Eugenia de Montijo, emperatriz de los franceses durante el Segundo Imperio Francés al casarse con el emperador Napoleón III y falsamente conocida como “Condesa de Montijo”

La belleza granadina que fue Emperatriz de los franceses durante el Segundo Imperio Francés al casarse con el emperador Napoleón III. Eugenia nunca fue Condesa de Montijo a pesar de que así fue, y ha seguido siendo, conocida. El título lo ostentó su hermana mayor Francisca, Duquesa de Alba consorte.
Eugenia de Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, nació en Granada un 5 de mayo de 1826, hija segunda de Cipriano Palafox y Portocarrero y de Enriqueta María Manuela Kirkpatrick de Closeburn. Conocida como Eugenia de Montijo, título condal de su padre, fue siempre conocida en sociedad como la condesa de Teba, ostentando los apellidos Guzmán y Portocarrero. Se sentía orgullosa de ser descendiente de Guzmán el Bueno.
Su padre fue militar, político, masón y afrancesado. Alcanzó le grado de coronel de Artillería. Combatiente al lado de José I en la Guerra de la Independencia, perdió el ojo derecho y quedó cojo como consecuencias de heridas recibidas durante la guerra. Al retirarse José I de España después de la batalle de Vitoria, Cipriano tuvo que exiliarse en Francia, donde estuvo hasta ser indultado por Fernando VII en 1817. Al final de este año, Cipriano se casó con María Manuela Kirkpatrick, hija del Cónsul americano en Málaga, de familia de origen escocés.
El año de su nacimiento se produjeron bastantes terremotos que afectaron a Granada, siendo el más importante el ocurrido el día 15 de mayo (Gaceta de Madrid n.º 63 de 25 de mayo). Según ella misma contaba, nació en una tienda de campaña habilitada por sus padres en el jardín de su casa por temor a que se produjeran derrumbes en el interior a casusa de los terremotos que estaban sacudiendo Granada.
Eugenia recibió la mejor educación que una joven de su edad y clase social podía recibir en la España de su época, incluyendo algunos períodos de permanencia en internados franceses e ingleses.
Durante su juventud, en las fiestas que organizaban sus padres, las dos hermanas conocieron a los intelectuales del momento, entre ellos estaban el novelista español Juan Varela y el escritor francés Próspero Merimée, quién llegó a ser un buen amigo de la familia.
Cuando su padre murió, Eugenia tenía 13 años y heredó el título de condesa de Tebas entre otros muchos, titulo por el que fue conocida durante el resto de su vida.
Después de la muerte de su padre, su madre, una mujer ambiciosa y de gran carácter, alternó la residencia de la familia entre Granada y Madrid, buscando unos matrimonios ventajosos para sus hijas. Sus planes se cumplieron con la mayor de las hermanas, Francisca, que se casó con el Duque de Alba. Pero no ocurrió lo mismo con Eugenia a quien su madre trató de casar con el Marqués de Alcañices, pero el matrimonio no llegó a término.
Al no conseguir sus objetivos con Eugenia, María Manuela decidió instalarse en París. Allí se dedicaron a frecuentar los salones donde se reunía lo más granado de la alta sociedad europea. En uno de ellos, quizás el más famoso y por el que pasaban las personalidades más brillantes del mundo intelectual y artístico, el de la princesa Mathilde Bonaparte, en 1850, Eugenia fue presentada a Luis Napoleón, por entonces Príncipe – Presidente de la II República Francesa.
Napoleón se enamoró perdidamente de ella, enamoramiento aumentado por la falta de respuesta de Eugenia a las maniobras del galán, quien por cierto tenía ganada fama de donjuán. Eugenia insistía en ponerle la condición de pasar primero por la vicaría.
En 1852, mediante un plebiscito, Francia instituyó el II Imperio que se proclamó solemnemente, el 2 de diciembre del mismo año, con Napoleón III como emperador.
El Emperador tenía 44 años y estaba soltero. Para la continuidad de la dinastía imperial era urgente que se casase, después de varios intentos fracasados (pocas casas reales estaban dispuestas a entregar una de sus hijas a un advenedizo miembro de la familia Bonaparte quien, además, ocupaba un trono que no se veía suficientemente asentado), a finales del año, poco después de ser nombrado emperador, propuso matrimonio a Eugenia que, finalmente, aceptó.
El matrimonio civil se celebró el día 29 de enero de 1853 en el Palacio de las Tullerías, el día siguiente, se celebró la boda religiosa en la Catedral de Notre -Dame con toda la pompa digna de una ceremonia semejante. Eugenia se convertía en emperatriz de Francia con 26 años. Conocida como la española, fue la sexta primera dama española de Francia después de Constanza de Castilla, Blanca de Castilla, Isabel de Aragón, Leonor de Austria y Ana de Austria.
El Emperador presentó el enlace como un asunto privado, pero este no fue del agrado de la familia Bonaparte, de las cortes europeas, ni tampoco, inicialmente, del pueblo francés. Eugenia, no obstante, pronto se ganó el afecto del pueblo bajo con sus gestos: donó para obras de caridad los 600.000 francos que el municipio de París le dió con motivo de su boda.
Después de un par de abortos, en marzo de 1856 nació su único hijo, el príncipe imperial Napoleón Eugenio Luis. La emperatriz había cumplido su principal función, dar continuidad a la dinastía.
Poco más tarde, el 17 de julio, en las disposiciones relativas a la Regencia, Eugenia es nombrada Regente en el título I, artículo segundo en estos términos: “Si l´Empereur mineur monte sur le Tróne sans que l´Empereur son père ait disposé, par acte rendu public avant on décés, de la regence de l´Empire, l´Impératrice – Mére est régente et a la garde de son fils mineur”.
Su carácter impulsivo y su viveza temperamental, contrarios a los usos de la corte imperial y la enemistad con la familia de su marido, hizo que sus detractores la caricaturizasen en la prensa. A pesar de ello, su elegancia y forma de vestir influyó mucho en el mundo de la moda y ayudó a convertir a Francia en su centro mundial. Participó en la creación del estilo artístico Napoleón.
Con las infidelidades de su marido, las relaciones matrimoniales se fueron enfriando y Eugenia dedicó su tiempo a obras benéficas y a fomentar la cultura, tratando de ganarse la popularidad de los más pobres, cosa que no consiguió, la llamaban despectivamente la española y nunca le perdonaron su arrogancia y altivez.
En enero de 1858, el Emperador y su esposa sufrieron un atentado. Cuando se dirigían a la Opera, tres bombas de fabricación casera detonaron al paso de su carruaje haciendo que este volcara. La pareja real salió ilesa, pero en el atentado murieron 8 personas y hubo unos 150 heridos. El autor del atentado, Felice Orsini, un antiguo miembro de la sociedad secreta Los Carbonarios, lo ejecutó reivindicando la unificación italiana.
Con el nacimiento de su hijo, Eugenia empezó a preocuparse por el futuro de la dinastía y decidió entrar en política, ejerciendo influencia sobre las decisiones políticas de su marido. Ferviente católica, defendió los poderes y prerrogativas del Papa e influyó decisivamente a la política italiana del Imperio.
Tuvo un papel decisivo en la invasión franco – inglesa – española de México en 1861. Después de la retirada de las dos últimas naciones, apoyó la continuidad de la presencia de Francia en el país y el nombramiento de Maximiliano I como emperador de México y, por tanto, el pueblo francés la responsabilizó directamente del fracaso de la invasión y del fusilamiento de Maximiliano.
Eugenia fue regente en tres ocasiones: en 1859 durante la campaña italiana, durante la llamada Guerra Italiana; la segunda, en 1865 durante una visita a Argelia de su marido y finalmente, en 1970 cuando Napoleón fue hecho prisionero en Sedán durante la Guerra Franco Prusiana.
Sus momentos de gloria fueron durante la Exposición Universal de París del año 1867, llevada a cabo para demostrar al mundo la grandeza del Segundo Imperio, y el viaje a Oriente Medio para la inauguración del Canal de Suez. Eugenia fue la alta representante francesa en la inauguración, canal a cuya construcción había contribuido fundamentalmente y que había sido construido por su primo segundo, Fernando Lesseps.
Al año siguiente comenzó el declive del imperio y de Eugenia. La crisis entre Francia y Prusia estallo en 1870 en la llamada Guerra Franco Prusiana. La guerra terminó con la desastrosa derrota francesa de Sedán donde fue hecho prisionero la mayor parte del ejército francés, incluido Napoleón.
Eugenia que era la regente, tuvo que abandonar París e instalarse en Inglaterra. Como consecuencia de la derrota, el emperador fue depuesto y proclamada la Tercera República.
El Napoleón fue liberado por prusianos y se reunió con Eugenia el año siguiente. Dos años más tarde, el 9 de enero de 1873, Napoleón III murió a la edad de 65 años.
Su hijo, un joven de 17 años, quedó al frente del partido bonapartista bajo los consejos y autoridad materna.
El joven príncipe, cuando murió su padre, estaba cursando estudios militares en la escuela militar de Woolwich de donde saldría con el empleo de teniente en 1875. Agregado al E.M del ejército británico que combatía en la guerra contra los zulúes en África del Sur, encontró la muerte en una emboscada a primeros de junio de 1879.
Al año siguiente, Eugenia viajó a África para visitar el lugar donde murió su hijo. Nunca pudo rehacerse de su muerte. Durante el resto de su vida vistió de luto riguroso.
Se apartó totalmente de la política, dedicándose a viajar por Europa, con constantes visitas a Madrid, la reina Victoria Eugenia era su ahijada, alojándose en el palacio de Liria, propiedad de su sobrino el Duque de Alba.
Murió en Madrid el 11 de julio de 1920. Su cuerpo está depositado en la cripta imperial de St. Michael´s Abbey, en Farmborough, junto a su esposo e hijo.
Joaquin de la Santa Cinta, Autor de «50 héroes españoles olvidados»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia.
- Misceláneas de la cultura francesa, Eugenia de Montijo (1826-190). Roberto Gonzálvez Flores.
- Gaceta de Madrid n.º 63 de 25 de mayo de 1826.
- Le Maniteur Universel de 20 de julio de 1856.
- Internet






