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Valientes españolas olvidadas
Portada›Valientes españolas olvidadas›Ana Francisca de Borja, Condesa de Lemos y primera Virreina del Perú, tuvo que proteger las ciudades del Istmo de Panamá y la ciudad de Portobelo del pirata inglés Henry Morgan

Ana Francisca de Borja, Condesa de Lemos y primera Virreina del Perú, tuvo que proteger las ciudades del Istmo de Panamá y la ciudad de Portobelo del pirata inglés Henry Morgan

By Capitán Possuelo
25/01/2021
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Ana Francisca de Borja, condesa de Lemos, fue la primera Virreina del Perú, nombrada por su marido el Conde de Lemos como virreina en su ausencia de acuerdo con los poderes que le habían sido concedidos por la regente de España, Mariana de Austria, en nombre de su hijo Carlos II.

Durante su corto mandato, nada simbólico por cierto, mientras el virrey se encontraba reprimiendo una sublevación, tuvo que tomar medidas para proteger las ciudades del Istmo de Panamá debido al ataque y destrucción de la ciudad de Portobelo por el pirata inglés Henry Morgan.

Ana Francisca Hermenegilda de Borja Centelle Doria y Colonna, nació en Gandía en 1640. Octava hija del VIII duque de Gandía, Francisco de Borja y Aragón, y de Artemisa Doria Colonna, princesa de Melfi.

Se casó, en primeras nupcias, con Enrique Enríquez Pimentel, marqués de Távara, pero su matrimonio terminó pronto por la muerte de Enrique en junio de 1663. Fue su tercera y última esposa.

Un año más tarde, en julio de 1664, Ana se volvió a casar con su primo en cuarto grado, Pedro Antonio Fernández de Castro, X conde de Lemos. El matrimonio tuvo cinco hijos, tres de los cuales nacieron en Lima mientras la pareja desempeñaba el cargo de Virreyes de Perú.

En octubre de 1666, el conde de Lemos fue nombrado virrey del Perú por Mariana de Austria, madre, regente y reina Gobernadora durante la minoría de edad del rey de España Carlos II. El estado del virreinato era de una lamentable situación de corrupción y dejadez, un lugar donde los funcionarios prevaricaban de todas las formas posibles, atentos solo a su principal interés: regresar ricos a España.

El apoyo decidido de su amigo el presidente del Consejo de indias, el conde de Peñaranda, y del confesor de la Reina gobernadora, el padre jesuita Everardo Nithard, ambos buenos conocedores de su honradez, religiosidad y preparación militar y administrativa; facilitaron su nombramiento como virrey. Fue el segundo Grande de España en ser nombrado virrey del Perú. Tenía 34 años en el momento de ser nombrado.

En la cédula del nombramiento se incluía una cláusula para que, en caso de que el mejor servicio del reino le obligase a abandonar Lima, pudiera dejar el gobierno en manos de su esposa.

El matrimonio tenía dos hijos de corta edad, no obstante, tomaron las medidas necesarias para realizar, todo la familia, tan largo y penoso viaje hasta sus nuevos dominios.

Con un sequito de trece personas, los virreyes y sus hijos embarcaron en Cádiz rumbo a América a primeros de marzo de 1667, llegando, a finales de mayo, a Portobelo (en la actual costa caribeña de Panamá), territorio por entonces perteneciente al virreinato del Perú.

Después de cruzar el Istmo de Panamá, volvieron a embarcar y, navegando por el océano Pacífico, arribaron a El Callao el día 9 de noviembre de 1667. Fueron recibido con la pompa propia del cargo que ejercían. Permaneció en la ciudad unos días hasta que el 21 se desplazaron a Lima haciendo una entrada triunfal pública. El Conde tomó posesión del cargo ese mismo día.

A su llegada, el virreinato no pasaba por un período brillante, la abundancia de riqueza daba lugar a una situación de relajación y prevaricación a todos los niveles. Era habitual que los funcionarios que regresaban a la península volvieran ricos a base de prevaricar y explotar, entre grandes vejaciones, a los nativos en: encomiendas, obrajes y el trabajo de mita en las minas. Además, la provincia de Puno, en el sur del actual Perú, estaba en franca rebeldía.

Las primeras medidas del conde de Lemos se dirigieron a normalizar y pacificar el virreinato; fortalecer la autoridad real; cambiar las malas costumbres; suprimir los excesos que los españoles cometían con los nativos; modernizar los efectivos del ejército y abonarles las pagas debidas, e intentar controlar y pacificar el inmenso territorio bajo su responsabilidad.  Un territorio que abarcaba, al menos teóricamente, el espacio comprendido entre las costas sudamericanas del océano Pacifico, desde Panamá al estrecho de Magallanes, y del océano Atlántico, desde el istmo panameño hasta el estrecho anterior (con la excepción de Brasil y las costas de la actual Venezuela), además de algunas islas del océano Pacífico.

Intentó, pacíficamente, sofocar la rebelión de la provincia de Puno, pero no consiguió la aceptación de la autoridad real por los hermanos José y Gaspar Salcedo. Ante la gravedad de los acontecimientos que sucedían en la principal ciudad de la provincia, San Luis de Alba Laycacota, y la importancia que tenía dicha ciudad como productora de plata, el virrey consideró imprescindible su presencia allí. Preparo unas compañías de soldados y se dirigió a Puno a imponer el orden.

Legalmente los virreinatos eran gobernados por un Virrey o por la Real Audiencia en ausencia de éste, pero el conde no se ausentaba del virreinato, solamente se alejaba de la capital, permaneciendo dentro del territorio virreinal y, por tanto, podía delegar la dirección de las tareas administrativas propias del gobierno durante su ausencia de la capital.

Considerando lo anterior, el Conde de Lemos tomó la decisión de dejar a la condesa encargada de los asuntos administrativos en virtud de los poderes que le habían sido conferidos en la Real Célula de 12 de junio de 1667. Cédula otorgada por la reina regente Mariana de Austria en nombre del rey Carlos II.

El citado documento autorizaba al virrey a que, en el caso de que el mejor servicio del reino lo obligase a abandonar Lima, pusiese las riendas del gobierno en manos de su esposa. Así lo indica el cronista Mugaburu en su obra Diario de Lima: “…por el poder que le dejó como gobernadora el señor Conde de Lemos, como Virrey y Capitán General destos reinos cuando se embarcó S.E. para el puerto de Islay. Y fue por la cédula de S.M., que Dios guarde, de 12 de junio de 1667. “

La ausencia del Conde de la capital del virreinato comenzó el 7 de junio de 1668 y duró hasta el 3 de diciembre del mismo año, periodo de tiempo durante el cual la condesa Ana Francisca fue virreina del Perú. Tenía veintinueve años cuando empezó a ejercer como Virreina Gobernadora sin que nadie, ni si quiera la Audiencia, dudara de su autoridad.

En el documento de nombramiento de virreina se lee: “Elijo y nombro a la excelentísima señora condesa de Lemos, mi mujer, para que en mi nombre y representando mi propia persona resuelva y determine todos los negocios y causas de gobierno y guerra con la misma facultad que yo lo puedo, y debe hacer sin limitación alguna; y le doy el poder necesario y comisión en bastante forma y conjuntamente para que pueda disponer y determinar cualquiera duda e litigio que se ofreciera entre los ministros de su Real Audiencia y la que yo puedo como presidente de ella; y mis asesores y el auditor general de la guerra asistirán a los despachos según y de la suerte que hoy proceden. Y para ello se despachará provisión de forma. Los Reyes, 30 de mayo de 1668.El Conde de Lemos.”

La Virreina estaba apoyada por un grupo de consejeros que la ayudarían a desempeñar eficazmente sus funciones, así, disponía de asesoramiento en: asuntos militares; de indios; de españoles y, además, en los asuntos más graves, contaría con la ayuda especial del letrado, clérigo, oidor y presidente de la Audiencia de Quito, el limeño Álvaro de Ibarra y Beitia, dándole noticias, antes de ejecutar cualquier cosa.

La virreina no fue una figura decorativa a pesar de que Ana estaba en avanzado estado de gestación de su primer hijo nacido en Perú (nació el 11 de julio de 1668): pocos días después de su nombramiento, el 18 de junio, emitió el primer bando contra los franceses; convocó a los Oidores y alcaldes de Cortes; realizó nombramientos y emitió otros bandos de buen gobierno. Pero el principal problema con el que se encontró el Virreinato durante su gobierno fue el ataque, saqueo y destrucción de Portobelo por el pirata inglés Henry Morgan en julio de 1668.

Ante la crisis, la virreina reaccionó rápidamente enviando pertrechos y abastecimientos a la zona para realizar un contrataque contra los piratas. Así, seis días naturales después de la llegada de la noticia a Lima (la noticia se conoció el 31 de agosto): “…despachó desta ciudad de gente, plata y artillería y más bastimentos de peltrechos de guerra…”. Y para evitar una situación semejante en el puerto de El Callao, reorganizó las defensas de este y, así, logró alejar las posibles amenazas de los piratas y bucaneros.

El día 3 de noviembre regresó le conde de su expedición a las tierras de Puno y puso fin al gobierno de Ana, había durado 5 meses y cinco días.

Ana llevó a cabo tan bien su gestión que la propia Reina Regente le envió una nota manuscrita felicitándole en los términos siguientes: “Condesa, hame dado mucho gusto todos los buenos efectos que han resultado de ello; de lo cual quedo con toda satisfacción.”

No obstante, el Virrey recibió un despacho en el que se le advertía que, en caso de volver a repetirse una situación parecida, fuese la Real Audiencia quien, de acuerdo con la ley, gobernase en su ausencia.

Con ello se eliminaba la posibilidad de que cualquier otra consorte fuera objeto de una delegación de gobierno, haciendo de Ana de Borja la única mujer Virreina del Imperio español.

Tras cinco años de gobierno, el conde de Lemos falleció en Lima, el 6 de diciembre de 1672, a la edad de 40 años. Antes de morir encargó a su esposa que, cuando volviera a España, llevase con ella sus restos para que fueran enterrados en Monforte de Lemos donde estaban enterrados sus padres y abuelos.

Ana y sus hijos retornaron a la Península en 1675. A partir de entonces se dedicó a administrar los bienes de la casa Condal de Lemos como regente de su hijo Gines, XI conde de Lemos.

Murió en Madrid en 1706.

 

Joaquín de la Santa Cinta, Autor de «50 héroes españoles olvidados»

 

Para saber más:

  • Diario de Lima (1640-1694). Josephe y Francisco Mugaburu. Bibliotecadigital aecid.
  • El Virreinato de Don Pedro Antonio Fernández de castro, décimo Conde de Lemos, según documentos del archivo de la Casa de Alba, (1667-1672). Boletín de la Real Academia de la Historia. El Duque de Alba.
  • La Virreina Ana de Borja, Condesa de Lemos, Gobernante del Perú en 1664. Vicenta María Márquez de la Plata, marquesa de Casa Real. La Gacetilla de los hidalgos españoles.
  • La huella de la Casa Condal de Lemos: del Consejo de Indias al Virreinato de Perú. Manuel García- Fernández. Instituto Gallego “Padre Sarmiento” (Consejo Superior de Investigaciones Científicas – Xunta de Galicia)
  • Diccionario Biográfico. Real Academia de la Historia.
  • Internet
TagsAna Francisca de BorjaHistoria de EspañaValientes españolas olvidadasVirreina del Perú
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1 comment

  1. Carla S. 19 septiembre, 2025 at 23:21 Responder

    Creo que esa imagen es de La Fayette.

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