que, unido a su desconocimiento del medio y a su comportamiento con los colonos, dio lugar una sublevación que lo destituyó y envió a España cargado de cadenas.
Al enterarse de lo sucedido a Cabeza de Vaca, Juan de Sanabria, un ricohombre de Medellín, solicitó el puesto de Adelantado, puesto que le fue concedido, firmando las capitulaciones correspondientes en julio de 1547. Se le concedían, por dos vidas, los títulos de adelantado, gobernador, capitán general, alguacil mayor y teniente de las dos fortalezas que tendría que construir en el Rio de la Plata y en Brasil: “…doy licencia y facultad a vos el dicho capitán Juan de Sanabria. …podáis descubrir y poblar por nuestra contrataciones doscientas leguas de costa de la boca del Río de la Plata y lo de Brasil…”.
La prohibición de embarcar mujeres en los buques de los descubridores y conquistadores, dio lugar a una gran carencia de mujeres españolas en el Nuevo Mundo, carencia que hizo que los españoles residentes se casaran o cohabitaran con las nativas dando lugar a un continuo mestizaje que preocupaba a las autoridades. Si a lo anterior unimos el efecto contrario que se estaba produciendo en la Península: una notable escasez de hombres solteros debido a las guerras exteriores de la Monarquía y a la emigración a las nuevas colonias americanas y asiáticas. Como a las mujeres hidalgas de la época solo se le ofrecían dos posibilidades: casarse o ingresar en un convento, y la primera de ellas no era fácil de conseguir.
Una de las áreas donde la falta de mujeres españolas era más acusada era en Asunción, ciudad conocida por entonces como “El Paraíso de Mahoma” donde era normal que los pobladores vivieran con varias mujeres nativas al mismo tiempo. Un intento de solucionar el problema fueron las capitulaciones firmadas por Juan de Sanabria con la Corona, ésta le exigía llevar en su expedición, a su costa, cien parejas casadas y una cierta cantidad de mujeres solteras, en edad casadera, con el propósito de contraer matrimonio con los solteros residentes en el territorio. Además, estaba obligado a construir dos establecimientos: uno, en la Isla de Santa Catalina en la costa brasileña y, la otra, en la costa sur del Río de la Plata, con el objetivo de defender la costa atlántica de la expansión portuguesa.
Juan de Sanabria se casó en 1535, en segundas nupcias, con Mencía Calderón Ocampo, matrimonio al que aportó un hijo de su primera mujer llamado Diego.
Mencía había nacido en Medellín (Badajoz) en 1514, sus padres, pertenecientes a la baja nobleza, fueron Alonso García y Ana Ocampo.
Mencía decidió seguir a su esposo, el Adelantado, en su aventura pobladora, uniéndose a la expedición con las hijas habidas en el matrimonio. Siguiendo su ejemplo, se unieron también numerosas familias extremeñas de los pueblos limítrofes, así como otras jóvenes mujeres en edad casadera a las que se la abría, a costa de realizar un peligroso viaje, la esperanza de un brillante casamiento en el Nuevo Mundo, además de formar parte de la nueva nobleza colonial.
En 1549, cuando la expedición estaba casi lista para partir, Juan de Sanabria murió, dejando a la expedición en el aire al quedarse sin líder.
Mencía no se acobardó y, ya que no podía ser Adelantada, consiguió cosas aparentemente imposibles para una mujer en su época. En primer lugar, el emperador Carlos I, el 12 de marzo de 1549, refrendó unas nuevas capitulaciones confirmando a Diego de Sanabria, un mozo de apenas 18 años, como heredero y sucesor de los títulos de su padre. Diego se obligaba a fundar las dos poblaciones que figuraban en las capitulaciones firmadas con su padre, además de preparar la expedición con 6 naves; llevar al Nuevo Mundo 80 hombres casados con sus mujeres, 20 mujeres casaderas y 250 entre solteros y solteras de cualquier edad; y con todos los costes a cargo del adelantado: “todo a vuestra costa y misión, sin que en ningún tiempo seamos obligados a vos pagar ni satisfacerlos los gastos que en ello hicieres”.
Aunque Mencía vendió todas sus propiedades, sus caudales no alcanzaban para cubrir los gastos totales de la expedición, por lo que decidió pedir autorización al Consejo de Indias para que la empresa se llevara a cabo en dos partes: la primera mitad, mandada por la propia Mencía, partiría inmediatamente con las mujeres y, la segunda, zarparía más tarde cuando Diego consiguiera los medios necesarios para financiarla; autorización que, finalmente, aceptó el Consejo de Indias, siendo la primera vez que este organismo, sorprendentemente, aceptaba una expedición mandada por una mujer.
La expedición no era de conquista, era colonizadora y, por tanto, en los barcos, se transportaban semillas, útiles de labranza y animales vivos. Su objetivo era frenar la expansión portuguesa en la zona suroriental del continente.
El 10 de abril zarpó de Sanlúcar de Barrameda la primera parte de la expedición.
La componían tres naves: el patache San Miguel, la carabela Asunción y la nao San Juan. En ellas, junto a Mencía y sus hijas, se embarcaron alrededor de 300 personas.
Mencía, sus hijas y las mujeres solteras viajaban en la nave mayor, el patache, mandado por Juan Espinosa de Salazar como capitán mayor. Juan, hombre experimentado, había viajado con la primera expedición, la de Pedro de Mendoza, y había regresado a España trayendo preso al segundo adelantado, Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
Otros personajes importantes de la expedición fueron: Hernando de Trejo, Hernando de Salazar, Francisco Becerra, Juan de Ovando, Cristóbal de Saavedra y el lansquenete y futuro cronista de la expedición, Hans Staden.
Se acababa de iniciar un extraordinario viaje que duró, nada más y nada menos, cinco terribles años (el viaje normal entre la península y Asunción duraba unos 9 meses).
Después de hacer escala en las Islas Canarias, partieron rumbo a la isla de Santa Catalina en las costas sur de Brasil, en un viaje de unos 12.000 km y de una duración normal de unos cuatro meses, pero una tempestad dispersó la flota al sur de las islas de Cabo Verde.
La San Miguel acabó dañada en el Golfo de Guinea, tras esperar unos días al resto de la flota, la escasez de agua los obligó a dirigirse a Santa Catalina. Durante el trayecto fueron abordados por un pirata francés que, a cambio de respetar a las mujeres, despojaron a los tripulantes de todas sus pertenencias.
En diciembre arribaron a la isla y encontraron a la Asunción, la otra nave, la nao San Juan, se perdió, nunca más se supo de ella. La expedición estaba diezmada, del total de personas que embarcaron en Sevilla solo quedaban 120, los expedicionarios no se encontraban en condiciones de fundar el poblado que la Corona les había ordenado.
Después de recuperarse, decidieron trasladarse a un bahía más resguardada en la costa continental, pero perdieron los dos barcos en el intento.
Más de dos años permanecieron en la bahía, fueron atacados por los nativos y, antes las penurias que sufrían, decidieron construir un bergantín con los restos de las dos naves y trasladarse a territorio portugués para pedir ayuda. Al llegar a la isla de San Vicente, el gobernador portugués los retuvo casi dos años.
Mientras tanto, el adelantado Diego de Sanabria había conseguido fondos suficientes para armar las otras tres naves restantes de la expedición y, en 1552, zarpó de Sevilla con un par de centenares de soldados. Pero la expedición naufragó en la costa venezolana y Diego se perdió en el camino mientras intentaba llegar por tierra a de Asunción.
Ante la falta de noticias de Diego y de Mencía, el Consejo de Indias decidió retirar el título de Adelantado a Diego: “…que Diego de Sanabria no habiendo cumplido con la capitulación que se tuvo con Juan de Sanabria para llevar socorro a la Provincia del Río de la Plata, estaba bajo su gobierno y porque al servicio de Dios Nuestro Señor y mío conviene que haya persona que tenga la dicha gobernación y acatando a lo que vos Domingo de Irala nos habéis servido y que sois persona tal…”. Mencía quedó desposeída de todos sus derechos.
Cuando al fin los liberaron, Mencía se enteró de la pérdida de sus derechos y de la desaparición de Diego. La situación era complicada: sin dinero; sus derechos familiares revocados; con bastantes de las mujeres solteras casadas con miembros de la expedición o con ciudadanos portugueses, entre ellas una de las hijas de Mencía, María, que se había casado con el capitán Hernando de Trejo; los expedicionarios supervivientes estaban divididos.
En 1555, el grupo se dividió en dos. Por un lado, Juan de Salazar, con una parte, partió hacia Asunción siguiendo la misma ruta que ya había usado años antes Cabeza de vaca, llegando a la ciudad en octubre del mismo año.
El resto, con Mencía, decidida a cumplir lo pactado, sus hijas, Trejo, navegaron hacia el sur para fundar San Francisco de Mbiaza, en la costa continental, en la misma bahía donde habían perdido las dos naves dos años antes. Poco después tuvieron que abandonarlo debido a los continuos ataques de los nativos y de un corsario francés.
En el otoño de 1555, iniciaron el camino de unos 1.100 Km que los llevó, a través de la selva y sufriendo continuos ataques de los indígenas, hasta Asunción. En mayo del años siguiente, 1556, Mencía entraba en la ciudad con unas 50 personas, la mitad de ellas mujeres.
No se conoce ni la edad ni el lugar de su fallecimiento. Su historia, y las de las mujeres que la acompañaron, fue olvidada por la Historia, aunque sus descendientes formaron parte de las élites de la Colonización Española de Sudamérica.
Nietos de Mencía fueron: Hernando Trejo y Sanabria, hijo de María, obispo de Tucumán y fundador de la primera universidad argentina, la Universidad de la ciudad de Córdoba; otro nieto, Hernando Arias de Saavedra, también hijo de María y medio hermano del anterior (conocido como Hernandarias), fue el primer gobernador nacido en Paraguay.
Joaquín de la Santa Cinta, historiador. Autor de «50 héroes españoles olvidados»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia.
- Doña Mencía y su Armada de mujeres. Josefina Cruz.
- Doña Mencía La Adelantada: una expedición al paraíso. María Gabriella Dionisi. Università della Tuscia.
- Mencía Calderón: su asombrosa epopeya en América. Arte y Cultura.
- Mencía Calderón, Adelantada del Río de la Plata. Eloísa Gómez-Lucena. Asociación Histórica Metellinense.
- Mencía Calderón conocida como La Adelantada. es
- La epopeya de Mencía Calderón. Fernando Lizama-Murphy.
- La Adelantada, Mencía Calderón (Siglo XVI). Mujeres en la Historia.
- Verdadera historia y descripción de un país de salvajes desnudos, feroces y caníbales … Hans Staden.
- Historia de Hans Staden entre los antropófagos de Brasil. Roberto Pineda C. Departamento de Antropología Universidad Nacional y Universidad de los Andes.
- Internet







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Muchas gracias por su consideración. Saludos