Secretarios de Estado de Carlos IV. Pedro Cevallos Guerra (I)

Godoy renunció a ser el sustituto de Urquijo y, por su consejo, fue nombrado Secretario de Estado, Pedro Cevallos Guerra, primo político de Godoy.
Godoy, entretanto, no había perdido la confianza de los reyes y, aunque no aceptó ser nombrado Secretario de Estado, volvió a primera fila como Valido y Generalísimo, titulo nunca otorgado antes en España. Dirigiendo la política exterior con una actuación pragmática frente al poderío de la Francia napoleónica.
Pedro de Cevallos Guerra nació en 1759 en San Felices de Buelna, Cantabria, y murió a los 80 años en Sevilla, en 1839. Sirvió a los tres reyes de España de su época: Secretario de Estado con Carlos IV, fue su último Secretario de Estado, y el primer Secretario de Estado con Fernando VII a quien acompañó a Bayona.
Firmante de la Constitución de Bayona y ministro de Asuntos Extranjeros en el primer gabinete de José I. Acabó abandonando y pasándose a la filas patriotas que luchaban contra los franceses invasores. Después de su dimisión del gobierno de José I, en septiembre, formuló una denuncia literaria contra Napoleón que, publicada en varios idiomas, le valió ser declarado traidor a las dos coronas: la española de José I y la francesa de Napoleón.
Una vez en España, la Junta Suprema Gubernativa presidida por el conde de Floridablanca le nombró, de nuevo, en el mismo puesto que tenía antes de comenzar la guerra, es decir, Secretario de Estado. En este cargo duró desde octubre de 1808 a enero de 1809 cuando fue sustituido por Martín Garay Perales. No llegó a tomar posesión de su Secretaría, la Junta estaba formada por ilustrados y él era profundamente conservador. Fue enviado a Londres como embajador donde negoció la financiación y las armas para los españoles durante la Guerra de la Independencia.
En 1814, después de su retorno a España, Fernando VII lo vuelve a nombrar Primer Secretario de Estado durante los dos siguientes años.
Es decir, fue cuatro veces nombrado Secretario de Estado en 14 años, nombrado por dos reyes distintos y por la Junta Gubernativa, además de ser ministro de Asuntos Extranjeros con el otro soberano que reinó en España esos años, José I.
En la historiografía española, la figura de Pedro de Cevallos Guerra está totalmente eclipsada por Godoy, al menos entre los años 1800 y 1808.
Cevallos era hijo de un contratista que había trabajado en las obras del camino real Palencia-Santander y en los Astilleros de Guarnizo donde se construían algunos de los barcos para la Armada española.
Casado con una prima de Godoy, fue secretario de embajada en Lisboa previamente a ser nombrado Secretario de Estado.
Las relaciones familiares con Godoy hicieron que éste influyera en la dirección de la política del Estado. Todos sabían que el verdadero gobernante era Godoy. Cevallos trataba de navegar entre las exigencias de su pariente y las de Napoleón.
El Primer cónsul, Napoleón, consideraba que España era una potencia marítima que necesitaba para oponerse al dominio naval inglés y participar en el comercio con la América española.
En enero de 1801, el recién nombrado Secretario de Estadio y Luciano Bonaparte firmaron el Tratado de Madrid por el que España solicitaría a Portugal la ruptura de su alianza con Gran Bretaña y la paz con Francia. Además de abandonar a su aliado tradicional Portugal, debería cerrar sus puertos a los buques ingleses y abrirlos a los españoles y franceses; entregaría a España una cuarta parte de su territorio en garantía por la devolución de las islas de Trinidad, Mahón y Malta en poder inglés, e indemnizaría a España y Francia. En caso de no aceptar la petición, España declararía la guerra a Portugal con el apoyo de un ejército de 15.000 soldados franceses. Evidentemente Portugal no aceptó el ultimátum.
En marzo del mismo año, se firmó el acuerdo definitivo del Tercer Tratado de San Ildefonso con Francia donde se confirmaba lo acordado en el tratado preliminar de 1800, ampliando las disposiciones y quedando de la siguiente forma:
- Renuncia de Fernando al Ducado de Parma
- Cesión por Francia del Gran Ducado de Toscana al Infante Luis Francisco de Borbón-Parma, hijo del anterior.
- Reconocimiento de Luis como Rey de Toscana.
- En caso de que la familia del Infante Luis no tuviese sucesor, los derechos pasarían a la Familia Real Española
- Cesión de Luisiana a Francia con la promesa de su devolución a España si Francia perdía el interés en la colonia, promesa que Napoleón incumpliría un año después de la entrega con la venta de Luisiana a Estados Unidos por 15 millones de dólares.
En octubre de 1802, el Rey Carlos IV publicó la Real Célula por la que se hacía efectiva la retirada de las tropas españolas del territorio.
Si la situación política era desesperada ante el poderío de la Francia napoleónica, la situación económica no lo era menos. La Hacienda se vio obligada a pedir créditos, a cualquier precio y condiciones, dadas las cifras de deuda que tenía el Estado. La deuda era veinte veces superior al presupuesto del Estado.
Esto explica el estado del ejército y la Armada española, si uno lee a Benito Pérez Galdós en Trafalgar conocerá el estado de abandono y penuria en la que se encontraban los mandos de la Armada en vísperas de la batalla. Un héroe de la misma, Cosme Damián Churruca, tuvo que pedir, en víspera de la batalla, un préstamo a su hermano para ayudar a su mujer pues llevaba cuatro meses sin cobrar y sin esperanzas de ver un real en mucho tiempo.
Además, las cosechas de 1800, 1801 y 1802 se perdieron debido a la meteorología. La hambruna duró hasta la recogida de la cosecha de 1804.
Consecuencia inmediata del Tratado de Madrid y de la negativa de Portugal a aceptar las condiciones planteadas, fue la declaración de guerra de España a Portugal el 27 de febrero de 1801, a pesar de la grave situación económica del país.
El Rey Carlos IV tenía especial interés en hacer la guerra lo menos cruenta posible, al fin y al cabo el regente de Portugal, futuro rey Juan VI, era su yerno, estaba casado con su hija Carlota Joaquina. La guerra fue planificada lo menos cruenta posible, con el menor derramamiento de sangre. Juan VI era regente por incapacidad mental de su madre María I.
El 20 de mayo, las tropas españolas entraron en el Alentejo portugués a las órdenes del nombrado Generalísimo, Manuel Godoy, ocupando algunas plazas del Alto Alentejo dando comienzo a la llamada Guerra de las Naranjas. La Guerra se llamó de las naranjas debido a un ramo de naranjas enviado por Godoy a la Reina cuando estaba sitiando la ciudad de Elvas. Las tropas francesas no llegaron a intervenir, se quedaron en retaguardia.
Inmediatamente, el Primer Ministro de Portugal, Luis Pinto de Souza, inició negociaciones con Luciano Bonaparte acordando la paz con el Tratado de Badajoz el 6 de junio del mismo año.
El tratado cerraba los puertos portugueses a los barcos ingleses. Fijaba la frontera en el río Guadiana dejando a Olivenza en el lado español.
La guerra también tuvo sus repercusiones en Sudamérica con el ataque de los portugueses a las Misiones Orientales españolas, antiguas reducciones jesuíticas del rio Paraguay en el sur del actual Brasil. Por el Tratado de Badajoz reconocía la soberanía española en los Territorios de las Misiones Orientales y en la colonia de Sacramento, actual Uruguay.
Portugal nunca devolvió los territorios de la Misiones Orientales, hoy pertenecen a Brasil, lo que justificó la no devolución de Olivenza después de las guerras napoleónicas.
El tratado no gustó a Napoleón, Francia no obtenía ventajas del acuerdo y no conseguía su principal objetivo, debilitar a Inglaterra.
Joaquín de la Santa Cinta, ingeniero aeronáutico, economista e historiador






