Década Ominosa (III). Junta Provisional de Gobierno de España y las Indias / Regencia de Infantado: Francisco Cea Bermúdez

Francisco Cea Bermúdez.
Francisco de Paula de Cea Bermúdez y Buzo, malagueño, nació en 1779 y murió exiliado en París, a los 71 años, en 1850. Diplomático y político liberal moderado, Conde de Colombi. Fue dos veces Secretario de Estado durante el reinado de Fernando VII. La primera vez, fue nombrado el 11 de julio de 1824, su mandato duró un año y tres meses hasta el 24 de octubre de 1825 cuando fue sustituido por el Duque del Infantado. La segunda vez, fue nombrado Secretario de Estado Interino el 1 de octubre de 1932, siendo el último Secretario de Estado de Fernando VII, pues ocupaba el cargo en la fecha de la muerte del rey, el 29 de septiembre de 1833. Fue confirmado en su cargo por la Regente María Cristina de Borbón, por lo que su mandato duró hasta el 15 de enero de 1834, cuando la Reina Regente lo sustituyó por Francisco Martínez de la Rosa.
Enviado por las Cortes de Cádiz como diplomático a Rusia, negoció un tratado de Alianza, Amistad y Cooperación con el Zar Alejandro, quien, en guerra contra Napoleón, reconoció la Constitución de Cádiz. Embajador en Constantinopla durante el Trienio Liberal. Embajador en Dresde y en Londres, contribuyó a impedir los intentos de desembarco de los liberales en las costas españolas durante la Década Ominosa.
Cuando fue nombrado titular de la Secretaría de Estado se encontraba fuera del país, en San Petersburgo. Tuvo que trasladarse hasta España, esto motivó que durante los dos primeros meses de su gobierno fuera sustituido interinamente por Luis María Salazar y Salazar. Se incorporó de pleno derecho el día 17 de septiembre.
Luis María Salazar era el ministro de Marina. Vitoriano, nació en 1758 y murió en Madrid, a los 80 años, en 1838. Marino y político, Conde de Salazar.
El ministro de Gracia y Justicia titular era Calomarde. En Hacienda el ministro era Luis López Ballestero Varela
A pesar de que Cea era un liberal moderado, lo mismo que Salazar, el gobierno era una administración dominada por los ultras realistas donde el ministro fuerte era Calomarde a quien apoyaba el Ministro de la Guerra Aymerich. El peor enemigo del Gobierno eran los realistas.
En agosto, se cambió el superintendente de Policía, el nuevo superintendente se convirtió en un gran represor contra los liberales.
Los Voluntarios Realistas se hicieron muy fuertes. Entre sus filas se encontraban personajes como el hermano del rey, Don Carlos, su mujer, María Francisca de Braganza, Calomarde, Aymerich, etc. Éstos se dedicaban a combatir a los revolucionarios y a todos aquellos poco cumplidores con los preceptos del catolicismo.
La represión se acentuó, se decretó privar de empleo y sueldo a todos aquellos funcionarios sujetos a purificaciones. Se pusieron en marcha Comisiones Militares para excluir del Ejército a todos los enemigos de Fernando VII.
El ajusticiamiento de Riego y la represión contra los liberales desencadenó un movimiento de solidaridad en Europa con los perseguidos, con especial protagonismo de la masonería. Los liberales españoles se habían refugiado en Gran Bretaña, Francia y Gibraltar. A lo largo de todo el año 1824, los exiliados recabaron apoyos económicos a sus correligionarios extranjeros para organizar levantamientos armados. El líder de estos proyectos era Espoz y Mina.
El Coronel Francisco Valdés se sublevó en Tarifa, en agosto de 1824, a favor de la Constitución. El Coronel Francisco Valdés estaba exilado en Gibraltar y participó activamente en el pronunciamiento de Riego. En la noche del 3 de agosto de 1824, al mando de unos 65 hombres, desembarcó en Tarifa. Pretendían llegar hasta Málaga, pero el viento de levante le dificultaba la maniobra, por lo que decidieron desembarcar en Tarifa. Sorprendida la guarnición militar, fue apresada, procediéndose a continuación a liberar a los presos, los cuales se unieron a la fuerza rebelde. Las fuerzas realistas reaccionaron y tres días más tarde, el día 7, estaban rodeados por soldados españoles y franceses que no dudaron en usar artillería para atacarlos. Resistieron durante 15 días a fuerzas muy superiores. Cuando las fuerzas realistas asaltaron la ciudad, el coronel Valdés huyó con unos pocos supervivientes hacia Túnez, el resto fue apresado, y allí continuó resistiendo en el Cerro de Santa Catalina hasta ser derrotados y obligados a rendirse. Todos los rendidos fueron fusilados.
En la noche del 6 de agosto, otro grupo, al mando del Coronel Pablo Iglesias González, formado por unos 50 hombres uniformados con camisa roja, embarcó en Gibraltar con destino a Almería donde desembarcaron. La navegación se complicó y no pudieron desembarcar hasta el día 14. Las autoridades realistas estaban sobre aviso desde la intentona de Tarifa. En la misma playa de desembarco fueron atacados, cayendo muchos de los rebeldes y dispersándose los otros por las sierras próximas. Nadie los secundó, por lo que fueron todos apresados y fusilados a los pocos días.
Estos fracasos de Valdés y de Pablo Iglesias fueron los primeros intentos de rebelión constitucional de la década.
El 17 de septiembre se incorporó Cea a su puesto. La situación de las potencias europeas respecto a la represión liberal española estaba cambiando, Luis XVIII había muerto un día antes y su sucesor, Carlos X, era defensor a ultranza del absolutismo. Como consecuencia, el proyecto de conseguir una convivencia entre los españoles quedaba aplazado sine die. La represión se incrementó. Las penas se endurecieron y se pusieron en marcha las Juntas de Fe de las que ya hemos hablado. En el último trimestre del año se renovaron los ayuntamientos de toda España, con un nuevo método de elección pensado para controlar que los liberales no se hicieran con ningún cargo municipal.
En diciembre, tuvo lugar la derrota de Ayacucho que significó el fin de las guerras coloniales y la independencia de las naciones americanas continentales. Mientras, en España, nos ocupábamos de nuestras miserias internas, los ejércitos españoles eran derrotados en nuestras colonias americanas, un preludio de lo que ocurriría 74 años después con los territorios americanos y asiáticos que nos quedaban, Cuba, Puerto Rico, Las Filipinas y las Islas del Pacifico.
La posición de Fernando en Europa era débil, las potencias seguían en desacuerdo con las medidas represoras que tomaba Gobierno.
Ante esta situación, el rey decidió cambiar el Gobierno sin cambiar de Secretario de Estado, es decir, se proponía eliminar a los elementos más absolutistas del Administración y así aparecer con un Gobierno más al modo europeo del momento.
El último día de diciembre de 1824, el rey decidió que el Secretario de Estado fuese presidente del Consejo de Ministros. Esta decisión era una evolución en el camino emprendido, en noviembre de 1823, para mejorar la coordinación entre los ministros, pero seguía, el Secretario de Estado, sin tener capacidad de decidir por sí mismo.
A lo largo del año 1824, el Gobierno volvió a tratar la organización del sistema educativo en España. Había habido sucesivos proyectos en los años 1809, 1815 y, en especial, en 1823 con el Proyecto de Reglamento General de Primera Enseñanza. Calomarde retomó la Junta para el Plan General de Educación con el objetivo de generar nuevos planes y nueva organización de la enseñanza.
A mediados de febrero, se constituyó la nueva Junta y durante estos primeros meses del año se revalidaron títulos expedidos durante el Trienio Liberal. A mediados de año, se consideró que las reformas iban demasiado lentas por lo que se decidió crear una Comisión para el arreglo de las Universidades cuyo presidente era el propio Calomarde. La Comisión trabajó bien y rápido y para mediados de octubre presentó el Plan Literario de Estudios y Arreglo General de las Universidades del Reino. A partir de entonces, las Universidades empezaron a dar títulos de Licenciado y Doctor.
Reglamentó el método de enseñanza, la duración de los cursos, las oposiciones a cátedra, las obligaciones de los catedráticos, etc. En las enseñanzas suprimió algunos estudios científicos y favoreció los de Teología y Derecho. Se unificaron los planes de estudio, los textos y el régimen interior. Se potenció las funciones del Rector como la persona que gobernaba las Universidades, tal y como lo entendemos hoy en día.
En 1825, Calomarde creó la Inspección General de Instrucción Pública para el control de la enseñanza secundaría en centros públicos.
A mediados de febrero de 1825, se hizo el Plan y Reglamento de Escuelas de Primeras Letras del Reino. La reforma educativa no estaba completa, faltaba las enseñanzas medias.
A todo esto, los liberales seguían conspirando durante todo el año 1825. Espoz y Mina y Torrijos preparaban un golpe de estado para reimplantar el régimen constitucional con Fernando como rey y con el objetivo de desterrar todos los ultraconservadores a Filipinas.
Los distintos ministros liberales moderados de los gobiernos de Cea pensaron que el plan podría llevarse a cabo sin golpe de estado, por lo que los planes se pospusieron. No obstante, los liberales siguieron proponiendo nuevos planes, incansablemente, pero siempre tropezaban con la misma piedra, la falta de dinero. No obstante, siguieron año tras año, hasta que en 1928 el grupo conspirador se disolvió.
Mientras, el rey trataba de disminuir la represión apartando de su vera a aquellos ultras realistas que más se habían significado como represores. Estos reaccionaban y conspiraban para apartar a los moderados del Gobierno de Cea. En junio, se descubrió la conjura que estaba siendo preparada contra éstos y que estaba dirigida por el ministro de la Guerra José Aymerich. Fue apartado del Gobierno y enviado a Cádiz.
Por las mismas fechas, se decidió mejorar la imagen ante las potencias europeas publicando la amnistía de junio de 1825.
A primeros de julio del mismo año, se aprobó el decreto con la Ley de Minas. El decreto seguía manteniendo que el propietario de las minas era el rey y que, aquellas que no se reservaba la explotación por sí mismo, cedía la explotación a particulares por el sistema de concesiones. Esta situación de propiedad real se mantuvo hasta 1849 cuando las minas pasaron a ser propiedad del Estado. Con el Decreto se creó, también, la Dirección General de Minas y las Inspecciones de minas de cada provincia. El primer resultado de este decreto, fue la investigación de criaderos de carbón y de otros minerales a lo largo del país. También fue un decreto longevo, duró hasta 1868 cuando fue cambiado.
Evidentemente los cambios no gustaron a los que estaban perdiendo influencia en el Ejército y en la Administración. Don Carlos ordenó al General Jorge Bessieres que se sublevase con el objeto de restablecer la Inquisición y deponer a los ministros moderados. A mediados de agosto de 1825, el General Bessieres inició el levantamiento en Getafe, desarmó a las Milicias provinciales y sumó a su intentona a algunos Voluntarios Realistas. Dos días más tarde fue declarado traidor, detenido y fusilado el 26 del mismo mes.
A primeros de septiembre, el Gobierno de Cea creó la Real Junta Consultiva de Gobierno. Aprobada por el rey, se le dio la misión de asesorar a los ministros. Era un escalón ejecutivo justo por debajo del Consejo de Ministros y trataba asunto relacionados con las finanzas del Estado, presupuestos, empleos, sueldos, et. Hicieron un proyecto de ahorros de sueldos y criticaron las depuraciones. Esta Junta consultiva duró poco, a finales de diciembre fue suprimida por el Secretario de Estado que sucedió a Cea, el duque del Infantado.
Cea fue cesado el 24 de octubre de 1825.
Joaquín de la Santa Cinta. Ingeniero aeronáutico, economista e historiador






