No son los Kebabs, señores, es el fosfato. Y el fosfato es un aditivo alimentario autorizado por la Comisión y el Parlamento Europeo. Se acabó el problema. Un artículo del doctor Juan José Granizo

Se acaba el año, pero no las polémicas alimentarias.
Hace unos pocos días leíamos en la prensa un titular que, por sesgado, me hace pensar mal: “La Unión Europea podría prohibir los Kebabs por sus riesgos para la salud”.
Luego, al leer el texto del artículo, se descubre que los Kebabs no son un riesgo en sí mismos, sino que el problema es un aditivo, el fosfato, que en absoluto es exclusivo de estos establecientes de comida.
Los fosfatos son un aditivo alimentario autorizado (hay muchos tipos aprobados para su uso alimentario y se identifican por los códigos E338 al E452) y, por lo tanto, han pasado un control sanitario previo.
Son muy apreciados en la industria alimentaria en lo que se conoce como “carnes procesadas”, es decir, hamburguesas, salchichas, pollo y fiambres ya que los fosfatos conservan el sabor y retienen agua evitando que se desequen las carnes y aportando más peso a la pieza.
Pero también se pueden encontrar en los helados, refrescos y un sin fin de alimentos industriales.
En los kebabs, como la carne se mantiene en vertical, es muy habitual que ésta se seque rápidamente al escurrirse el agua por gravedad. Por tanto, en este tipo de establecimientos se hace un uso intensivo de los fosfatos.
Pero la Unión Europea no tiene nada contra los Kebabs, quede claro: es el uso de los fosfatos lo que la Comisión de Salud del Parlamento Europeo dice que podría ser peligroso y no encuentra una razón de peso para autorizar un uso excepcionalmente elevado de los mismos hasta que no se aclare su efecto en la salud.
Esta Comisión de Salud, que no es un organismo técnico, se ha adelantado a lo que dirá el año que viene la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria que sí que es el órgano competente al respecto.
La evaluación de esta agencia, la verdadera “materia gris” de la Unión Europea al respecto, está todavía por ver ya que la revisión de este tema está prevista para el 2018.
¿ Y qué dirá la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria?…
Siempre se ha dicho que el fósforo era bueno para la memoria, pero como tantas cosas que se dicen, no solo no hay datos científicos que lo avalen sino que empiezan a acumularse estudios que demuestran que el exceso de fósforo es perjudicial para la salud.
Todo alimento rico en proteínas (carnes, pescados o aves), tiene fósforo de manera natural pero es difícilmente asimilable por nuestro organismo.
Nuestras necesidades diarias son mínimas y por ello, la falta de fósforo no es un problema de salud.
Casi todo el fósforo que ingerimos viene de aditivos alimentarios y ese fósforo sí que es fácilmente digerido y pasa a nuestro organismo.
Se calcula que nuestra ingesta de fósforo puede llegar a los 3 gramos diarios, cuando con la sexta parte de esa cantidad tenemos más que suficiente.
Los ancianos y las personas con la función renal alterada tienen dificultad para eliminar este exceso de fósforo.
En estudios experimentales con animales el fósforo puede precipitar en los riñones y lesionar su estructura. Se ha demostrado en varias especies de mamíferos por lo que, previsiblemente, este daño también puede ocurrir en humanos.
Incluso niveles moderadamente altos de fósforo han demostrado aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y nuevos estudios experimentales apuntan a un envejecimiento celular acelerado causado por el fósforo.
El Pleno del Parlamento Europeo, en cualquier caso, ha respaldado este miércoles la propuesta de la Comisión Europea para autorizar el uso de fosfatos como aditivos en la carne de kebab, tanto de cordero de ternera y pollo.
Se acabó el problema.
Aunque, como siempre: lo mejor es comer en casa de lo que se compra en su tienda de confianza. Las lombardas de Pozuelo, de gran fama en la capital, no necesitaban detallar ni su composición nutricional ni los aditivos. En aquella época, en todo caso, el problema sería el hambre.
Juan J. Granizo, Doctor en Medicina, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública






