El músico y folclorista Luis Martín, ‘alma mater’ del Nuevo Mester de Juglaría y Folk Castellano, se nos ha ido en Pozuelo y ninguna campana dobló por él en esta ciudad sin alma

El viernes pasado, malhaya la hora, se nos fue Luis Martín. Un pozuelero desde hace más de 30 años. Un vecino insigne aunque nadie del Ayuntamiento de esta ciudad, que fue suya, sintió su pérdida. Solo sus amigos y el mundo de la cultura y el folklore llenaron el Tanatorio del Cementerio del Santo Ángel de la Guarda.
Ninguna campana dobló por él y ni corona de flores municipal lamentó su partida…
Qué más da si ni siquiera sabían quién era… Este Gobierno está a otras cosas y anda perdido entre fotos y auto homenajes. Suele pasar.
Pero España, y especialmente Segovia, si supieron que se les había ido una figura irrepetible. En este gobierno forastero entregado al papel cuché, en cambio, ni siquiera saben que Pozuelo de Alarcón perteneció a Segovia. Cosas del abandono de las raíces.
Lo cierto es que el pasado viernes falleció el pozuelero Luis Martín, músico, folclorista e investigador, fundador y alma mater del grupo Nuevo Mester de Juglaría, y creador del festival Folk Segovia.
Y su marcha, aunque en Pozuelo no importe, deja un vacío inmenso en la cultura popular castellana, pero también un legado fértil que seguirá iluminando a quienes aman la música de raíz.
Desde aquella formación embrionaria de 1969 —el grupo Clan 5, que más tarde adoptaría el nombre definitivo de Nuevo Mester de Juglaría— Luis Martín asumió un papel central en el crecimiento del Mester.
Había que gritar que Castilla era la madre olvidada frente al empuje de Cataluña y su Nova Cançó y la fuerza de Andalucía con Jarcha. Y Luis puso su voz, su talento, su maestría con la bandurria y su sensibilidad para defender Castilla junto a sus compañeros del Mester.
Y el Mester participó en aquella verdadera revolución cultural.
A finales de los años sesenta y en plena transición democrática, el grupo recorrió pueblos, escuchó y grabó romances, jotas, mayos y melodías transmitidas de generación en generación.
De aquellas voces humildes nació un repertorio que el Mester supo transformar en arte.
Luis fue parte esencial de ese proceso: su presencia en el escenario, su constancia investigadora y su intuición musical ayudaron a consolidar el “sonido Mester”, que maestros como Ismael, Joaquín Díaz o Agapito Marazuela habían inspirado.
Discos como Los Comuneros o Romance del Pernales marcaron época y situaron al grupo entre los grandes referentes del folk español.
Pero donde su huella adquiere un carácter decisivo es en el ámbito de la difusión y preservación del folclore.
Hace ya cuarenta años, Luis Martín fundó Folk Segovia, un festival que logró colocar a la ciudad en la primera línea europea del género. Cada verano era posible verlo entre bastidores, en las plazas o en las calles: hablando con músicos jóvenes, acogiendo a visitantes, cuidando cada detalle de un proyecto al que dedicó una parte fundamental de su vida. No sé qué pasará ahora sin su presencia.
Reconocido como Hijo Predilecto de Segovia y galardonado con la Medalla de Oro de la Provincia, Luis siempre restó importancia a los honores. Decía que el mayor premio era subirse al escenario con su “familia”, sus compañeros del Mester, y compartir la música de su tierra con el público que llenaba los conciertos allá donde fueran.
Instituciones, colectivos y miles de admiradores han expresado su pesar por esta pérdida.
Todos coincidieron en lo mismo: En Luis Martín se unían la entrega, la cercanía y una pasión contagiosa por la tradición.
Pero no temáis. Se fue el hombre, su música sigue y cada vez que en Castilla suene una jota o un romance, seguirá resonando su huella. La que convirtió la memoria popular en belleza.
Descanse en paz, Luis Martín.
Siempre inolvidable.
Manolo Pérez






