Almeida saca a Moratalaz del Servicio de Estacionamiento Regulado (SER) después de escuchar su vecindad mientras Tejero sigue manteniéndolo en zonas que no lo necesitan pero recaudan

Nunca entendí por qué la alcaldesa Tejero no copia. Si, del verbo copiar. La “copia de ideas políticas” es una práctica común y no hay por qué avergonzarse. No todo el mundo puede ser Adenauer.
Pero en Pozuelo, la alcaldesa peca de adanista. Y está tirado.
Por ejemplo, copiar la decisión del alcalde de Madrid José Luis Martínez-Almeida, de retirar a Moratalaz del Servicio de Estacionamiento Regulado (SER).
Y estoy muy de acuerdo con la rectificación. Me parece que marca un contraste significativo con otras políticas municipales en el entorno metropolitano, por ejemplo en Pozuelo de Alarcón.
Y es que, más allá del caso concreto, lo sucedido refleja dos modelos opuestos de gestión pública: uno basado en la escucha vecinal y otro, más cuestionable, orientado a la recaudación.
Y pongamos que hablo de Pozuelo.
El SER, como concepto, nació con una finalidad clara: favorecer la rotación de vehículos en zonas de alta actividad comercial, facilitando el acceso a clientes y dinamizando la economía local.
No fue concebido, en origen, como una herramienta para intervenir en barrios puramente residenciales donde la presión de aparcamiento responde a dinámicas distintas.
Por eso, la marcha atrás en Moratalaz resulta coherente. El propio Almeida ha reconocido que, aunque inicialmente se consideró adecuada su implantación en el barrio de Moratalaz, la oposición vecinal y el criterio del concejal-presidente del distrito le llevaron a rectificar.
Y no es frecuente ver a una administración admitir un error de diagnóstico y corregirlo a tiempo.
Este gesto, que el propio regidor ha definido como una muestra de “capacidad de escucha”, adquiere mayor relevancia cuando se compara con lo que ocurre en Pozuelo de Alarcón.
Aquí, el modelo parece invertido. Bajo la gestión de la alcaldesaSusana Pérez Quislant, el SER se extendió a zonas donde la lógica comercial es débil o directamente inexistente, afectando a barrios residenciales donde el aparcamiento no requiere rotación, sino estabilidad para sus vecinos.
La consecuencia de aquella cacicada es evidente: El SER dejó de ser un instrumento de movilidad para convertirse en un mecanismo de ingresos. Se penaliza al residente, se limita su capacidad de estacionamiento y se introduce una carga económica difícil de justificar desde el interés general. Aquella olvidable alcaldesa necesitaba pasta porque sus caprichoso gobernar la había dejado al Ayuntamiento de Pozuelo tieso como una mojama.
Y ante la necesidad, Quislant no escucho a nadie pero…
Pero en Pozuelo siempre hay un pero…
Pero la alcaldesa Tejero, lejos de rectificar aquella alcaldada, la sigue manteniendo. También necesita dinero.
Mientras en Madrid se retira el servicio donde no hay consenso, en Pozuelo se mantiene pese a las críticas vecinales y a prometer la bajada de impuestos.
Esta diferencia no es menor. Habla de prioridades políticas. En un caso, se entiende el espacio público como un ámbito de gestión compartida, donde la administración corrige en función de lo que escucha. En el otro, se percibe una tendencia a imponer medidas con escaso ajuste a la realidad social de los barrios.
El debate sobre el SER no debería reducirse a una cuestión técnica, sino política:
¿Para qué sirve realmente?
Si la respuesta es mejorar la movilidad, su implantación debe ser selectiva, justificada y consensuada. Si, en cambio, se utiliza como vía de financiación encubierta, pierde legitimidad.
Moratalaz ha quedado fuera del SER porque sus vecinos han sido escuchados.
La pregunta que queda en el aire es por qué en Pozuelo no sucede lo mismo.
Manolo Pérez






