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Historias de la Armada Española
Portada›Historias de la Armada Española›La Armada de Flandes (II): Tras los graves problemas que el mal tiempo producía a los intentos españoles de auxiliar a los Tercios, fue Alejandro Farnesio quien lo intentó sin demasiado éxito

La Armada de Flandes (II): Tras los graves problemas que el mal tiempo producía a los intentos españoles de auxiliar a los Tercios, fue Alejandro Farnesio quien lo intentó sin demasiado éxito

By Capitán Possuelo
22/03/2024
2023
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Dejamos el capítulo anterior el 25 de septiembre de 1575, el día que zarpó de Santander la armada mandada por Pedro de Valdés y Juan Martínez Recalde con destino a Flandes.

Al mismo tiempo, se ordenó la salida al Canal de los navíos españoles de los puertos del Canal: de Dunquerque (ciudad del norte de Francia actual, en estas fechas pertenecía a Flandes español) y de Nieuport (actual ciudad belga de Nieuwpoort, en estas fechas pertenecía Flandes español, situada al norte de Dunquerque) y otros puertos de Flandes para guiar a la armada de Valdés a un puerto seguro.

En la flota no se enviaba dinero pese a los ruegos de Requesens. Se consideraba arriesgado enviarlo por los peligros inherentes al paso por el Canal.

La necesidad de dinero era tan urgente que Requesens envió una carta al Rey en la que pedía renunciar a la armada, por la que tanto había suplicado, si no se enviaba dinero ya que no disponía de medios para sustentar más hombres y barcos que arribarían con la armada.

La armada la componían unos 42 buques de distinto tonelaje que trasportaban unos 1.900 hombres entre soldados y gente de mar.

Nada más abandonar Santander, la escuadra fue sometida a un violento temporal que la dispersó por los puertos de la costa sur de Inglaterra (por entonces Inglaterra no era un país enemigo) y en los de las islas de Scilly y de Whight. En total fueron unos 33 buques los que recalaron en Inglaterra, el resto regresó a España.

Pasado el temporal, Recalde reunió lo que quedaba y a finales de noviembre partió rumbo a Dunquerque con 32 buques y alrededor de 1.200 hombre entre soldados y marineros. Valdés, cumpliendo órdenes, se volvió para España con dos naos y unos 350 hombres.

A primeros de diciembre apareció la avanzadilla frente al puerto de Dunquerque, pero como casi todas las armadas que en esa época y posterior se enviaron al Canal, una violenta tempestad volvió a dispersarla, devolviendo algunas naves hasta las costas ingleses, otras se perdieron y se produjeron daños en las demás. A Dunquerque arribaron 28 buques y unos 800 entre soldados y marineros.

Una vez más el apoyo naval y humano a las tropas de Flandes fracasó. No supuso ningún refuerzo, sino más bien, aumentaron las cargas al gobernador. Acrecentaron las necesidades de mantenimiento de buques y personal.  Aunque bastantes hombres desertaron, en pleno invierno faltaban alimentos, ropa, calzado y lugar de cobijo, además, no podían zarpar de regreso a España por los temporales de la estación.

Incansable en sus intentos, el rey Felipe II ordenó, en noviembre de 1575, la preparación de una nueva armada con destino a Flandes confiando en que, en esta nueva ocasión, tendría mejor suerte que la de Valdés.

La puso al mando de Sancho de Archiniega, marino vizcaíno, nacido en Portugalete, general de la Carrera de Indias con amplia experiencia en el mar.

Los medios de la escuadra fueron escasos, 2 naos y seis zambras, pero transportaban el dinero necesario para aliviar las necesidades más urgentes del ejército de Flandes.

El plan previsto proponía una parada en la isla de Whight y, desde allí con las zambras, transportar el dinero a Dunquerque. El destino de la flota se mantuvo en secreto para evitar las deserciones y los ataques enemigos.

Pero la armada también tuvo mala suerte, los problemas comenzaron antes de partir. Cuando el 25 de noviembre intentaba salir, los 400 hombres alistados se sublevaron, además una de las naos se averió quedando inútil para partir.

Después de pagar a los soldados la flota pudo zarpar con una nao menos. Nada más salir se vieron envueltos en un violento temporal que hizo que algunas zambras se perdieran, otras se averiaron seriamente y las pocas que pudieron continuar se vieron obligadas a volver a España porque sus tripulaciones se amotinaron de nuevo.

El motivo en este caso fue el temor a ser atacados por los mendigos del mar.  Estos era corsarios flamencos rebeldes que, amparados por Inglaterra, entorpecían la navegación de española en el Canal de la Mancha. Su nombre procedía de una anécdota ocurrida entre un grupo de nobles flamencos y la gobernadora de los Países Bajos Margarita de Parma en 1566.

A finales de diciembre de 1575, el rey Felipe II decidió no enviar más dinero ni flota a Flandes. Todos los esfuerzos habían fracasado, y con estos fracasos se perdió la posibilidad de recuperar el territorio perdido y ganado por la sublevación.

Los holandeses aprovecharon esa oportunidad para hacerse con la mayor parte de los puertos de Flandes.

A pesar de ello, los actos heroicos llevados a cabo por los Tercios en operaciones anfibias, asaltando ciudades en Zelanda con el agua hasta el pecho entre los años 1572 y 1575, mejoraron la situación general.

Durante este periodo de tiempo se produjo el asedio rebelde a Middelburg (ciudad de la provincia de Zelanda en la antigua isla de Walcheren) entre los años 1572 a 1574. La ciudad estaba defendida por el coronel Cristóbal de Mondragón, quien solo acabó capitulando cuando los refuerzos destinados a su ayuda fueron derrotados en Rimmerswiel.  Con su rendición se perdió el control de las bocas del río Escalda.

En torno a este asedio se produjeron varias derrotas navales españolas que acabaron con el control marítimo de los Países Bajos por los mendigos del mar.

En marzo de 1576, en Bruselas murió Luis de Requesens y fue nombrado su sustituto el príncipe Juan de Austria.

El gobierno de Juan de Austria fue muy corto, murió en octubre de 1578, por lo que poco pudo hacer para cambiar los acontecimientos.

La defensa de los Países Bajos españoles se basaba en la presencia de un ejército español (los famosos Tercios), pero sin la oportuna cobertura naval adecuada para mantener el dominio, haciendo el territorio extremadamente vulnerable por mar.

La guerra en los Países Bajos y las dificultades para el mantenimiento de las comunicaciones con España se extremaron con el comienzo de la guerra entre España e Inglaterra en 1585.

Por entonces era Gobernador de los Países Bajos el Duque de Parma Alejandro Farnesio (desde 1578 hasta su muerte en 1592), quien, en una extraordinaria campaña militar en 1585, redujo el territorio ocupado por los rebeldes a solo cinco provincias (Holanda, Zelanda, Utrecht, Frisia y Groninga), pero, además, con los rebeldes desunidos y desmoralizados.

La toma de Amberes en agosto de ese mismo año, 1585, asustó tanto a la reina inglesa, Isabel I, que dio un paso más en el apoyo a los rebeldes holandeses. Firmó con ellos el Tratado de Nonsuch por el que se acordó suministrar ayuda militar inglesa directa bajo mando inglés.

La reacción española al progreso inglés en el Canal fue muy lenta y tardía. En 1583, Alejandro Farnesio reactivó el Almirantazgo en los países Bajos. El organismo tuvo muchas dificultades para su puesta en marcha y se convirtió en inoperante.

Las funciones tenían un componente civil (comercial y fiscal) y otra militar, pero no era un organismo con autonomía suficiente y ni organización propia, dependía del ejército de tierra.

Además, se supeditaba a un consejo que tenía la última decisión que, para más inri, el Consejo y el Almirantazgo tenían sedes diferente, el primero en Amberes y el segundo en Dunkerque.

Carecía de una estrategia militar por lo que se produjeron dos consecuencias directas:  en Flandes no había buques en cantidad suficiente para defenderse, ni bastantes puertos para albergar buques en caso de construirse.

Desde el punto de vista estratégico, estaba claro que la lucha contra los enemigos de los españoles, en este escenario de guerra, pasaba por controlar el tráfico por el Canal. La única alternativa era el envío de una Gran Armada contra Inglaterra.

Cuando Alejandro se preparaba para acabar con la resistencia de los rebeldes desmoralizados en1588, recibió órdenes de prepararse para la invasión de Inglaterra escoltado por la Gran Armada.

Como buen militar acató el proyecto a disgusto porque dilataba sus planes de reconquista de todo el territorio rebelde.

El fracaso que supuso la Gran Armada, Farnesio volvió a sus planes de reconquista.

Planes que tuvieron que ser abandonados nuevamente, pesa a sus protestas, por órdenes del rey Felipe II cuando, en 1589, le ordenó intervenir en Francia por el problema que representaba la muerte sin hijos del rey francés Enrique III y las esperanzas de Felipe II de que su hija Isabel Clara Eugenia heredara el trono vacante.

Cuando Alejandro retornó a los Países Bajos los encontró en un estado lamentable. Se había perdido buen aparte del territorio reconquistado y el ejército estaba amotinado por falta de pagas.

Después de recupera al ejército, en 1591 se dirigió liberar a Nimega del cerco a que la sometía las tropas rebeldes de Mauricio de Nassau. Pero fue reclamado nuevamente por el Rey para que se dirigiera a libera a la ciudad de Ruán (capital de la Normandía francesa).

Volvió advertir a la Corte española del riesgo que corrían los Países Bajos, pero levantó el cerco de Nimega y de Ruán. En el cerco de la ciudad de Caudebec -en-Caux, en la mima región de Normandía, recibió un tiro de arcabuz en un brazo, herida que le causó la muerte en diciembre de 1592.

Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»

Para saber más:

  • Diccionario Biográfico. Real Academia Española de la Historia.
  • Fernández Duro, Cesáreo. Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. VII, Expediciones a Ultramar. Instituto de Historia y Cultura Naval.
  • Ortega y Medina, Juan A. El conflicto anglo-español por el domino oceánico (siglos XVI_XVIII). Históricas Digital.
  • Pazzis Pi Corrales, Magdalena de. Pedro de Valdés y la Armada de Flandes.
  • Alcalá–Zamora y Queipo de Llano. Velas y Cañones en la Política Septentrional de Felipe II
TagsAlejandro FarnesioHistoria de EspañaHistorias de la Armada Española
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