El segundo teniente (ER) Joaquín Ramírez halló gloriosa muerte por España combatiendo cuerpo a cuerpo con los rifeños, en el combate de Haduya (Melilla). Campaña del río Kert

Segundo teniente de Infantería (E. R.), primer teniente fallecido, Joaquín Ramírez Suárez se hizo acreedor a la cruz de San Fernando, pensionada con una pensión anual de 250 pesetas transmisible a sus herederos (R.O. de 15 de noviembre de 1917, D.O. n.º 258 de 16 de noviembre de 1917), por los méritos que contrajo en el hecho de armas librado contra los rifeños en el Haduya (Melilla), el 22 de marzo de 1912, en el que halló gloriosa muerte. El día expresado, mandando una sección de su compañía, en el movimiento de repliegue ejecutado por nuestras fuerzas se encontró a retaguardia de las mismas, donde, atacado por el enemigo superior en número, combatió con tenacidad y contuvo el avance de este logrando que fuesen retirados los heridos, y dio ejemplo de valor y serenidad animando a su tropa no obstante hallarse herido, hasta llegar a la lucha cuerpo a cuerpo, en la que perdió la casi totalidad de los hombres que mandaba, recibiendo otra herida que le causó la muerte. El expediente se incoó a instancias de su viuda Eulalia Campos.
Ramírez Suarez, andaluz, nacido en la localidad de Paradas, provincia de Sevilla en 1876. Ingresó en el ejército como soldado de reemplazo al cumplir la edad reglamentaria, en 1895. Al terminar su período de servicio militar había alcanzado el empleo de sargento, continuando su carrera militar por diversos destacamentos hasta que, en 1909, es destinado a Melilla con las fuerzas de apoyo a la defensa de esta durante la Guerra.
Terminada la guerra, asciende a segundo teniente y es destinado en 1911 al Batallón de Cazadores de Chiclana n.º 17. Con su batallón vuelve a ser destinado a Melilla para la campaña del río Kert en 1911. Combate en Imarufen, en la ocupación de Monte Arruit y en los combates que siguieron hasta que en el de Haduya encontró la muerte heroica. Ascendido a primer teniente (D.O. n.º 102 de cinco de mayo de 1912) por su destacado comportamiento en las operaciones realizadas para la ocupación de Tauriats y Sammar (Melilla) el 22 de marzo de 1912. Su cadáver descansa en el Pabellón de Héroes del Cementerio de Melilla.
El combate de Haduya fue como consecuencia de las continuas infiltraciones del enemigo al este del rio Kert para acosar no solo a las posiciones españolas sino también para realizar golpes de mano nocturnos, robando y saqueando las posiciones y los establecimientos del margen derecho del río. Así, el día 19 de marzo, el harca atacó a una columna de la brigada de cazadores. La columna, mandada por el general Navarro, estaba formada por dos batallones de Cazadores de Chiclana y de Tarifa, dos escuadrones del Regimiento de Taxdir y una batería del 3º Regimiento de Artillería de Montaña. Había salido de Ihadumen e iba a realizar un paseo militar que tenía como objetivo seguir por Tidrit, ganando las alturas de Tauriat Hamed y Ulad Ganem. Fue atacada varias veces a lo largo del día, aunque consiguió rechazar todas las veces al enemigo, lo hizo a costa de dos soldados muertos y doce heridos, todos ellos del Regimiento de Taxdir.
El capitán General de Melilla, el general José García Aldave, propuso un plan ambicioso para acabar de una vez por toda la guerra. El plan consistía en bloquear los dos puntos de paso del río Kert por el harca ocupando las colinas Tauriat y las alturas del poblado de Sammar cerca de la desembocadura del río.
Para la operación se dispusieron seis columnas que deberían ocupar las colinas de Tauriat norte y sur y las alturas de Sammar. Cinco de las columnas, al mando del general Máximo Ramos Orcajo, deberían realizar el esfuerzo principal mientras que la sexta columna, mandada por el general Navarro, tenía por misión ocupar Ulad Ganem y Tagsut, efectuar una maniobra de distracción del enemigo y evitar que las posiciones españolas quedaran aisladas. El total de la fuerza empleada en las seis columnas superaba los 11.000 infantes y los 2.300 caballos, además de 20 cañones y 16 ametralladoras. Estaba formada por 18 batallones de infantería, 8 escuadrones de caballería y 8 baterías de artillería.
El enemigo se retiró ante las fuerzas superiores de las cinco columnas, que consiguieron fácilmente sus objetivos sin apenas bajas, y se centró en la columna más débil, la sexta del general Navarro.
Navarro salió al amanecer del día 22 con sus tropas a cumplir con los objetivos que tenía fijados dentro de la orden de operaciones, objetivos que cumplió sin dificultad a lo largo de la mañana. Después del almuerzo se inició el regreso de la fuerza actuante, y como había ocurrido múltiples veces a lo largo de la guerra, este fue el momento esperado por el enemigo para iniciar el ataque y el acoso a las fuerzas en retirada.
Sobre las seis de la tarde, cuando quedaba unos cuatro kilómetros para llegar el campamento, el ataque enemigo se hizo extremadamente duro y el Batallón de Chiclana, que ocupaba la extrema retaguardia, se encontró en una situación extremadamente comprometida hasta tal punto que alguna compañía del batallón llegó a quedarse sin oficiales. El momento era comprometido y el general Navarro ordenó un alto en la marcha y un ataque a la bayoneta a las alturas desde las que el enemigo hostigaba a las fuerzas en retirada. El ataque obligó a los enemigos a retroceder, pero cuando reanudaron la marcha, el enemigo volvió a atacar tratando insistentemente en envolver la retaguardia. En estos momentos el teniente Joaquín Ramírez Suárez de la 1º compañía del Batallón de Chiclana fue herido y encontró la muerte gloriosa.
La llegada en auxilio de las fuerzas en retirada del Batallón de Tarifa, desde el campamento de Ihadumen donde había quedado para su custodia, permitió coger al enemigo entre dos fuegos y se pudo completar la retirada, entrando en el campamento los últimos soldados sobre las ocho de la tarde.
En el combate murieron un jefe, tres oficiales y 29 soldados, quedaron heridos un jefe, seis oficiales y 98 soldados y cinco oficiales y tres soldados contusos.
La forma de operar fue muy criticada por la prensa, tanto en El Imparcial como en La Época, que no entendía el esquema de combate que se estaba llevando a cabo en la guerra, no comprendía que se ocuparan posiciones por la mañana para abandonarlas por la tarde en un llamado repliegue, que más bien era una retirada. Retirada que suena mal porque no es el enemigo el que obligaba a hacerla, sino que se ejecuta de acuerdo con los autores de esta forma de guerrear y que, además, acababan en sangrientos combates nocturnos.
Los caídos en el combate del día 22 de marzo de 1912 son:
BATALLÓN DE CAZADORES DE CHICLANA N.º 17.
Todos ellos fueron recompensados por su distinguido comportamiento y méritos en el combate al empleo inmediato superior (D. O. n.º 102 de 5 de mayo de 1912).
-Teniente coronel Francisco López Gómez de Avellaneda.
-Segundo teniente Juan Rabadán Alcalá.
-Segundo teniente Rafael Carlier Rivas.
-Segundo teniente (ER) Joaquín Ramírez Suárez.
-Veintinueve soldados.
BATALLÓN DE CAZADORES DE TALAVERA N.º 18
-Segundo capellán Mariano Ximénez Cortés.
Joaquín de la Santa Cinta, Ingeniero aeronáutico, economista e historiador
Para saber más:
- O. n.º 87 de 17 de abril de 1912.
- O. n.º 102 de 5 de mayo de 1912.
- O. n.º 258 de 16 de noviembre de 1917.
- El Imparcial de los días 20, 21, 22, 23 y 24 de marzo de 1912.
- La Época de los días 20, 21, 22 y 23 de marzo de 1912.
- Africanistas y junteros: el Ejército español en África y el oficial José Enrique Varela Iglesias. Tesis doctoral de Antonio Atienza Peñarrocha.