Década Ominosa (V). Junta Provisional de Gobierno de España y las Indias / Regencia de Infantado: Manuel González Salmón

Manuel González Salmón
Manuel González Salmón, gaditano, nació en 1778 y murió, en Madrid, el 18 de enero de 1832. Fue Secretario de Estado dos veces, la primera como Interino cuando era Oficial Habilitado en 1819 y sustituyó al marqués de Casa Irujo. Entonces su duración en el cargo fue de tres meses. La segunda, también fue nombrado Secretario de Estado Interino como sustituto del duque del Infantado, el 16 de agosto de 1826. En octubre de 1832, cambió de estatus al ser nombrado Secretario de Estado titular. Su mandato duró casi seis años y medio, hasta el 18 de enero de 1832, cuando fue sustituido por enfermedad, por Antonio Saavedra. Previamente había sido sustituido como Secretario de Estado, también por enfermedad del titular, por Francisco Tadeo Calomarde desde el 8 de enero de 1832 hasta el 20 del mismo mes.
Salmón era un diplomático experto, buen conocedor de las políticas europeas de su tiempo. Había estado en Lisboa y en Paris, por lo que era experto en la política portuguesa y era la persona adecuada para estar al frente del Estado durante el desarrollo de la crisis del país vecino. Era un hombre absolutista moderado que contribuyó a disminuir el poder de los ultra absolutistas en el Consejo de Estado. Contribuyó a acercar al Gobierno a un grupo de personas valiosas que, por haber sido afrancesados o liberales moderados, estaban alejadas del poder y desaprovechadas. Durante su mandato, España gozó de un desconocido período de estabilidad de seis años donde se pudieron recoger los frutos de la liberación económica llevada a cabo por López Ballesteros en el gobierno anterior. Se produjo un relanzamiento económico, una primitiva industrialización, un incremento del comercio y de las obras públicas. Todo ello dentro de un orden y paz social.
La crisis portuguesa producía una doble inmigración muy peligrosa para Fernando. Por un lado, España se llenaba de exiliados portugueses ultra absolutistas y, por otro, los liberales españoles migraban a Portugal donde podían reagruparse incrementando el peligro de nuevas invasiones y sublevaciones.
En octubre, el Gobierno español pidió al correspondiente portugués que no acogiera a liberales españoles contrarios al Gobierno de España. En cambio, España si estaba acogiendo a refugiados ultra absolutistas contrarios al Gobierno de Portugal.
La crisis de Portugal siguió dividiendo al Gobierno. Los ministros liberales querían ser transigentes con los liberales moderados portugueses en el Gobierno de este país y estaban de acuerdo con la solución de publicar una Carta Otorgada. Los ministros absolutistas eran partidarios de apoyar a los ultra absolutistas portugueses, incluso con una intervención armada en su favor. Esta intervención no se pudo llevar a cabo por la oposición de las potencias europeas. Aunque la mayoría del Gobierno era partidario de los liberales moderados portugueses, era minoría en el Consejo de Estado que se posicionó a favor de los ultra-absolutistas.
A primeros de octubre se decidió intervenir en Portugal. La expedición la mandaría el capitán general de Valladolid, el general Francisco Longa.
Se produjeron diversas sublevaciones a favor de Miguel a lo largo de Portugal. Su madre, Carlota Joaquina se proclamó Regente. Pero Miguel, que estaba en Viena, decidió jurar la Constitución portuguesa porque se le había propuesto alcanzar la corona por otro medio, mediante el matrimonio con su sobrina, la reina, menor de edad, María Gloria. A finales de octubre, los ultra absolutistas portugueses crearon una Junta Gubernativa e invadieron Portugal desde España
Luis XVIII protestó por la invasión, amenazando con llevarse a los soldados franceses que quedaban en España guardando el orden público y protegiendo al Gobierno. Gran Bretaña amenazó con enviar un ejército a Portugal si España no se retiraba. A finales de año, España decidió abandonar y retirar al general Longa, volviéndolo a mandar a Valladolid.
El encargado de negociar la paz fue nuestro viejo conocido el Conde de Ofalia, quien se desplazó a París y Londres para conseguirlo. En París tenía como objetivo la permanencia de los soldados franceses en España.
Ofalia negoció con los franceses el mantenimiento del régimen absolutista en España, el reconocimiento de Fernando como rey, la exigencia de que los sucesos de Portugal no supusieran peligro para España, el reconocimiento de Miguel de Portugal como regente y la prohibición de que los liberales españoles se estableciesen en la frontera francesa. A cambio, los franceses pidieron no intervención en Portugal y estabilidad en el Gobierno.
En Gran Bretaña, estuvo dos años negociando asuntos relacionados con la independencia de las colonias, la regencia de Miguel de Portugal y la introducción de unas reformas en España, que nunca se hicieron.
Consecuencias de los acuerdos de Ofalia, los absolutistas portugueses, abandonados y vencidos, regresaron a España en marzo del año siguiente.
La crisis portuguesa acabo en una guerra civil, llamada Guerra de los dos Hermanos o guerra Miguelina, entre los constitucionalistas partidarios de Pedro IV y los absolutistas partidarios de su hermano Miguel I. Éste último contaba con el apoyo de su hermana María Teresa y de Don Carlos de Borbón, el hermano de Fernando VII. La guerra duró hasta 1834, Miguel fue derrotado y se vio obligado a ceder la corona. Pedro repuso en el trono a su hija María Gloria quien reino como María II de Portugal hasta 1852.
El ministro Luis López Ballesteros siguió con su actividad económica e industrializadora que venía desarrollando desde el gobierno anterior y cuyos frutos empezaba a recoger.
Cataluña tenía una industria textil tradicional desde el siglo anterior. Las medidas de apertura económicas adoptadas desde el Gobierno permitieron la asociación de financieros y hombres de negocio que llevaron a esta industria tradicional a adoptar los avances de la Revolución Industrial importando maquinaria moderna.
La tendencia librecambista, cuyo fruto fue el Real Arancel publicado en marzo de 1826 por el Gobierno anterior, fue apoyado por Álvaro Flores Estrada que había sido Secretario de Estado en el Trienio Liberal, aunque no llegó a tomar posesión. Flores representaba la llegada de los afrancesados y liberales moderados a los negocios, llegada tolerada por la importancia económica que sus actividades significaban para el Estado. Frente a estos empresarios emprendedores estaba la Comisión de Fábricas de Hilados, Tejidos y Estampados de Algodón que pedían un proteccionismo por medio de aranceles hasta que la industria catalana alcanzara el nivel tecnológico de Inglaterra.
Casi al mismo tiempo, en septiembre de 1826, en Marbella (Málaga) un grupo de hombres de negocio de distintas actividades fundaron la Sociedad Anónima de la Herrería de la Concepción con el objetivo de fabricar aros de hierro para toneles, aprovechando el material de hierro de las minas de Ojén y la madera de los bosques de pinos de la sierra de Málaga. Esta sociedad, bajo la dirección técnica de Francisco Antonio Elorza, fue la que abrió el primer alto horno en España, en 1832, donde se llegó a fabricar el 75 % del hierro que se fundía en España. En Andalucía, en años sucesivos, se abrieron más altos hornos en Marbella, Cazalla de la Sierra y Huelva. Hornos que siguieron funcionando hasta mitad de siglo cuando la madera, combustible usado por ellos, se encareció al tiempo que se abarataba el carbón mineral.
Ya a finales de 1826, la crisis española tocaba fondo y empezaba la recuperación de la gran crisis que había durado cerca de 50 años.
El desarrollo industrial continuó en años sucesivos y en septiembre de 1831 se creó, en Madrid, la Bolsa para negociar títulos de deuda del Estado
En noviembre, Carlos María Isidro publicó el Manifiesto al Pueblo Español de la Federación de Realistas Puros donde mostraba su ideología. Ésta se resumía en los siguientes puntos: Fernando VII era un monstruo que debía ser derrocado y sustituido por su hermano; se debía volver a las tradiciones españolas entre las que se encontraba entregarse a la voluntad de Dios y de la Iglesia con todas sus fuerzas.
A raíz del manifiesto, los Voluntarios Realistas catalanes, como Fernando no tenía sucesor, propusieron que le sucediera Carlos María. Los realistas que aceptaban la legitimidad de ejercicio, es decir la adecuación del rey a la misión que Dios le ha recomendado, se llamaban realistas puros. Los realistas expresaban las lamentaciones de toda la población que se quejaba de los impuestos, de las injusticias, etc. Estas actuaciones llevaban un peligro para Fernando, en cualquier momento podía ser depuesto por los realistas puros y proclamado Carlos rey en su lugar.
El punto más fuerte de los realistas era Cataluña donde, a las quejas habituales, se le unían las propias de allí como la crisis que afectaba a la industria textil rural que no podía competir con la industria moderna, el bandolerismo, los pequeños agricultores que usaban técnicas tradicionales y que no podían soportar la bajada de los precios agrícolas. A los afectados por esto hechos se lse llamaban los malcontents.
Éstos se rebelaron contra Fernando VII a principios de año siguiente 1827. La rebelión se prolongó durante todo el año y llegó hasta los primeros meses del año 1828. Hacia mediados de 1827, los malcontents que dominaban el Pirineo y el Norte de Cataluña, llegaron a crear la Junta Suprema de Manresa o Junta Suprema del Principado.
En septiembre, el ejército destinado a combatir a los rebeldes fue reforzado y Fernando VII con Calomarde decidieron romper con los absolutistas exaltados, para ello se lanzó una proclama en Cataluña condenando la sublevación. Fernando fue a Cataluña para afirmar que no estaba preso de los liberales y que estaba dispuesto a castigar a las partidas de guerrilleros y a escuchar las reclamaciones del pueblo.
Como consecuencias de estas acciones, las partidas entregaron las armas, la Junta Suprema se disolvió y Fernando decidió perdonarlos a todos.
A mediados de octubre estaba casi todo terminado, quedaban pequeñas bolsas de rebeldes a los que Fernando ordenó capturar y fusilar. A continuación, desencadenó una persecución contra los ultra absolutistas como contra los liberales.
En mayo de 1829, murió la tercera esposa de Fernando VII, María Josefa Amalia de Sajonia. El rey no tenía hijos vivos. Su hermano Carlos y su esposa María Francisca de Braganza se veían Reyes de España. Su otra cuñada, la esposa del hermano pequeño Francisco de Paula, decidió casar a su hermana María Cristina de Borbón con el rey. Ambas eran sobrinas de Fernando y de Francisco de Paula por ser hijas de su hermana María Isabel. María Cristina era bastante más joven que Fernando, la diferencia de edad entre ellos era de 11 años.
Ante esta situación los que se consideraban herederos seguros, los más ultra conservadores, se podían quedar sin herencia. Estaban desconcertados y disgustados con el nuevo matrimonio. Evidentemente los ministros más conservadores se oponían al matrimonio.
Los apostólicos presentaron otras alternativas al matrimonio que no siguieron adelante.
Los liberales moderados del Gobierno apoyaron el matrimonio.
En junio, el Consejo de Estado aprobó la boda y nuestro conocido Pedro Gómez Labrador, embajador en Roma, pidió la mano de la futura Reina. Se casaron en diciembre, en Aranjuez y la nueva Reina llegó a Madrid el 11 de diciembre de 1829.
La Reina quedó embarazada a primeros del año 1830. A finales de marzo, Fernando promulgó la Pragmática Sanción, aprobada en septiembre de 1789 por Carlos IV, pero que no se había hecho efectiva. Esta Pragmática establecía que si el rey no tenia heredero varón, heredaría la hija mayor. Esto excluía a Carlos María Isidro de la sucesión, fuera cual fuera el sexo del futuro hijo del rey. Naciera quien naciera, varón o hembra, sería futuro rey/reina de España. La decisión de Fernando de promulgar la Pragmática originó las protestas de Carlos María y de los reyes de Francia, Carlos X, y de Nápoles y Sicilia, Fernando II, hermano de la Reina María Cristina.
La reina María Cristina y su hermana Luisa Carlota, consciente del odio de los Voluntarios Realistas se rodearon de absolutistas moderados
Por estas fechas, se produjo la última intervención colonial española en el continente Americano. La República de Méjico pasaba por un período de inestabilidad que hacia añorar a muchos españoles residentes y criollos la situación existente en el pasado régimen Virreinal.
Con el ambiente internacional favorable a una acción española en el territorio mejicano. Apoyado por la Santa Alianza y con el beneplácito del gabinete británico de Lord Wellington, el gobierno español decide emprender una expedición de reconquista.
El brigadier Isidro Barradas, solicitó el mando del contingente convencido, como el gobierno español, de que a su llegada a tierra mejicana, la población se le sumaría en masa.
La llamada División de Vanguardia estaba formada por 3.376 soldados.
El secretario político de la expedición era D. Eugenio de Avinareta, el aventurero glosado por D. Pio Baroja en su novela “Memorias de un hombre de acción”.
El 27 de julio de 1829 se produjo el desembarco en Cabo Rojo, en las proximidades de Tampico en el Caribe mejicano.
Dos días después, la división emprendió la marcha por un terreno arenoso, con excesivo calor y con sus componentes muy cargados. Cada miembro de la expedición llevaba su fusil, doce paquetes de cartuchos y raciones para 8 días.
A los pocos días, el brigadier había logrado lo que se esperaba en los primeros días de la expedición, pero la población mejicana que debería ayudarla brillaba por su ausencia. Un excesivo optimismo había sobrevalorado el apoyo popular a la empresa de reconquista. Tal soporte no existía
El día 7 de agosto se llegó a Tampico de Tamaulipas.
Como el escaso fondo del puerto de Tampico impedía el desembarco de avituallamiento, éste escaseaba por lo que el general se decidió a partir hacia Altamira con objeto de batir al enemigo y capturar ganado.
Altamira estaba abandonada por sus habitantes aunque se consiguió recoger algún ganado.
La República Mejicana encargó su defensa a los generales López de Santa Ana (famoso en la guerra entre Tejas y Méjico por la toma de la misión del Álamo, cerca de San Antonio, Texas) y al General Garza.
El General Santa Ana atacó y rindió Tampico después de una heroica defensa de los poco menos de doscientos hombres con que contaba su guarnición. Los mejicanos que atacaban eran unos 1.500.
La lucha continuó y las fuerzas españolas no fueron nunca derrotadas, pero el hambre, la fiebre, las difíciles condiciones atmosféricas y la falta de apoyo popular con el que se contaba, hacían imposible cumplir con los objetivos de la expedición. El 11 de septiembre, el Brigadier Barradas firmó la capitulación de la División de Vanguardia. Así acabó una gran historia española como fue el descubrimiento, conquista y colonización de gran parte del continente americano.
En julio, en Francia había tenido lugar un proceso revolucionario con la denominada Revolución de Julio o las Tres Gloriosas. La revolución se llevó a cabo en tres días del mes de julio. Fue una revuelta popular de las clases medias, una de las llamadas revoluciones liberales que se iniciaron con la revolución de 1820 en España y que dio lugar al Trienio Liberal. En Francia consiguió el derrocamiento del Rey Carlos X y su gobierno conservador, reemplazándolo por el Rey Luis Felipe I, el llamado rey ciudadano, de la misma familia pero de la rama Borbón Orleans.
A la vista de estos sucesos, el Gobierno pensó que había que tomar algunas medidas que, además de la persecución de los liberales, acercaran el Gobierno al cambio de ciclo económico y social que se estaba produciendo.
El Secretario de Estado hizo un indulto general caracterizado porque, contrario a los indultos anteriores, apenas tenía excepciones.
Fernando se negó a aceptar a Luis Felipe y éste permitió que los liberales se instalasen en el sur de Francia.
Los liberales, ahora con el apoyo del rey de Francia, consiguieron dinero y constituyeron en París un Directorio Provincial del Levantamiento de España contra la Tiranía. Pero los principales líderes liberales, que seguían viviendo en Londres, tenían organizada una Junta Revolucionaría con Espoz y Mina, José María Torrijos, Juan Palera y Manuel Flores Calderón.
El octubre de 1830, como ya hemos indicado, Salmón fue confirmado en el cargo de Secretario de Estado pasando de interino a propietario del puesto.
La reina dio a luz, el 10 de octubre de 1830, a una niña que se llamó María Isabel y que reinaría con el nombre de Isabel II. Don Carlos se vio postergado y sus partidarios alegaron que había nacido en 1788, antes de la aprobación por su padre Carlos IV de la Pragmática, por tanto no podía ser desposeído de sus derechos por una ley con efectos retroactivos. Dos años después, la reina volvería a dar a luz otra niña llamada María Luisa Fernanda. Si el primer nacimiento le hacía perder la herencia, el segundo también, salvo que la Pragmática fuese derogada.
Los liberales en el sur de Francia estaban divididos, sus jefes no conseguían coordinar una invasión, rechazaron la autoridad de la Junta. Estaban totalmente desinformados de la situación en la que se encontraba la población. Contaba con una sublevación general del pueblo y del ejército en su apoyo, cosa que no sucedió.
En octubre atacaron por diversos frentes, el vasco–navarro con invasiones de Valdés por el Valle del Baztán, Francisco Javier Mina por Vera del Bidasoa. Ambos fueron derrotados y tuvieron que huir a Francia. También atacaron por La Junquera, por Aragón y por Valcarlos, todos fueron derrotados y tuvieron que regresar a Francia, excepto Chapalangarra que fue detenido y fusilado. En diciembre, la sublevación liberal había acabado.
El único resultado de todas estas luchas fue en contra de los liberales, Fernando VII se vio obligado a reconocer a Luis Felipe a cambio de volver a alejar a éstos de la frontera con España.
A pesar del fracaso de las invasiones de 1830, los liberales no dejaban de conspirar y planificar nuevas acciones. En 1831, se produjo otra oleada de invasiones, esta vez desde el sur, desde Gibraltar. Así, en enero, un grupo de hombres atacó La Línea, fracasando; a primeros de febrero, el coronel Salvador Manzanares desembarcó en Algeciras, fracasando y siendo asesinado. Es decir, los malos resultados se repetían, el análisis de la situación del país había sido tan erróneo en el norte como en el sur.
El hecho revolucionario más conocido del año 1831 ocurrió al final de noviembre y fue conocido como la aventura de Torrijos, cuyo fusilamiento, juntamente con sus compañeros, fue pintado por Antonio Pérez Gisbert en un cuadro que está en el Museo de Prado.
José María Torrijos había sido un militar al servicio del Gobierno durante el Trienio Liberal. Exiliado en Londres desde donde se trasladaron a Gibraltar para preparar una invasión de liberales. El 24 de octubre atacaron Algeciras y fracasaron. Torrijos intentó desembarcar en Málaga con tan solo 52 compañeros porque tenía la palabra del General Vicente González Moreno de que se sumaría al pronunciamiento. Esta promesa era una trampa. El 30 del mismo mes, al llegar a Fuengirola fueron atacados y detenidos. Once días después fueron fusilados todos en las playas de Málaga. Entre los fusilados, además de Torrijos se encontraban: Francisco Fernández Golfín, ex ministro de la Guerra; Manuel Flores Calderón, ex presidente de las Cortes en 1823; el coronel Ignacio López Pinto; Francisco Borja Pardío, comisario de guerra y el militar de origen irlandés, nacido en Londonderry, Robert Boyd Esquire.
Como resultado de todas estas intentonas, Fernando VII publicó un bando perdonando a aquellos que denunciaran a los liberales. Entre los denunciados se encontraba Mariana Pineda, granadina, muerta por garrote vil por haber bordado un abandera con el lema “Ley, Libertad, Igualdad”. Su historia fue llevada al teatro por Federico García Lorca, en 1925, con la obra Mariana Pineda.
A primeros de enero de 1832, González Salmón enfermó, siendo sustituido como Secretario de Estado Interino por Francisco Tadeo Calomarde, desde el 8 de enero de 1832 hasta el 20 del mismo mes, cuando fue nombrado como Secretario Interino Antonio de Saavedra y Jofré, Conde de Alcudia.
Francisco Tadeo Calomarde de Restacón y Arria, Duque de Santa Isabel en Dos Sicilias, maño, nació en Villel , Teruel, en 1773 y murió exiliado en Toulouse, en 1842. Político ultra absolutista, ministro de Gracia y Justicia en varios gobiernos durante la Década Ominosa. Promulgó el Plan General de Estudios. Puesto de parte de Don Carlos durante el conflicto surgido por la sucesión de Fernando VII. Desterrado a Teruel, huyó a Roma con la intención de ser nombrado Cardenal. Al no lograrlo, se presentó a Don Carlos en Toulouse donde también fue rechazado, muriendo en esta última ciudad.
Joaquín de la Santa Cinta. Ingeniero aeronáutico, economista e historiador





