¿Hay alguien ahí fuera?
Yo estoy casi seguro de que no existe ni un ser humano que al contemplar una noche estrellada no se haya preguntado si en algún mundo lejano existirá vida, y más concretamente, vida inteligente similar a la nuestra.
Recientemente, dos noticias han reavivado este permanente deseo de la especie humana por saber si finalmente estamos o no solos en ese inmenso Universo. Una de ellas se refiere a una misteriosa señal de radio procedente de HD164595, una estrella similar al Sol, en la constelación de Hércules, que se halla de nosotros a una distancia de 95 años luz. Los investigadores que han detectado dicha fuente radioeléctrica desde el radiotelescopio ruso Ratan-600 han asegurado desconocer qué tipo de objeto cósmico podría emitir una señal de tanta intensidad. Como era de esperar, las mentes más imaginativas rápidamente han comenzado a especular con la posibilidad de que proceda de una fuente artificial utilizada por alguna civilización extraterrestre avanzada.
Y no sería la primera vez que una emisión de radio procedente del espacio despierte una vez más la posibilidad de que sea emitida por seres inteligentes que, al igual que hemos hecho los terrestres en varias ocasiones, estuvieran lanzando señales con la intención de comunicar con otros seres inteligentes que se hallen a la escucha. En los medios astronómicos aún se habla de la misteriosa señal “Wow” captada el 15 de agosto de 1977 a las 23:16 a través del radiotelescopio Big Ear, procedente de la zona oriental de la constelación de Sagitario y que alcanzó una intensidad 30 veces superior a la del ruido de fondo. La señal duró exactamente 72 segundos, y casi medio siglo después se sigue discutiendo si procedía de una fuente humana o de inteligencias alienígenas. El caso es que el fenómeno jamás volvió a producirse.
Sin olvidar a un escritor escocés y aficionado a la astronomía escocés llamado Duncan Lunan que en 1973 escribió un artículo en una revista de la British Interplanetary Society, en el que aseguraba haber identificado y descifrado un mensaje emitido en 1920 desde un satélite en órbita de la Tierra (cuando aún los terrestres no habíamos lanzado satélite alguno), captado por unos investigadores noruegos y alemanes. Lunan afirmaba que el mensaje contenía un mensaje de los habitantes de un planeta del sistema estelar Epsilon Boötis en el cual se detallaba la posición de su mundo. Del mismo modo que sucediera con “Wow”, investigaciones posteriores no pudieron probar la existencia de dicha civilización.
Aquellos fueron otros tiempos en los que se especulaba con la posibilidad de que pudieran existir muchas estrellas de características semejantes a las de nuestro Sol con algún planeta similar a la Tierra orbitando en torno al astro. Obviamente tal posibilidad nuevamente resucitaba las esperanzas de encontrar vida inteligente con la cual algún día podríamos intercambiar información.
Pero en la actualidad, numerosos estudios astrofísicos han demostrado la existencia real de numerosos planetas posiblemente habitables, y aunque mucho más lejanos que el viejo Marte, inevitablemente nos traen a la memoria las especulaciones del astrónomo Percival Lowell, quien a comienzos del s. XX creyó observar una red de canales que recorrían el Planeta Rojo, y que, ya puestos a imaginar, probablemente servirían para conducir el agua generada en los casquetes polares marcianos hasta sus resecas ciudades ubicadas a lo largo y ancho de la superficie planetaria.
Aún no sabemos si en algún lugar del espacio existen o han existido hermanos cósmicos de la Humanidad. Pero los últimos descubrimientos parecen avalar, al menos la posibilidad, de que existan lugares con el sustento necesario para albergar vida, y quién sabe si inteligente. Lo más que podemos suponer es que tal vez si haya numerosos planetas como el nuestro. Por ejemplo, el recientemente descubierto Próxima b, un planeta potencialmente habitable en la órbita de la estrella Próxima Centauri (Próxima, por ser la más cercana a nuestro Sistema Solar), a poco más de cuatro años luz. Este mundo no es exactamente igual que el nuestro, pero se cree que por sus características podría contener una atmósfera y agua líquida. El que se halle habitado o no por seres inteligentes son ya palabras mayores.
¿De ilusión también se vive? Cierto, pero siempre nos resultará consolador imaginar que no estamos solos, que entre cien mil millones de galaxias, cada una con cien mil millones de estrellas, en algún mundo remoto, otro ser inteligente quizá esté levantando la vista hacia la infinita noche estrellada preguntándose “¿Habrá alguien ahí afuera?”
Abelardo Hernández






