Paloma Tejero insiste en cabrear a los vecinos: Ahora le ha tocado el turno al Barrio de Humera en donde los fines de semana no se puede dormir a causa del ruido y de los botellones

La alcaldesa del Gran Pozuelo de Alarcón tiene el don de cabrear a los vecinos. Sin duda es un pato criollo. Cada paso que da, cagada que hace. Exactamente, lo contrario de lo que debería hacer. Se nota que es forastera.
La última deposición la está llevando a cabo en Humera, ese pequeño rincón amable de Pozuelo donde se podía dormir con la ventana abierta, donde los estudiantes paseaban sin prisas y las familias convivían con la tranquilidad de un barrio de toda la vida. Lo contábamos el otro día.
Humera era el paraíso.
Hoy, sin embargo, es el nuevo infierno acústico de la zona oeste de Madrid. Un caos nocturno de botellones, gritos, coches tocando el claxon a las seis de la mañana y jardines destrozados que pagan todos pero disfrutan unos pocos.
Los vecinos ya no distinguen si lo que oyen por la noche son botellazos, los bajos de una discoteca o directamente alguna cabeza golpeando una pared a las tres de la mañana. De todo hay.
Lo que sus vecinos sí distinguen, sin ninguna duda, es la ausencia total de una alcaldesa incapaz de ver, escuchar o actuar que se llama Paloma Tejero. Y a su lado, un comisario de Policía Municipal, llamando Lorenzo Antolínez, que parece convencido de que la mejor manera de gestionar un problema es fingir que no existe. Eso sí, ambos presumiendo de no se sabe qué.
Porque lo de Humera no es una exageración vecinal. Es un escándalo. Un nuevo escándalo en un municipio que presume de orden, limpieza y calidad de vida hasta que cae la noche. Y en el Recinto Ferial de la Avenida de Europa también.
Parece que a esta parejita de autoridades, o lo que sean, les va la marcha.
En cuanto se encienden los focos de cierta discoteca que todos conocen pero que nadie menciona en voz alta en el Ayuntamiento, no vaya a ser que se enfaden los de siempre… Desde ese momento, el sueño de cientos de vecinos se mide en decibelios, no en horas.
Mientras tanto, Tejero sigue confiando en que el ruido se apague solo. Pero no lo hará. Ruido atrae a ruido.
Y ese ruido trajo botellones multitudinarios.
Pero todo da igual. Nada. O no hay policías para patrullar los fines de semana por Humera o cobran mucho o hay un pacto secreto con alguien para permitirlo todo o estamos en manos de bienpagados que solo están en Pozuelo para lucirse. Y cobrar.
La situación es tan insoportable que los vecinos ya nos escriben desesperados. Como la vecina que, ayer mismo, nos envió este texto:
“Estimado Capitán, le escribo desesperada en nombre de muchos vecinos.
El horror en que se han convertido los fines de semana en Humera es insoportable.
A las doce y media un taxi que me traía a casa apenas podía avanzar entre la marabunta de jóvenes bebiendo en la calzada y destrozando los jardines.
Y luego la barbaridad: A las seis de la mañana, empezaron a tocar el claxon sin parar.
Las paredes llenas de orines y vómitos.
Personas mayores y familias no pueden más. Pero el Ayuntamiento no nos escucha.
Por favor, ayuda”.
Se ha creado, incluso, una plataforma en change.org para pedir auxilio. Y ni a Tejero ni Antolínez se les cae la cara de vergüenza. Para ellos, la noche en Humera es solo un problema de otros.
Humera necesita silencio. Y necesita a una alcaldesa y un comisario de policía que recuerden que gobernar no es posar como figurines sin alma sino proteger a quienes ya no pueden ni dormir en sus propias casas.
Hasta que eso ocurra, el infierno seguirá abierto. Y cada fin de semana, un poco más caliente.
Espero que el PP no se acerque por allí a pedirles el voto tras una legislatura de una anti-alcaldesa pepera…
Juan Manuel Sánchez







La alcaldesa del botellón tiene que tener algún interés empresarial en la discoteca de Húmera. Si no, no se entiende todo esto. NO debe haber un sitio así en una zona residencial. Porque los vecinos merecen descansar.
Muchas gracias por su participación. Saludos