Pozuelo de Alarcón, provincia de Sevilla ¿o era de Navarra?: La triste política de las alcaldesas del PP, en los últimos 16 años, atrapada en querer ser algo y terminar siendo un remedo

Estimado Capitán:
Como lector habitual de El Correo de Pozuelo desde hace años y de acuerdo con su búsqueda del Prestigio para esta ciudad, le escribo apenado al ver cómo este Gobierno promociona una cutre-Feria de Abril de Sevilla o favorece cutre-costumbres de las Fiestas de San Fermín de Pamplona.
Espero que sean de su consideración estas líneas sobre la pobreza político-pepera de unas alcaldesas que pasan por Pozuelo de Alarcón como pasa la luz por el cristal, sin romperlo ni mancharlo.
Las alcaldesas peperas llegan, están y se van… Y luego la nada.
Y es que Pozuelo de Alarcón, esa ciudad envidiada por tantos por ser la ciudad más rica de España, no es nada. Escasamente un pocillo. Un pozo pequeño sin “agua” (entendiéndola como vida) aunque sea la ciudad del agua.
Tan pequeña es esta ciudad que, pese a su fama, vive atrapada en la paradoja incómoda de querer ser muchas cosas sin atreverse a ser realmente nada.
En su afán por construir una identidad, han terminado adoptando fragmentos de otras ciudades, como si la personalidad colectiva pudiera improvisarse a golpe de calendario festivo.
Así, por ejemplo, la ciudad este año se disfraza un poco de Sevilla con una versión descafeinada y cutre de la Feria de Abril y, desde hace unos años y durante las Fiestas de la Consolación, la ciudad se disfraza otro poco de Pamplona con unas peñas que evocan, sin alcanzar, el espíritu de San Fermín. Incluso se ha importado el “Pobre de mí”, como si repetir el ritual bastara para dotarlo de significado en un remedo bochornoso de un acto casi litúrgico…
El resultado, sin embargo, siempre deja un regusto amargo. No por la intención, que podría ser loable, sino por la falta de autenticidad y su cutrerío.
Las tradiciones no se construyen de un día para otro ni se trasplantan sin raíces. Nacen de la historia, del carácter de una comunidad, del paso del tiempo. Y ahí es donde Pozuelo parece desorientado. Porque, aunque pocos lo recuerden, esta localidad tiene un pasado ligado a Segovia, una herencia castellana que ha quedado difuminada bajo capas de modernidad y crecimiento acelerado.
Pero no se trata de volver a 1208 y al rey Alfonso VIII. No hace falta. Hay cosas más cercanas importantísimas pero que, en lugar de explorarla y reivindicar su legado, se ha optado por la imitación.
Y la imitación, señores, cuando carece de alma, se percibe como artificio. De ahí esa sensación de que todo es “cutre”, no necesariamente por falta de recursos sino por ausencia de identidad y de voluntad política.
Porque Pozuelo, paradójicamente considerada una de las ciudades más ricas de España, parece pobre en relato propio.
Durante las últimas cuatro legislaturas, esa construcción política de su propia historia y de su actual idiosincrasia, parece haberse quedado en la superficie. Se han desarrollado infraestructuras, urbanizaciones, servicios, pero no una idea clara de comunidad. No se ha tejido un imaginario compartido que dé sentido a lo que se celebra, a lo que se es.
Lógicamente, ese vacío se ha llenado con imitaciones superficiales, banales, frívolas, insignificantes…
¿Qué es Pozuelo de Alarcón?
¿Un escaparate de prosperidad sin alma?
¿Un mosaico de influencias ajenas?
¿Un lugar de paso para quienes viven en él pero no lo sienten propio?
La falta de respuestas claras alimenta esa sensación de vacío.
Quizá el problema no sea que Pozuelo quiera parecerse a Sevilla o a Pamplona, sino que no ha decidido mirarse a sí misma.
Toda ciudad necesita reconocerse en su historia, por discreta que sea (en Pozuelo no lo es), y proyectarla hacia el futuro. Sin ese ejercicio, todo intento de identidad será superficial.
Porque al final, más allá de estadísticas o fiestas importadas, lo que define a un lugar es su capacidad para contar su propia historia.
Y ahí, Pozuelo aún tiene mucho por escribir.
Y depende solo de la voluntad política…
Pero no en la de los últimos 16 años…
Las cuatro ultimas legislaturas.
Juan Pozuelo






