Presidentes del Gobierno de España durante la regencia de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (III): José María Queipo de Llanos Ruiz de Saravia, conde de Toreno

José María Queipo de Llano y Ruiz de Sarabia, VII conde de Toreno, ovetense nació en 1786 y murió en el exilio en Paris a los 57 años, en 1843. Político liberal e historiador. Cuñado de Rafael de Riego. Miembro de las Cortes de Cádiz que aprobaron la Constitución de 1812.
Exiliado en Londres cuando Fernando VII regresó de su cautiverio francés, quien lo condenó a muerte. Regreso con el Trienio Liberal como diputado y presidente de las Cortes. Exilado nuevamente durante la Década Ominosa, volvió con la amnistía de 1832. Nombrado Ministro de Hacienda por Martínez de la Rosa, pasó a ocupar la Presidencia del Consejo de Ministros al cesar éste.
Nombrado Presidente el 7 de junio de 1835, su mandato duro poco más de tres meses, siendo cesado el 14 de septiembre del mismo año. En su corto mandato realizó dos ajustes de gobierno.
Exiliado nuevamente en París, regresó con la Constitución de 1837, siendo elegido diputado por Asturias.
En 1840 al ser nombrado regente el General Fernández Espartero tuvo que volver a exiliarse en París de donde ya no regresó. Murió en la capital francesa el 16 de septiembre de 1843.
Formó un Gobierno heterogéneo que pronto se vio desbordado por una serie de movimientos revolucionarios auspiciados por los progresistas que se produjeron en el verano de 1835 y que dieron lugar a la formación de unas juntas revolucionaria que no reconocía su autoridad. Su Gobierno representaba el intento de equilibrio entre absolutistas y liberales. Toreno era un moderado dispuesto a colaborar con progresista y moderados.
Por Real Decreto de 23 de julio de 1835 promulgó la Ley de Ayuntamientos por la que se suprimieron los cargos y oficios perpetuos, se pasaba a una elección directa de los cargos municipales y se suprimía las responsabilidades recaudatorias de los mismos. Por la Ley de Oficios Públicos ningún oficio podía ser propiedad de ninguna familia ni persona, todos eran libre y del Estado. Los alcaldes se elegirían por sufragio restringido, con lo que los ayuntamientos quedaban en manos de la burguesía local. Con el Decreto se consolidaba la ocupación de baldíos y realengos de la ley de mayo de 1834. Con éste Decreto los ayuntamientos se empobrecían pues habían perdido su capacidad recaudatoria. Perdían los campesinos y los pastores que no podían usar los terrenos de baldíos y realengos donde ejercían su actividad.
La marcha de la guerra no era favorable a los cristinos hasta la muerte de Zumalacárregui. El 15 de junio Zumalacárregui fue herido en el sitio de Bilbao muriendo días después. Muerto Zumalacárregui el sitio de Bilbao fue levantado a primeros de julio y el nuevo general carlista, Vicente González Moreno, fue derrotado a mediados de julio de 1835 en la mayor batalla de la guerra, la batalla de Mendigorría ( Navarra), por el general cristino Fernando Fernández de Córdoba. Después de ésta batalla la suerte de la guerra cambio a favor de los cristinos. Los carlistas perdieron la iniciativa porque ya no disponían de la visión estratégica que le había proporcionado Zumalacárregui.
A primeros de Agosto, Juan Antoni Guergué realizó una expedición saliendo de Estalla para Cataluña con el objetivo de reclutar soldados y organizar las partidas catalanas en un ejército, pero fracasó en su intento y tuvo que volverse al País Vasco tres meses después.
El mantenimiento de la política moderada de su predecesor llevó a la animosidad de los liberales progresistas al Gobierno de Toreno. Éstos ejercían presión para la caída del Gobierno de Queipo por medio de una serie de rebeliones y algaradas entre las que se encontraban, como más significativos, los motines anticlericales en Zaragoza, Reus, Barcelona y otras ciudades catalanas.
El primero de ellos se produjo en Zaragoza, el 6 de julio, cuando hubo un amago de pronunciamiento a favor de la Constitución de de 1812 por una compañía al mando del teniente Blas Pover. Fue detenido y ejecutado con seis de sus compañeros. Las protestas contra su detención y ejecución derivaron en algaradas y motines contra los absolutistas y contra los conventos de la ciudad produciendo la muerte de once frailes de distintas órdenes.
La siguiente algarada se produjo en Reus pocos días después. Con motivo de la muerte de unos milicianos urbanos por parte de una partida carlista en la que se encontraban algunos frailes, se produjeron asaltos e incendios de varios conventos con el resultado de 21 frailes muertos.
La tercera y más importante se produjo en Barcelona, el día 25 de julio, cuando el pueblo se amotino y quemó varios conventos sin que el ejército ni la milicia urbana intervinieran para impedirlo. El cinco de agosto el gobernador militar de Barcelona fue asesinado por unos amotinados.
Éstas revueltas se extendieron por todo el país, se crearon Juntas que asumieron el poder y reclamaron la convocatoria de Cortes Constituyentes.
El 15 de agosto se intentó en Madrid un golpe de Estado, la milicia urbana tomo la Plaza Mayor. El movimiento no fue secundado por el ejército y fracasó. Los progresistas pedían la suspensión de todos los conventos y la devolución de los bienes eclesiásticos desamortizados en el Trienio Liberal y devueltos a la Iglesia, libertad de prensa y unas Cortes Constituyentes.
El Gobierno intentó calmar los ánimos decretando en julio una reforma religiosa que supuso la ruptura de relaciones diplomáticas con el Vaticano. Así, el Ministro de Gracia y Justicia Manuel García Herreros disolvió la Compañía de Jesús y suprimió los conventos y monasterios con menos de 12 religiosos lo que supuso el cierre de unos 900 conventos.
Las leyes como la Ley de los Ayuntamientos y las leyes anticlericales eran contrarias a los intereses de las clases bajas por lo que hicieron mucho daño al partido moderado, el partido del Gobierno.
Para paliar la imagen de enemigo de las clases bajas, en junio nombro Ministro de Hacienda al prestigioso liberal Juan Álvarez Mendizábal que hizo de mediador entre el Gobierno y los sublevados de las distintas Juntas. Era banquero por lo que parecía la persona adecuada para ocuparse de los problemas de la Deuda. Mendizábal publicó el 15 de septiembre, entes de llegar a España, un manifiesto a la Reina Regente donde expresaba sus ideas sobre el respeto, y el apoyo, que el Gobierno debería tener a las Cortes, que había que reformar el clero regular, acabar con la guerra carlista, resolver los problemas de Hacienda y revisar el Estatuto Real.
La extensión del movimiento juntero obligó a la reina regente a cesar a Toreno el 14 de Septiembre y sustituirlo por Ricardo Álava Esquivel que presentó su dimisión de forma inmediata.
Durante el corto mandato de Queipo se creó la Escuela de Ingenieros de Minas en Madrid y se prosiguió con la reforma de la carrera diplomática que se había iniciado con el gobierno anterior de Martínez de la Rosa.
En el exterior firmó un nuevo tratado con Inglaterra sobre la trata de esclavos. En éste tratado se exigía a España cumplir con el acuerdo de 1817. España, por razones internas ligadas a la economía de las colonias de las islas de las Antillas prohibió la trata pero no la esclavitud.
Un año después Toreno se exiliaría. Volvió a España un año más tarde, volviendo a exiliarse en 1840 permaneciendo en Francia hasta su muerte.
Joaquín de la Santa Cinta. Ingeniero aeronáutico, economista e historiador






