Álvaro de Bazán y la batalla de la Tercera (I): El más prestigioso marino de su tiempo recibió el encargo de Felipe II de someter a la isla rebelde de las Azores, defendida por franceses

En 1578, en la batalla de Alcazarquivir murió el rey Sebastián I de Portugal. Murió sin descendencia por lo que subió al trono su tío el cardenal Enrique I, el menor de los hijos de Manuel I de Portugal.
Al morir Enrique sin descendencia en 1580, quedó el trono vacante.
Entre los aspirantes a ocuparlo estaban: el rey Felipe II de España, como nieto de Miguel I a través de su madre Isabel de Portugal, esposa de Carlos I; y el prior de Crato, Antonio de Portugal, también nieto del rey Miguel I, hijo natural del infante Luis de Portugal, cuarto hijo del segundo matrimonio del rey Miguel con María de Aragón. Isabel y Luis eran hermano.
Las tropas de Felipe II a las órdenes del Duque de Alba, con el apoyo de las naves de Álvaro de Bazán y Guzmán (I Marqués de Santa Cruz), derrotaron a sus oponentes y tomaron Lisboa.
Antonio huyó a Inglaterra y a Francia.
Felipe juró como rey de Portugal y los territorios ultramar portugueses acataron el juramento menos una estratégica isla del Archipiélago de las Azores, la isla Terceira.
El archipiélago está formado por 9 islas y, por su posición en el Atlántico, era paso obligado para todas las naves que volvían de América a Europa. La pérdida de una isla podía poner en peligro la Carrera de Indias y a los buques portugueses que volvían de la Indias Orientales.
Catalina de Médicis, regente de Francia, ofreció ayuda a Antonio para mantener la Isla. En 1581, Pedro Valdés, en un intento de tomar la isla, fue derrotado por los portugueses en la batalla de Salgas, en la bahía del mismo nombre, en la isla Terceira.
En esta situación, Felipe II encarga la jornada a Álvaro de Bazán y Guzmán, granadino y miembro de una ilustre familia de marinos y, sin duda, el mayor marino de su tiempo, I Marqués de Santa Cruz y almirante de Felipe II.
Combatiente en todos los mares y con todos los enemigos de España desde muy joven. Combatió en Lepanto mandando la escuadra de reserva y con su galera ayudó a la Capitana de Juan de Austria a capturar a la Sultana, la capitana turca.
También combatió en el sitio de Malta, desembarcando con sus galeras refuerzos en la isla.
El mejor resumen de su vida lo escribió su nieta, Eugenia de Bazán, Marquesa de Santa Cruz y de Bayona, en el Memorial de los servicios de la casa de los marqueses de Santa Cruz hechos en discurso de 170 años.
Según el citado memorial, Álvaro de Bazán durante los reinados de Carlos I y Felipe II: “Rindió ocho islas, dos ciudades, veinte y cinco villas, y treinta y seis castillos fuertes: venció ocho capitanes generales, dos maestres de campo generales, soldados y marineros de Francia 4.753, ingleses 780, portugueses rebeldes de las islas, y de la armada del río de Lisboa, y tres galeones que estaban en Setúbal 6.460, esclavos que hizo en la isla Tercera y la del Fayal 2.500, turcos que cautivó 1.605, moros 2.138, dio libertad a 1.574 cristianos que estaban cautivos, rindió cuarenta y cuatro galeras Reales, veinte y una galeotas, veinte y siete bergantines, noventa y nueve navíos de alto bordo y galeones, una galeaza; y ganó en todas las ocasiones 1.814 piezas de artillería”.
Álvaro de Bazán partió de Lisboa el día 10 de julio de 1582 con treinta naves y llevando embarcada una infantería compuesta de tres Tercios (Figueroa, Bobadilla y Galeones) que junto a unos 500 alemanes completaban una fuerza de unos 5.300 hombres. No esperó a los 20 naos y doce galeras que estaban siendo avitualladas en Cádiz.
Durante el trayecto la nao Anunciada tuvo que regresar a Lisboa por lo que la flota disponible por Álvaro de Bazán se reducía a un total de dos galeones, quince naos y ocho urcas.
La escuadra francesa de apoyo al prior de Crato estaba mandada por Felipe Strozzi y contaba con una flota de 58 naves y unos 6.000 hombres. Salió de Francia el 16 de junio y llegó a la Isla de San Miguel un mes más tarde. Intentó desembarcar en Punta Delgada, pero la presencia próxima de la flota de Álvaro de Bazán impidió que pudiese conquistar el fuerte español allí existente.
El Marqués de Santa Cruz arribó a la isla de San Miguel el día 21 de julio. Envió dos pataches a informar al gobernador de su inmediata llegada y solicitando información sobre la flota enemiga.
El día 22 de julio, mientras hacía aguada, llegó una carabela que le informó de la presencia de flota francesa. Formaba parte de un grupo compuesto por tres carabelas y otras tres naos que partieron de Lisboa con la flota pero que habiendo llegado unos días antes. Habían sido atacadas por los franceses que capturaron a dos de las carabelas.
Al tiempo, regresó uno de los pataches informando de la presencia del enemigo y de la captura del otro patache.
Inmediatamente se suspendió la aguada y se dio la vela. Según se apartaban de tierra se fue descubriendo a la flota francesa detrás de Punta Gorda.
Reunido el consejo, es decisión unánime salir a combatir, aunque estaban en inferioridad de fuerzas y que había más que perder que ganar. Decidió combatir sin esperar la llegada de Juan Martínez Recalde con los refuerzos de la flota de Andalucía.
El marqués se exponía a perder, que su armada fuera desbaratada y perder la isla de San Miguel en poder d ellos españoles, además de estar muy alejado de sus bases, sin puerto al que acogerse.
Iniciada la maniobra, esta fue interrumpida por la falta de viento antes de que las flotas estuvieran al alcance de los cañones.
Al anochecer, ambas flotas se retiraron, la francesa hacia tierra y la española hacia el mar.
El día 23, la flota española estaba formada con el marqués en vanguardia, Bobadilla a la izquierda, Figueroa a la derecha y Eraso en la retaguardia.
Como los franceses tenían noticias de la salida de la flota de Andalucía, decidieron plantear batalla. Tras un breve intercambio de disparos, la falta de viento, como los días anteriores, interrumpió la batalla.
El día 24, soplaba un viento flojo y las dos escuadras seguían dando bordadas entre las islas de San Miguel y Santa María.
Sobre las cuatro de la tarde, cuando los españoles estaban virando, atacaron los franceses en tres columnas. La retaguardia que mandaba Miguel de Oquendo con cinco naves guipuzcoanas respondió al ataque. Acudieron los españoles en su auxilio y se inició un cañoneo sin daños de consideración en ambas flotas. Procediendo, a continuación, a realizar las maniobras de retirada de todos los días.
Hasta ahora, los franceses habían tenido la ventaja del viento, siempre había estado a barlovento de la española. Pero la noche del 24, los españoles realizaron una maniobra que cambio la situación, al amanecer del día 25, se encontraron los franceses a sotavento de los españoles, perdiendo la ventaja de los días anteriores.
Cuando la flota española se dirigía contra a francesa, sonó un cañonazo, la nave de Cristóbal de Eraso había partido el palo mayor quedando retrasada y desarbolada por lo que tuvo que aplazarse el combate hasta el día siguiente 26.
En este momento se encontraban frente a frente 25 naves de guerra españolas contra 60 francesas.
El día 26 amaneció con las flotas situadas a 3 millas de distancia. El marqués había organizado su línea de combate intercalando las naves más poderosas con las más ligeras a fin de que se ayudasen unas a otras.
Después de mediodía, en una maniobra a barlovento del galeón San Mateo se apartó mucho de la línea de la flota española, si bien podía volver a la línea con una fácil maniobra.
Era un galeón ligero donde estaba embarcado el maestre de campo Lope de Figueroa y el veedor de la armada Pedro de Tarssis.
Al creerlo cortado, los franceses atacaron inmediatamente antes de que fuera socorrido. La capitana, la almiranta y tres galeones más atacaron al San Mateo. Lope de Figueroa acepto el combate. Espero hasta tenerlas a tiro antes de soltar una andanada que causó daño a los atacantes.
La capitana y la almiranta la abordaron por ambas amuras mientras los otros galeones le atacaban por la popa y la aleta.
Los disparos de la artillería del San Mateo a tocapenoles y los arcabuceros producirán graves daños en las naves enemigas e impedían el abordaje.
Cada uno de los cinco atacantes tenía más porte, artillería y gente que el San Mateo, pero a pesar de ello, el buque español aguantó el combate durante más de dos horas.
El marqués, que llevaba a remolque la nave de Eraso, la suelta y acude en socorro del San Mateo, al tiempo que se generaliza el combate. Cuando alcanzó el lugar del combate, se encontró que otras dos naves españolas de la reserva (la Juana y la María) se le habían adelantado.
La Juana, mandada por el capitán Garagarza atacó a la capitana francesa y la María, mandada por Villaviciosa, atacó a la almiranta. Acudieron otras naves francesas que se amarraron a las otras dando lugar a una piña de naves que rompió Oquendo atacando a la almiranta francesa, rompiendo las amarras y deshaciendo el grupo. Atacó por popa a la almiranta que estaba siendo atacada por proa por Villaviciosa.
Separada del San Mateo la nave capitana, la atacó el marqués al mismo tiempo que Labastida con la Catalina.
Capturadas las naves capitana y almiranta, el resto de las naves francesas que no estaban trabadas con las españolas abandonan el combate.
Después de cuatro horas de combate, ningún buque español se había perdido, pero muchos habían quedado averiados. Los franceses perdieron 10 barcos con unos 3.300 muertos, incluido Strozzi, frente a poco más de 200 españoles.
Como España no estaba en guerra ni con Francia ni Inglaterra, los prisioneros fueron considerados piratas y ejecutados.
El arribo inmediato de las naves de la flota de Indias y la necesidad de protegerla obligó a Álvaro de Bazán a dejar el desembarco en la isla Terceira para el año siguiente. En la isla de San Miguel quedaron 2.000 españoles al mando de Agustín Íñiguez.
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia.
- Fernández Duro, Cesáreo. La Conquista de las Azores, 1583.
- Conquista de las Azore. es
- Cabera de Córdoba, Luis. Felipe II, rey de España
- Memorial de los servicios de la casa de los marqueses de Santa Cruz hechos en discursos de 170 años. Parte Primera. Disertación sobre la historia de la náutica y de las ciencias matemáticas que han contribuido a sus progresos entre los españoles. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes







muy interesante