Luchas en el Canal de la Mancha en la última década del siglo XVI y principios del XVII (III): Victorias y derrotas de la Armada Española en su larga guerra contra Inglaterra

Seguimos contando lo ocurrido en el Canal de la Mancha y en otros lugares de España e Inglaterra en la época que nos ocupa. Entre ellos tenemos: el desembarco de tropas española en Cornualles, el ataque inglés a Cádiz, la Segunda Armada Española o Armada de Intervención en Irlanda, ataque inglés a las Azores, Tercera Armada española y el desembarco en Inglaterra, expedición española a Irlanda y desembarco en Kinsale y, finalmente, la paz entre ambos países.
Siguiendo con la cronología de los hechos, en 1584, las fuerzas españolas en Bretaña trataron de controlar el mayor número de ciudades costeras con la intención de instalar bases en los puertos bretones que sirvieran para asegurar la navegación segura de las flotas españolas en el Canal de la Mancha, así como, el apoyo a las futuras Armadas contra Inglaterra que se estaban planificando.
Siguiendo órdenes del Rey, Juan del Águila atacó la ciudad de Brest a principio de año pero no la pudo ocupar. Esta ciudad era la base de naval de operaciones de los ingleses y el lugar por donde entraba todo el apoyo de estos a los hugonotes franceses.
El maestre de campo español decidió establecer un destacamento en Crozón que era una punta (conocida desde entonces como Punta de los españoles) estratégica que bloqueaba los accesos al puerto de Brest. En la primavera, se comenzó la construcción de un fuerte que se llamó Fuerte del León en la península de Kélern (Quelern). En una punta en la extremidad oriental de la península que constituía la entrada al puerto de Brest. El duque de Mercoeur, entendiendo que debilitaba a las fuerzas, no ayudó en la construcción, incluso, exigió su destrucción.
El trazado lo diseñó el ingeniero Cristóbal de Rojas y el material no disponible sobre el terreno (la cal y otros) lo llevó desde España Zubiaur. Con el trabajo de todos los soldados se construyó en veintiséis días, a pesar de las hostilidades de los vecinos y de tropas enemigas.
La guarnición, mandada por el capitán Tomé de Paredes, estaba compuesta por unos 400 hombres de tres compañías.
Aprovechando las distensiones entre el maestre y el duque, los enemigos decidieron atacar el Fuerte del León que tanto daño les producía. Así, los primeros de octubre de 1594, este fue atacado desde el mar por buques ingleses y holandeses y desde tierra por un ejército de unos 6.000 hombres.
El fuerte resistió heroicamente hasta el día 19 de noviembre cuando, con su capitán muerto de un disparo de cañón, una mina abrió una brecha por la que entraron los enemigos. Los ingleses, en venganza de su derrota en Craon un par de años antes, procedieron a pasar por las armas a casi todos los supervivientes sin distinción de sexo o edad. Solo sobrevivieron nueve hombres.
Los defensores vendieron cara su derrota. Las fuerzas enemigas tuvieron 3.000 bajas por enfermedad a las que hay que sumar las producidas por los combates. Además, el almirante inglés Frobisher, el mariscal de campo francés Señor de Liscoet, el Sr. de Romégon y varios oficiales más murieron en combate.
Cuando el maestre se enteró del ataque al fuerte fue en su socorro, pero sin caballería (el duque se resistió a proporcionarla, así como otros medios de los que el maestre no disponía) no pudo llegar a tiempo para poder ayudarlo.
Por la heroica defensa, y para honrar el valor de los españoles, el mariscal francés d´Aumont ordenó enterrara en la iglesia de Brest el cuerpo del capitán Paredes en el mismo sepulcro que el del Sr. de Romégón con honores militares.
Desde la pérdida del Fuerte del León, decayó el interés de la guerra en Bretaña, quedando solo las naves del puerto de Blavet a las órdenes de Diego Brochero y Pedro de Zubiaur.
Villaviciosa y Bertendona eran los responsables de mantener las comunicaciones con la península y de combatir el tráfico por el canal de ingleses y holandeses.
El año 1594 fue especialmente desdichado para los españoles, a la pérdida del fuerte en Bretaña se unió un contraataque holandés con éxito en Flandes, lo que alentó a los enemigos, en especial al rey francés Enrique IV, quien declaró la guerra a España a comienzos del año siguiente.
A finales de año, Felipe II llamó a la corte a Diego Brochero al que ascendió a Almirante General de la Armada Real del Mar Océano.
En el verano de 1595, desde Blavet se organizó una expedición de cuatro galeras la costa del Condado de Cornualles. Una expedición que consiguió poner pie en las costas inglesas desembarcando 400 arcabuceros. Hecho que no había ocurrido hacía desde hacía casi dos siglos cuando Sánchez Tovar subió por el Támesis con la flota castellana en 1380 y Pero Niño, con otra flota, desembarcó en Cornualles en 1405.
Las cuatro galeras que estaban mandadas por Carlos de Amézola (Carlos de Amésquita), atravesaron el Canal hasta las costas del pueblo de Mousehole, en la bahía de Mounts, donde desembarcaron el día 2 de agosto. El pueblo, abandonado por sus habitantes, fue incendiado. Igual hicieron con otros pueblos y ciudades de la costa, tomando un fuerte y tres naves cargadas.
El día 4 abandonaron Inglaterra no sin antes hundir una embarcación de la marina inglesa y de lograr esquivar a una flota mandada por Francis Drake y John Hawkins que había partido en su búsqueda.
De vuelta a Francia se cruzaron con una escuadra holandesa de 46 naves de la que consiguieron escapar después de hundir dos unidades enemigas.
El día 10 de agosto regresaron a Blavet victoriosos. La expedición se saldó con 20 bajas, todas ellas producidas en los combates contra los holandeses.
Pero la disminución de presas y la falta de lugares enemigos para saquear perjudicó seriamente la capacidad de alimentar al contingente español en Blavet.
Además, el tercio sufría los problemas típicos del ejército español de la época, la falta de pagas que, unido a las enfermedades y la falta de reemplazos, provocaba una constante disminución de efectivos.
El tercio, cansado de siete años de sufrimiento, se amotinó dos años más tarde, en 1597, cuando los soldados detuvieron al maestre de campo y a los oficiales que estaban en Blavet.
Un año más tarde, en 1598, después de la paz de Vervins entre franceses y españoles, el tercio fue retirado dando fin a la expedición española en Bretaña.
Los ocho años en Blavet supusieron un extraordinario gasto, tanto económico como humano, en una expedición frustrada en tierras bretonas.
Los rebeldes irlandeses, en guerra con los ocupantes ingleses (guerra de los nueve años conocida como la Rebelión de Tyrone), venían pidiendo ayuda a Felipe II para lo cual enviaron mensajeros y cartas al rey ofreciendo su territorio como una base desde la que atacar, e incluso, invadir Inglaterra.
La situación era favorable, los españoles acaban de conquistarlos puertos de Calais y Dunkerque, y Felipe II se comprometió en enviar ayuda a los rebeldes irlandeses. Ordenó preparar una nueva gran armada conocida como Armada de intervención en Irlanda (Segunda Gran Armada) y se comenzó a reunir buques en los puertos andaluces y en Lisboa.
La reina Isabel I, preocupada por la pérdida de los dos grandes puertos del Canal y conociendo la formación de la nueva armada, decidió adelantarse y atacar a los buques españoles en los puertos donde se estaban reuniendo los buques. Además, contaban con que la fuera militar española más eficaz (los tercios) estaban fuera de la Península y las fuerzas que defendía las costas peninsulares eran las milicias poco, o nada, entrenadas y preparadas.
Pero los españoles también tenían noticias de que los ingleses estaban preparando una contra armada para atacar Lisboa y Cádiz, aunque parecía lógico que el ataque fuese a Lisboa donde se llevó a cabo la mayor concentración de fuerzas.
El 13 de junio de 1596, zarpó de Plymount una flota mandada por Charles Howard y Rober Devereux, conde de Essex, con el objetivo de atacar a los buques españoles en sus puertos y, posteriormente, poner rumbo a las Azores para interceptar la Flota de Indias.
La flota estaba compuesta por 150 naves inglesas, a las que se añadieron 20 unidades más holandesas, que trasportaban más de 7.000 soldados y otros tanto marinos. Estaba dividida en cuatro escuadras mandadas por Charles Howard, Thomas Howard, Walter Raleigh y Francis Vere. Las fuerzas terrestres las mandaba el conde de Essex.
Cádiz fue saqueada durante 14 días, no se destruyeron los barcos que estaban en el puerto porque estos se refugiaron en Sanlúcar de Barrameda. De los cuatro galeones españoles que trataron de impedir la entrada en el puerto, dos fueron capturados y otros dos encallaron y fueron incendiados por sus capitanes para evitar ser capturados.
Arrasaron la ciudad al negarse el duque de Medina Sidonia, Capitán General del Mar Océano, a pagar un rescate por ella.
Algunos de los mandos de la flota enemiga propusieron fortificar Cádiz para utilizarla como base de operaciones, pero no hubo acuerdo entre ellos, ni en esto ni en dirigirse a las Azores para interceptar la Flota de Indias.
El resultado de la expedición no fue del agrado de la reina Isabel I, pero si enfadó a Felipe II quien ordenó acelerar la formación de la Armada de Intervención en Irlanda para que zarpara este mismo año.
Joaquín de la Santa Cinta, autor de «50 héroes españoles olvidados» y «135 Presidentes del Ejecutivo español en la Decadencia española (1788 -1905)»
Para saber más:
- Pañeda Ruiz, Manuel. Crónica de un fracaso anunciado: la campaña bretona de Felipe II.
- Martínez-Velarde, Carlos. Sobre la última larga campaña de Felipe II en la Bretaña francesa en apoyo de los católicos (1590-1598). Revista de Historia Naval. Año XVIII, Nº 68.
- Cantero Bonilla, Rafael. Las otras Armadas contra Inglaterra (1596 y 1597). Instituto de Historia y cultura Naval. LXVII jornadas de Historia Marítima.
- Fierro Cubiella, Juan Antonio. Noticias sobre la formación de la conta-armada angloholandesa que llegaron a la península ibérica en 1596, y defensa de sus costas. Universidad de Cádiz






