La Armada de Flandes (I): De los problemas de montar una escuadra a la falta de recursos económicos que hacían imposible defender los intereses comerciales de España y Holanda

El comercio español con el norte de Europa era fundamental para los habitantes de las cotas occidentales del Golfo de Vizcaya en el Mar Cantábrico. Los habitantes, separados del resto de Castilla por la Cordillera Cantábrica, encontraron en el mar el modo asequible de mejorar su vida comerciando con aquellos productos demandados por las ciudades del norte y recabando aquellos de los que carecían.
Especialmente fueron activos en este comercio los puertos de Santander, Castro Urdiales, Laredo y Bilbao que conectaban con los principales puertos del norte como Amberes y Brujas. Estas ciudades llegaron a ser los puntos de conexión de las exportaciones e importaciones castellana que, además, servirán de puente con las ciudades del Mar Báltico.
Desde Castilla se enviaba lana y hierro forjado de lo que eran deficitarios en el norte, a cambio de trigo, telas de Flandes y materiales necesarios para la construcción naval procedentes del Mar Báltico.
Estos intercambios fueron muy activos desde el siglo XIV, cuando las flotas flamencas partidarias de la Monarquía defendían el comercio con el Mar Báltico. En períodos de guerra con los países con costas en el Canal de la Mancha, en los puertos españoles del Cantábrico se organizaban flotas mercantes para la protección del comercio con destino a Flandes.
Estas rutas de intercambio de productos entre España y el Norte de Europa siguió, más o menos interrumpidas, durante los siglos siguientes, XV y XVI, hasta que la Guerra de los 80 años con los rebeldes holandeses y la Guerra contra Inglaterra la hicieron casi imposible.
La dificultad del control de la ruta debido a los ataques de los buques ingleses y holandeses, complicaron el envío de recursos a Flandes, estorbando el flujo de mercancías, soldados y dineros a los Tercios desplazados en los Países Bajos, y forzaron el desarrollo de la ruta terrestre llamada El Camino Español.
Trasladarse por tierra travesando Europa era un camino muy largo, se empleaba mucho tiempo y, además, estaba más expuesto a incidentes que la ruta marítima. Mientras en el primer caso se tardaban alrededor de tres meses, por mar, desde La Coruña o Santander, se empleaban unos 40 días, incluso menos si el tiempo acompañaba.
La ruta terrestre se usó durante el reinado de Carlos V cuando no se podía utilizar como puerto resguardo a Calais, pero se estableció casi de forma habitual después de 1567 cuando el III Duque de Alba de Tormes se desplazó desde Milán a Flandes con un ejército a sus órdenes durante el reinado de Felipe II. Esta ruta se hizo, prácticamente, única a partir de 1580.
El Duque de Alba sofocó los primeros incendios de la guerra, pero pidió ser relevado en 1573 debido a la gota (un tipo de artritis que causa dolor e inflamación en las articulaciones).
El rey nombró sustituto a Juan de la Cerda y Silva, IV Duque de Medinaceli. Este debía partir para Flandes con una Armada que daría escolta a la flota lanera de Cantabria. El objetivo era reforzar las tropas en los Países Bajos y reactivar el decaído comercio de lanero con Castilla.
En diciembre de 1571, se hizo a la mar con tal mal tiempo que tuvo que volver a los puertos de partida, Laredo, y a Santoña, con la pérdida de dos naves que naufragaron en la costa. Medinaceli decidió invernar y no volvió a salir hasta abril del año siguiente, 1572.
La segunda vez, zarpó con una flota de 45 naves, diez de guerra y el resto mercantes, además de embarcar el Tercio de Infantería de Julián Romero (mítico militar español que comenzó su carrera como soldado raso y que, con su valor, alcanzó la nobleza y el máximo escalafón militar) con más de mil doscientos hombres y gran cantidad de lingotes de plata para amonedar.
Después de dos recaladas forzadas por temporales en Bretaña, en una de las cuales perdió un buque, llegó a Flandes después de 29 días de viaje.
A su llegada comprobaron que el estado de la rebelión había empeorado considerablemente. El Conde de la Marca, rebelde refugiado en Inglaterra, reunió una gran flota y, en abril de 1572, atacó las costas holandesas en las bocas del río Mosa (río que nace en Francia y desemboca en el Mar del Norte en la delta común formada por los ríos Rin-Mosa- Escalda), a pocos Kilómetros de Rotterdam.
A su llegada, el Duque fue avisado de la imposibilidad de desembarcar al no haber puerto donde pudiera hacerlo con tranquilidad, por lo que tuvo que anclar en mar abierto frente a Blankenberge (pueblo de Bélgica, en la provincia de Flandes Occidental), con riesgo de encallar en los bancos del lugar.
Con los barcos de menor fondo desembarcaron el Duque, la infantería y los lingotes de plata en La Esclusa (pueblo de los Países Bajos en la región de Flandes) a costa de perder alguno buque.
El resto de la flota puso rumbo al puerto de Ramekens al mando de Juan Martínez de Recalde
Pero el Duque de Medinaceli, hombre contrario a la política que llevaba desarrollado el Duque de Alba y obligado a entenderse con este último, incomodo en una situación que no podía prolongarse y negándose a ser una figura decorativa, regresó a España a finales de 1572.
Luis de Requesens y Zúñiga (en la foto) fue nombrado gobernador de los Países Bajos en 1573 en sustitución del III Duque de Alba de Tormes.
Requesens refiriéndose a la crítica situación de las fuerzas españolas en aquellas tierras escribió una carta el rey Felipe II en los siguientes términos: “En el término en que están las cosas es en sustancia que yo no puedo hacer Armada acá por falta de navíos. artillería, de municiones, de marineros de quien se pueda fiar y de dinero, que es el nervio de todo: y si no viene Armada de España. que tantas veces he escripto. no solamente no se cobrará lo que los enemigos tienen ocupado, pero creo que se perderá lo demás…” en petición al Rey de una nueva y efectiva armada para dar fin a la rebelión.
No lo consiguió y las provincias costeras de los Países Bajos se perdieron para siempre (Holanda y Zelanda), además, esto permitió el desarrollo de una armada holandesa moderna y potente que, junto a los corsarios franceses e ingleses, interrumpieron las comunicaciones marítimas con los Países Bajos después de comenzar la Guerra de los 80 años contra los rebeldes en 1568,
Requesens fue gobernador desde 1573 a 1576.
El Rey se convenció que la rebelión había nacido y desarrollado por mar y que la forma de vencerla tenía que ser en este medio, ordenó formar una nueva flota en Santander en enero de 1574.
Para su mando nombró a Pedro Menéndez de Avilés (gran marino y adelantado de La Florida) al que reclamó de sus territorios americanos. Este se presentó en Santander en septiembre de 1574, pero no pudo tomar el mando porque murió el día 17, nueve días después de su llegada.
Su muerte, la falta de marineros, de dinero y la lentitud de su alistamiento, además del azote de la peste hicieron a la flota inefectiva antes de zarpar.
Las consecuencias de su ausencia en el teatro de operaciones fue la pérdida de la última plaza fuerte en Zelandia y el control rebelde de todas las plazas tomadas por los españoles en la campaña de 1573, excepto Haarlem y Ámsterdam.
El rey Felipe decidió organizar una nueva armada para enviar soldados y dinero a Flandes aprovechando los recursos reunidos para la armada de Menéndez de Avilés, pero el mal estado de los barcos le hizo abandonar esta idea.
El Rey volvió a ordenar la preparación de una nueva armada, pero volvieron a surgir los mismos problemas de siempre: la falta de dinero, de medios, de gente y las necesidades en otros teatros de la guerra distintos de Flandes, la hicieron imposible.
No obstante, el Rey ordenó en secreto la formación en Santander de la armada de Flandes en 1575 que pondría a las órdenes de Pedro de Valdés Menéndez-Lavandera (asturiano, gobernador de Cuba, capitán general de las Armadas y almirante) como comandante en jefe y capitán general y de Juan Martínez Recalde Larrinaga (vizcaíno, almirante y armador) como vicealmirante.
La escuadra estaría formada por 70 buques de distinto tonelaje, con una dotación de 2.500 personas, bien artillada y con suministros para tres meses.
El plan contemplaba que, una vez llegada la armada a Flandes, Valdés debería regresar a España con dos naos bien artilladas para, junto a otras procedentes de Andalucía, formar la Armada de Guarda de Costas, mientras Recalde continuaría al mando de la armada para desembarcar 150.000 ducados y 2.000 hombre en ayuda del gobernador Requesens.
Como siempre, los planes previstos eran muy difíciles de cumplir. Diferencias entre los dos mandos, dificultad en el reclutamiento (se había corrido el rumor de que el destino era a un lugar peligroso) y falta de dinero, retrasaban una vez más la salida.
Las dificultades eran tanta que se pensó seriamente en pararla y licenciar a la gente alistada.
Pese a todos los inconvenientes, la Armada zarpó de Santander rumbo a Flandes el 25 de septiembre de 1575.
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Diccionario Biográfico. Real Academia Española de la Historia.
- Fernández Duro, Cesáreo. Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. VII, Expediciones a Ultramar. Instituto de Historia y Cultura Naval.
- Cerezo Martínez, Ricardo. Las Rutas marítimas españolas en el siglo XVI.
- Ortega y Medina, Juan A. El conflicto anglo-español por el domino oceánico (siglos XVI_XVIII). Históricas Digital.
- Pazzis Pi Corrales, Magdalena de. Pedro de Valdés y la Armada de Flandes.






