La Leyenda continúa: El reloj del antiguo Ayuntamiento de la Plaza del Padre Vallet se ha parado y (como tantas otras veces) indica a los vecinos que esta legislatura ha terminado

En el centro histórico del Gran Pozuelo de Alarcón, en la Plaza del Padre Vallet, el reloj del viejo Ayuntamiento se ha convertido, con el paso de los años, en algo más que un simple mecanismo que marca las horas…
Ayer, un lector nos envió una foto. Y nos decía junto a ella:
“El reloj del viejo Ayuntamiento está parado. Vuelve a acertar la hora dos veces al día.
Este fin de semana a las 18.14 (la hora de la foto), marcaba las 11.00 hs”.
Es curioso lo de ese reloj.
Parado durante largas temporadas como si a todo el mundo todo diese igual y el tiempo no fuera con él… Reparado cuando a alguien le sale de allí mismo… Se vuelve a detener casi como por inercia… Como si ese reloj hubiera terminado por adquirir un significado político que trasciende lo anecdótico.
Y yo me lo creo…
Y es que, amigo lector, no piense que es solo un fallo técnico, no.
Es una metáfora político-pepera.
Cada legislatura, el reloj parece reproducir el fin del ciclo político. Como si para él se hubiera acabado el tiempo político y ya no mereciera la pena seguir.
Y ahora ha terminado otra vez el ciclo.
Se detectó la avería en 2024, se anunció la reparación con cierta solemnidad (como si se tratara de la muy pepera señal de renovación) y el reloj volvió a latir. Ahora, sin que nadie lo entienda ni se sorprenda demasiado y, tras un periodo de tiempo más o menos largo, se ha detenido otra vez.
Es como si dijera, se acabó.
Insisto. Es como si el reloj no solo midiese el tiempo sino que midiese el pulso político del municipio. Se ha acabado el tiempo político de la legislatura y se ha parado.
Durante el mandato de Susana Pérez Quislant pasó. Y varias veces. Y la leyenda comenzó a tomar forma. La coincidencia entre los periodos de parálisis del reloj y la sensación de agotamiento político de su Gobierno en el Ayuntamiento fue comentada primero como broma y después como una intuición compartida. Lagarto-lagarto.
Ahora, bajo la alcaldía de Paloma Tejero, el mito se refuerza. La leyenda continúa. El reloj del Viejo Ayuntamiento vuelve a detenerse y con él parece detenerse también la capacidad de iniciativa transformadora de aquella alcaldesa que prometió el paraíso terrenal y pasará por Pozuelo sin pena ni gloria. O mejor, con más pena que gloria.
No le busquen explicación. “Así es la rosa”, que diría Juan Ramón Jiménez. Así es este reloj.
Es verdad que, como dice el lector, un reloj parado acierta la hora dos veces al día. En este caso, cuando llega la una de la madrugada o las 13 horas del mediodía, acierta. Pero eso lo único que hace es señalar, más fiablemente, su acción política y la acción política de Tejero.
Acabado los proyectos faraónicos, al Gobierno de Pozuelo solo le quedan las chuminadas. Y las publica dos veces al día.
Se ha desinflado y no sabe que está más perdido que Magide en la biblioteca Miguel de Cervantes.
Y lo que se anunciaba como transformador, cuando andaba el reloj y la legislatura prometía, ha acabado reduciéndose a iniciativas menores, a pequeñas actuaciones que, aunque puedan tener su utilidad, no compensan la expectativa generada.
Algunos vecinos ya hablan con ironía de “aciertos puntuales”, como si la política municipal hubiera adoptado, sin quererlo, la lógica del reloj detenido.
No sé si a alguien se le ocurrirá arreglarlo de nuevo. Siempre hay alguien en el Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón al que se le cae la cara de vergüenza, pero dará igual. Se volverá a parar. Funcionará unos días y dirá basta. Se acabó. Porque la legislatura está acabada.
No lo digo yo, que también, lo dice el reloj del viejo Ayuntamiento. Solo hay que mirarle.
Un reloj, en definitiva, cuyo valor no es estético ni económico sino simbólico.
Se ha convertido en un espejo político incómodo.
Marca o deja de marcar algo más que el tiempo.
Señala la distancia entre lo que se promete y lo que realmente se pone en marcha.
Juan Manuel Sánchez






