Crónica de una charla de café, al estilo de moda, en la que se analizaron las causas por las que el Gobierno de Pozuelo es incapaz de hacer nada

Ayer, tuve una larga charla político-pozuelera con un lector de El Correo y buen amigo. Y buen político aunque no se dedique a la cosa pública, que decían los romanos. Fue una de esas charlas que tanto me gustan. Al estilo de moda. En una cafetería tranquila, frente a un café caliente y hablando de política municipal. A fin de cuentas, la política municipal es la más interesante de todas ya que es la más cercana al ciudadano. Es más, creo que muchos de los males de España son consecuencia de que sus políticos, especialmente de derecha, no han hecho nada por el municipalismo y quienes lo han hecho han partido siempre de unas premisas bastante sectarias e incoherentes.
Lógicamente, tras debatir sobre generalidades en las que no nos llegaremos a poner nunca de acuerdo, bajamos el listón y nos centramos en Pozuelo de Alarcón, posiblemente, la ciudad de la Comunidad de Madrid más interesante para poder desarrollar una política municipalista de primer orden. Y, como es normal, me volvió a decir que estoy siendo muy duro con el Gobierno de la señora Quislant. Que no le perdono ni una y que nunca parezco satisfecho con su labor. Y que, a fin de cuentas, no llevan ni cinco meses con la responsabilidad de gobernar esta ciudad tras haber sufrido un cambio traumático con la salida de Adrados y la llegada de Quislant.
Le contesté que lo entendía perfectamente pero que más me dolía a mí tener que pagarle todos los meses su sueldo con mis impuestos. En España, no tenemos claro ese concepto. Desde siempre, los españoles en general y los políticos en particular, no hemos sabido valorar el dinero público. Hubo quien llego a decir que el dinero público no era de nadie. En Pozuelo creo que hay algún concejal que lo sigue pensando. Pero ese dinero sale del bolsillo de los contribuyentes y debe ser respetado al máximo. Ahora, por cierto, vamos a pagar el segundo plazo del IBI.
También le dije que nadie está obligado a pertenecer al Gobierno. Otra de las cosas que olvidan. Y que los concejales no deberían haber sufrido mucho con la dimisión de la Olvidable porque el continuismo ha sido la base de la política pozuelera desde hace mucho tiempo, con lo que ya iba siendo hora de exigirles todo lo posible y más.
Después, la conversación derivó hacia la escasa capacidad de liderazgo de Susana Pérez Quislant y hacia su falta de ideas políticas, algo normal si observamos su trayectoria profesional. Y, en esto, coincidimos.
Susana lleva mucho tiempo en política (creo que no tiene ni una sola nómina pagada por una empresa privada a lo largo de su vida) pero nunca se había visto en la responsabilidad de gobernar. Sí en la de mandar pero nunca en la de gobernar. Y no es lo mismo.
Susana ha mandado a lo largo de su vida como mandaban los antiguos cabos de vara. Cumpliendo órdenes y haciéndolo bajo la amenaza cuando no del insulto. No hay más que preguntar en los lugares en los que ha desarrollado su labor. En Pozuelo, por ejemplo, pasándose siete pueblos.
Mi amigo mantiene la teoría de que Susana es mimética. Que actúa siempre con arreglo a lo que ve. Si sus jefes son duros, ella es más. Si sus jefes son menos duros, ella lo es menos. Y que en Pozuelo, como veía que la Olvidable era muy dura y desabrida, ella era mucho más. Mimetismo en grado superlativo dice. Yo no me lo creo. Porque si me lo creyese, llegaría a una peor conclusión.
Es cierto que Susana Pérez Quislant ha mandado siempre bajo órdenes. De ahí su inseguridad política ya que, como alcaldesa, ha perdido referencias. Lo más cerca que estuvo la alcaldesa de gobernar fue un par de años en la legislatura anterior junto a Adrados y esta mujer no era precisamente una maestra de la cosa política. Más bien al contrario. Durante cuatro años, Adrados fue la alcaldesa de la nada con lo que poco pudo aprender. Y la alcaldesa actual aprendió poco. También es verdad que Susana nunca pensó verse en la tesitura de ser la alcaldesa de una ciudad tan importante como Pozuelo de Alarcón y es perdonable que nunca prestase atención a nada de lo que hacía Adrados, aunque fuese solo para ver el lado negativo.
Y, lógicamente, la conversación pasó de Susana a su equipo de Gobierno. Un equipo formado por la Olvidable Adrados y pensado para que nadie le hiciese sombra y para que todo siguiese igual. Como a ella le gustaba. Prescindió del talento que podía ayudarla o lo relegó, más por temor a que la dejasen desairada que por otra cosa, y decidió abordar otra legislatura anodina. Susana se encargaría de mantenerlos a raya y ella seguiría en ese dejar pasar el tiempo como Penélope. Deshaciendo por la noche lo que hacía por el día.
La conversación terminó hablando de lo difícil que era hacer un cesto con estos mimbres. El Gobierno de Pozuelo no es político ni quiere serlo. Muchos no son de esta ciudad, otros se han acostumbrado al cargo y otros carecen de talento como se empieza a ver ya en los Plenos y eso que la oposición apenas ha empezado a achuchar.
Y por supuesto, nadie piensa. Pensar, qué cosa más difícil. Tampoco tienen necesidad. Todo el mundo echa balones fuera y que piensen otros. Que me digan qué hago y yo lo hago.
Me contaban el otro día que la jefa de Gabinete de la alcaldesa, la inefable Anabel Martín, que cobra un pastizal y venía para ser la gran esperanza blanca, resulta que no se moja ni bajo la ducha y, por supuesto, cuando hay algún error siempre es de otro.
Así es imposible.
El Capitán Possuelo