Presidentes del Consejo de Ministros durante el Reinado de Isabel II: Vuelve el General Narváez por séptima y última vez

Un año después de su cese, Narváez fue llamado, por séptima y última vez, a formar gobierno. La Reina lo nombro Presidente del Consejo de Ministros el 10 de junio de 1866. Su mandato duro un año y diez meses, hasta su muerte, el 23 de abril de 1868.
Una vez más, Narváez optó por la política autoritaria y represiva. En las Cortes declaró que la prioridad de su Gobierno era el orden público que era lo que interesaba a los españoles. Suspendió las garantías constitucionales y, el 11 de julio, decreto la suspensión de las Cortes, Cortes que no se volvieron a reunir en la legislatura, fueron claustradas en octubre y disueltas a finales de diciembre. Es decir, Narváez comenzó a gobernar como le gustaba, sin Cortes que le pudieran incordiar y gobernando por decretos leyes.
Unas de las victimas principales de la represión fueron los profesores de la universidad de Madrid, a pesar del tiempo transcurrido desde la noche de San Daniel. Muchos de ellos eran Krausistas y, para los neocatólicos de la camarilla real y del gobierno, eran una especie de secta que quería acabar con la religión y con la monarquía. El Ministro de Fomento, Manuel Orivio Echagüe, de quien dependía la enseñanza, decretó la destitución se sus cátedras a los profesores Emilio Castellar, Julián Sanz de los Ríos, Fernando de Castro y Nicolás Salmerón.
Un grupo de diputados trató de hacer llagar a la Reina una carta de protesta que el Gobierno incautó para impedirlo. La represión llagó a alcanzar a los Presidentes del Congreso, Antonio de los Ríos Rosas, y del Senado, el General Francisco Serrano, que fueron detenidos y desterrados. La razón del arresto fue que habían encabezado una carta a la Reina en donde, junto a una comisión de diputados y senadores, se pedía la apertura de las Cortes antes de final de año, tal y como se especificaba en la Constitución en vigor.
La represión hizo imposible que se cumpliese el turno en el poder pactado con el partido unión liberal, por lo que O´Donnell decidió hacer el vacio en Palacio, es decir seguir una política de retraimiento en el Senado.
O´Donnell llegó a plantear la abdicación de la Reina Isabel en su hijo Alfonso de nueve años de edad. En cambio, se negó a pactar con los progresistas, y en especial con Prim, ninguna iniciativa. Solo después de su muerte, el partido unión liberal, bajo el mando del General Serrano, se unió al pacto de Ostende.
El 16 de agosto de 1866, en la ciudad belga de Ostende se firmó un pacto entre progresistas y demócratas cuyo objetivo era derrocar a la Reina Isabel II e instalar un nuevo régimen republicano, o una nueva dinastía monárquica, que respetara los principios de la revolución con unas Cortes Constituyentes elegidas mediante sufragio directo y universal. El pacto tenía dos artículos:
1º Destruir lo existente en las altas esferas del poder. Es decir la caída de los Borbones.
2º Una vez destituida la Reina Isabel II, nombramiento de una Asamblea Constituyente, bajo la dirección de un gobierno provisional, la cual decidiría la suerte del país y la forma de Gobierno. La Asamblea debía ser elegida mediante sufragio universal directo.
En el pacto se reconocía como jefe militar al General Prim.
El primer párrafo estaba ambiguamente redactado para permitir la incorporación de otras personalidades y fuerzas políticas, así en 1868, un vez muerto O´Donnell, su sucesor, el General Serrano, como líder del partido unión liberal, firmó la adhesión al pacto. Entre los firmantes del pacto se encontraban: Los Generales Juan Prim y Francisco Serrano, el Almirante Juan Bautista Topete, Práxedes Mateo Sagasta, Manuel Ruiz Zorrilla, Laureano Figuerola, Adelardo López de Ayala, etc.
Mientras tanto, la crisis económica que arrastraba el país desde 1864 pasó a ser una grave crisis de subsistencias. Las malas cosechas de los años 1867 y 1868 propiciaron la crisis. El país se encontró totalmente falto de reservas de las que echar mano debido a las exportaciones a Cuba, Francia e Inglaterra para reducir el déficit de la balanza de pagos. Las malas cosechas arrastraban la escasez y con ella la carestía. Los precios de los cereales llegaron a subir hasta un 37 % en un año. Para paliar la crisis, el Gobierno aprobó un decreto, en marzo de 1868, por el que abandonaba la política de proteccionismo y dejaba totalmente libre de aranceles las importaciones de trigo y de harinas. La escasez de productos básicos dio lugar a motines populares en varias ciudades del país. La crisis era una mezcla de crisis industrial con la consiguiente pérdida de empleos y crisis de subsistencia por malas cosechas. La coincidencia de ambas creó una situación explosiva que reforzaba los argumentos a la oposición al régimen isabelino y favoreciendo el estallido del año 1868.
Por decreto de 30 de diciembre de 1966, se disolvieron las Cortes, recordamos que estaban suspendidas desde el 11 de julio, y se convocaron nuevas elecciones para mediados de marzo del año siguiente, 1867.
Las Cortes abrieron el primer periodo de sesiones el día 30 de marzo de 1967. Se clausuraron el 3 de diciembre terminando con ello el primer periodo de sesiones. Volvieron a abrirse para el segundo período de sesiones el 27 de diciembre del mimo año.
Las elecciones fueron tan manipuladas y el Gobierno consiguió una mayoría tan aplastante que la oposición, el partido unión liberal, quedo reducida a cuatro diputados. Por si fuera poco, en el nuevo reglamento de las Cortes, aprobado tres meses después de haber sido abiertas, se suprimió el voto de censura, reduciendo así la capacidad de las Cortes para controlar al Gobierno. Las Cortes, con mayoría gubernamental, declaró al Gobierno libre de responsabilidad de lo que hubiera hecho o legislado por decreto mientras las Cortes estuvieron cerradas.
En 1867 se decretó obligatorio para el ciudadano, a partir del 1 de julio de 1868, el sistema de pesos y medidas internacional basado en el metro y el kilogramo.
El 23 de abril de 1868, Narváez moría y dejaba a los moderados en muy mala situación, su sucesor fue el represor Luis González Bravo, a quien la Reina nombro Presidente del Consejo de Ministros el día 23 de abril de 1868.
Joaquín de la Santa Cinta. Ingeniero aeronáutico, economista e historiador





