Vuelve la burbuja inmobiliaria
Hace ahora casi un año que comenzaba a funcionar la nueva alcaldía de Madrid. Detrás quedaban las intensas campañas electorales que dieron el bastón municipal de mando a una coalición de izquierdas, uno de cuyos cimientos electorales había sido la promesa de acabar con el candente problema de los desahucios de viviendas: incontables reportajes televisivos nos mostraban el drama humano de muchas familias expulsadas de sus casas; un dramatismo acentuado por la presencia de niños, de personas ancianas que gritaban, que se agarraban desesperadamente a sus inmuebles, que lloraban sin posible consuelo, y frente a ellos, las impasibles fuerzas policiales que desalojaban a aquellos desdichados por culpa de unas hipotecas bancarias cuyo importe esa pobre gente no estaba en disposición de amortizar.
Sólo ha pasado un año, y ¡oh, milagro! La Oficina de Intermediación Hipotecaria municipal cierra porque, en palabras de sus responsables “Desahucios por hipotecas hay muchos menos que antes”. ¿Tanto ha sido el éxito de dicha oficina como para haber logrado en un año acabar con el que nos decían era un problema que afectaba a una gran masa de marginados? Bueno, muy exitosa su gestión tampoco ha sido, pues más del 30 % de los casos que llegaron se han cerrado sin ningún tipo de acuerdo. Así que… cada cual llegue a la conclusión que mejor le parezca.
De todos modos, en otros aspectos relativos al tema inmobiliario, a veces parecería que vivamos en países diferentes, según de donde procedan las informaciones. Hasta hace muy, muy poco tiempo, todas las noticias nos contaban que en los últimos años se había producido una drástica caída en el precio de las viviendas que en algunos casos se vieron reducidos a la mitad de su valor anterior al auge de la burbuja inmobiliaria. Algunos optimistas informaban que, al fin, el valor de los pisos alcanzaba cierto nivel de estabilidad, y algunos se preguntaban ya si no sería el momento de comprar una nueva vivienda, decisión que habían pospuesto esperando que el descenso de precios continuara.
Por todas esas razones, no podemos por menos que sorprendernos cuando El Confidencial nos impactaba con un titular que anunciaba “¿Nos hemos vuelto locos? España cuelga el cartel de ‘todo vendido’ en sus promociones”. En dicho trabajo se asegura que “en el último año, la venta sobre plano en España ha experimentado un auténtico ‘boom’, como quedó patente en la última edición del Salón Inmobiliario de Madrid (SIMA), la mayor feria del sector en nuestro país. Allí se constató cómo el ‘stock’, la gran piedra en el camino durante los peores años de la crisis, ha desaparecido en buena parte de la geografía española. Y no solo eso, sino que la ausencia de obra nueva ha provocado que cuando sale producto de nueva construcción, especialmente en zonas donde hay demanda, la comercialización se cierre en cuestión de días”.
Según un directivo de una importante firma inmobiliaria “a cierre de 2015 el número de viviendas sin vender se situaba en 492.000 unidades que esperamos se reduzca en un 25% hasta las 367.000 viviendas a cierre de este ejercicio (2016). En determinadas ciudades no será posible cubrir la demanda con el ‘stock’ existente lo que, inevitablemente, acabará provocando un repunte de los precios, como está sucediendo en Madrid o Barcelona”.
Hay quienes leen estas noticias y las califican como burdas trampas informativas de los sectores interesados con el fin de reanimar un cadavérico mercado, imposible de resucitar hasta niveles de la época pre-burbuja, dadas las misérrimas condiciones salariales y laborales que sufre en la actualidad una gran parte de la población española.
Sin embargo, otros datos corroboran la dirección favorable emprendida por el sector. Por ejemplo, los ofrecidos por Sandra López Letón en un artículo de El País que titula “La casa grande recupera su sitio”. Ahí se nos dice que “Las viviendas nuevas que se están construyendo en España recuperan su talla. Tras el régimen de adelgazamiento forzoso y atropellado al que se vieron sometidas en la época de mayor auge, las casas rescatan dormitorios y metros cuadrados. Por ejemplo, en el año 2010 la superficie media de la vivienda en España era de 100,5 metros cuadrados, mientras que en 2015 subió a 113,7. En marzo de este año ya va por 117,2 metros cuadrados”.
Más superficie y más habitaciones, leemos en este trabajo. ”La oferta de tres dormitorios tiene un peso del 53%, cuando en 2007 apenas era del 10%. Los inmuebles de cuatro son ya el 18%, mientras que hace nueve años eran el 2%.”
Y habitaciones más grandes, claro: “Antes los salones sumaban 20 metros y ahora superan los 30 y las cocinas que tenían ocho metros llegan a los 15. Los dormitorios principales alcanzan, al menos, 15 metros cuadrados y 12 metros para los secundarios”.
¿Entran todos estos datos a formar parte de esa insidiosa campaña que sería algo así como el último recurso de un sector agonizante que no encuentra forma humana de reducir el stock de cientos de miles de viviendas hoy invendibles, nacidas al calor de aquella época dorada de la construcción? ¿O será que realmente empezamos a salir del agujero negro de la recesión?
Si así fuera, deberíamos extrañarnos de la progresiva aparición de unas buenas noticias que, según se dice en periodismo, “nunca son noticias”. Cada cual extraiga sus conclusiones…
Abelardo Hernández





