Defensa de las posesiones españolas en el Océano Pacífico. Costas suroeste: La Patagonia chilena. Expedición de Juan García Tao en 1620

Las expediciones del siglo XVII salieron todas desde la isla grande de Chiloé y contribuyeron al conocimiento da las costas occidentales del sur del océano Pacífico. Casi todas de ellas fueron protagonizadas por misioneros.
Fueron expediciones esporádicas y limitadas, no se establecieron nuevas colonias, no se construyeron fuertes defensivos, solo se hicieron para mantener una presencia, no permanente, en la zona. Se pretendía realizar labores misioneras entre los nativos e incrementar el conocimiento de las costa de una geografía y un clima complicado, inhóspita, sometida a frecuentes temporales y sin puertos refugios.
Cuarenta años habían pasado desde la expedición de Sarmiento cuando se organizó la primera del nuevo siglo, la dirigida por Juan García Tao.
El fracaso de los asentamientos previstos para la defensa del estrecho, hizo que los filibusteros, piratas y corsarios siguieran usando el estrecho para pasar al océano Pacífico en busca de las islas de las especias y, de paso, arrasar cuanto pudieran de las colonias españolas asentadas en costas suroccidentales del continente.
Así, en abril de 1600, el pirata holandés Baltasar de Cordes atacó los asentamientos del archipiélago de las islas Chiloé. Después de fondear en las costa continental, en Carelmapu, se presentó ante la ciudad de Santiago de Castro, capital de la isla grande de Chiloé. Ésta no disponía de defensas, faltaban armas, municiones y medios para hacer frente a los holandeses, solo existía una pequeña fortaleza dentro de la población que no era apta para plantar cara al enemigo.
Éste, con la ayuda de algunos nativos, consiguió apoderarse de ella. La ciudad fue recuperada a mediados de agosto por una expedición al mando del coronel Francisco del Campo que había salido de Valdivia. Los pocos piratas supervivientes huyeron en su barco, La Felicidad, internándose en el océano.
Años más tarde, en 1615, el pirata holandés Jorge Spilberg (Almirante Holandés Joris van Spilbergen) fue enviado por la Compañía Holandesa de las Indias para atacar el comercio español en el Pacífico entre las Filipinas y Nueva España. Partió de Holanda en 1614 con una flota compuesta de 6 buques. Cruzó el estrecho y se introdujo en el océano. Un año más tarde atacó y destruyó Carelmapu, puertos de Chile y Perú, llegando hasta Acapulco, donde las autoridades españolas del virreinato, ante la falta de medios de defensa con la que contaban, tuvieron que negociar el rescate de los rehenes que había tomado en los ataques a los puertos y buques españoles.
Puestos los escasos recursos a las órdenes del extremeño Sebastián Vizcaino, consiguió derrotarlo en las costas de Zacatula, en el actual estado de Guerrero en la costa oeste de Méjico, el 11 de noviembre de 1615.
Un año más tarde, en 1616, la expedición holandesa de Jacob Le Maire y Willem Schouten pasaron del océano Atlántico al Pacífico a través del estrecho de Le Maire (situado entre la isla Grande de Tierra de Fuego y la isla de los Estados) en su periplo de exploración de este último océano.
En 1619, el corsario inglés John Clipperton, cruzó el estrecho con dos buques con el propósito de atacar los puertos y el tráfico mercante español en las costas americanas del Pacífico. Intentó atacar el archipiélago de las Chiloé, pero perseguido por el gobernador de las islas, Nicolás Salvo, puso rumbo al océano si llagar a atacarlas.
Después de todos los incidentes relatados, ese mismo año, el gobernador de Chile, Lope de Ulloa y Lemos, ordenó dos expediciones, una marítima y otra terrestre, en busca de una hipotética y fabulosa ciudad oculta en la Patagonia donde habitaban unos españoles supervivientes de un naufragio, a la que llamaban la Ciudad de los Césares. También se pretendía conocer mejor el extremo sur del continente y valorar su vulnerabilidad como consecuencias de las incursiones de los corsarios holandeses e ingleses al Pacífico.
La expedición terrestre estaba a las órdenes de Juan Fernández y la marítima la comandaba Juan García Tao. La primera se dirigió hacia el sur del lago Nahuel Huapi (lago de origen glacial situado en la Patagonia Argentina), la segunda partió de la ciudad de Santiago de Castro a primeros de octubre de 1620.
La marítima estaba compuesta por tres piraguas (las famosas dalcas usadas por los indígenas chonos, compuestas por tres tablones cosidos y calafateados y tripuladas por indígenas) y cinco soldados. En medio de una tempestad cruzaron el brazo de mar que separa la isla grande de Chiloé del territorio de los chonos (pueblo indígena que habitaba en las islas situadas al sur del archipiélago) donde contactaron con el cacique Pedro Delco, amigo de los jesuitas, pero opuesto a que cruzaran sus islas para el descubrimiento de la Ciudad de los Césares por miedo a perder su libertad.
Durante el viaje llegaron a la laguna de San Rafael, pero, a pesar haber dividido a sus hombres con la intención de cubrir más territorio y ser unos de los viajeros que más lejos llegaron en sus navegaciones australes, no consiguió encontrar la famosa ciudad.
Llegaron hasta el archipiélago Guayaneco y a las islas Wellington. Regresaron a Santiago de Castro el 10 de diciembre de 1620.
Joaquín de la Santa Cinta, Ingeniero aeronáutico, Economista e Historiador






