Historia de los Mil Pozuelos (II) escrita por un pozuelero de nacimiento: En este largo periodo de tiempo (1983-2003) arrancan los grandes problemas que afloran y afligen el presente

Tras irse Juan Carlos García de la Rasilla, llegó José Martín Crespo (1983-2003) y ahí empezaron a aparecer los Mil Pozuelos que terminaron en la equivocada, irresponsable y ruinosa cacicada de la construcción del aparcamiento en la Plaza del Padre Vallet (que se vinculó al Caso Gürtel) y algunos otros y nefastos detalles más.
Me habría atrevido a afirmar y solicitar honestamente que, por su falta de empirismo y sentido de la realidad y su gran sobrante de prepotencia en métodos, modos y formas que consumó esa segunda alcaldía, con una desgraciada duración de 20 años, se eximiera de responsabilidad, que no de su desconocimiento, apatía, torpeza, falta de integración, lucidez e imaginación demostradas, a las sucesivas corporaciones municipales.
Los hechos más destacados de esa corporación municipal, que no supo afrontar los problemas menores de su momento ni trabajar para un futuro proyecto de ciudad que marcara su configuración y estilo propio con la cohesión y crecimiento que marcaran los tiempos.
Una etapa que comienza con dudosas artes desgajando más el territorio con la creación de su propio “reino”, amedrentando y confundiendo a los propietarios de los terrenos con el medieval sistema, rayano por su lógica e intenciones usadas en una presunta ilegalidad: La expropiación de todo un área al que se denominó “Ampliación Casa Campo”, hoy Avda. de Europa y aledaños.
Con la misma baja y repugnante fórmula, casi al final de su mandato, se puso en marcha el denominado Área de Reparto Pozuelo Oeste (las 230 Ha. de ARPO), récord de proyecto que lleva más de 30 años, (luego dicen algunos medios de comunicación, mediáticos personajes autodenominados “expertos” o “analistas” y muchos otros ignorantes, maliciosos y poco útiles políticos, que la culpa de la falta de viviendas la tienen los propietarios y la especulación).
Lógicamente, en su camino y de forma inmisericorde, se lleva por delante la centenaria Fuente de la Salud, convierte en edificable la “especial protección ecológica” del paraje denominado Charca de la Guarra, en la actualidad Cerro de los Gamos.
De forma pasmosa, cambian su uso y construyen cientos de viviendas en los terrenos del Campus de la Facultad de Somosaguas…
Esta muestra de majestuosos e inconexos proyectos, tal y como queda demostrado, se realizan sin objetivo integrador de ciudad, sin reparar en su cohesión, sin estilo constructivo ni sentido práctico de planificación y configuración de un pueblo razonable.
Los referidos y significativos hechos, junto con otras memorables anécdotas, no son lo más grave de la historia, lo peor es que no se quiso, no se supo o no interesó arreglar los entonces problemas latentes de los cascos urbanos despreciándolo con oprobio sistemático hasta la extrema degeneración de renegar de nuestras antiguas y significativas tradiciones.
Empujado quizá por los escritos sin contestación, por las preguntas directas sin respuesta en los plenos o por las primeras manifestaciones en la calle, por fin, aunque fuera una sola vez, se consiguió una nerviosa y desafortunada respuesta después de un Pleno al que acudieron cientos de vecinos: “No me voy a preocupar de un casco urbano que no me vota”.
Por ser testigos directos de las reacciones y formas del personaje que mandaba en esta “fiesta”, que solo informaba a su grupo de sus proyectos a la hora de la votación requerida, tal y como manifestó e, incluso, describió en un artículo de prensa su propio concejal dimitido y expulsado por aquel fatal y muy triste desgracia acaecida en la piscina municipal.
A este vecino que escribe y a otros muchos testigos, nunca nos sorprendió lo que ocurrió y seguirá ocurriendo, si la suerte y el tiempo no lo remedian.
Dicen que el tiempo todo lo remedia.
(Continuaremos…)
Juan Pozuelo
NdR: Gracias al lector que nos ha facilitado una foto de Juan Carlos García de la Rasilla junto a José Martín Crespo.





