Vota, vota la pelota… Política

(25-05-15) Días de votaciones, días de elecciones, días de interpretaciones. ¡Oh, qué maravilla! Los únicos días del año donde no existen perdedores, pues todos se sienten ganadores. Y claro, si ya empezamos así, estamos asentando el comienzo sobre bases dudosas.
La primera lástima grande es esa. La segunda que, por lo visto -y no sucede únicamente en España- el triunfo de una formación política no suele suceder tanto por méritos de los ganadores, sino por deméritos de los perdedores. Si hasta ahora con el partido A nos ha ido mal, probemos con el partido B, que si tampoco lo hacen bien, siempre nos quedará la posibilidad de volver al A. Y si llegamos al acuerdo de que el bipartidismo es malo (convicción sostenida por quienes no forman parte de A ni de B), demos paso a los partidos C, D y E. Así al menos cambiaremos el ritmo de la melodía para los próximos años: A, B, C, D, E… Y de nuevo A, B…
Y no es que lo de las mesas electorales sea un mal invento. Al contrario. Ni siquiera es necesario que los representantes políticos sean neutrales, pues lo contrarrestan vigilándose unos a otros. Esa es la base misma de la democracia. Lástima que como vimos en algunos de los últimos casos de corrupción habidos en este bendito país, cuando los dineros puestos en juego son abundantes y la posibilidad de ser descubiertos se intuye como remota, incluso desaparece el benéfico efecto de esa mutua vigilancia. Y tal como ha sucedido, ahí han metido mano partidos de derecha, de izquierda, sindicatos, organizaciones empresariales y la madre que los p…
Y es que pocas cosas en este país van a cambiar mientras no cambiemos nosotros individualmente. Porque mira que somos pájaros de cuenta, ¿eh? ¿Quién no ha amañado todo cuanto ha podido su declaración de la renta para ahorrarse unos eurillos? ¿Quién mantiene en situación totalmente legal a ese trabajador inmigrante de la construcción o a la chica que nos echa una mano en las tareas domésticas? Y claro, luego nos asombraremos de los altísimos niveles de vida y protección social de los países nórdicos europeos. ¿Pero nos paramos a pensar que en ellos se han dado hasta casos de un cónyuge que denuncia a su pareja por no haber cumplido honradamente con Hacienda? Ahí, ahí le duele.
Y quizá resultara que arreglar la res publica no sería tan difícil… Si así se decidiera, claro. Después de haber sufrido todos estos días anteriores tantas machaconas campañas electorales donde todos prometen el oro y el moro si son revestidos con el poder…¿Por qué no impulsamos por ejemplo, la creación de una nueva ley que obligue a los políticos a cumplir con sus promesas electorales? ¿No es cierto acaso que si un producto cualquiera anuncia unas cualidades que no va tener, el fabricante puede ser sancionado por publicidad engañosa? Ah, que no sabían cómo estaban las cuentas públicas antes de ser nombrados. Ya. Pues que no prometan, tan sencillo. Y si lo prometen, a cumplirlo caiga quien caiga… o te puede caer una gorda.
Y hablando de caer gordas, ¿hasta cuando estaremos hartos de comprobar que los defraudadores no devuelven la pasta robada, cuando ese es el clamor unánime de toda la sociedad? Ah, que van a la cárcel. Durante poco tiempo, pero eso sí, a cuerpo de rey. No me atrevo a sugerir que los castigaran como antaño: un uniforme a rayas, la cadena y la bola al tobillo y a arreglar con pico y pala las carreteras y otras obras públicas, que falta hace. No lo propongo, aunque confieso que me hace muchísima ilusión. Pero por favor, que las cárceles cuestan mucho dimero que sale de nuestro bolsillo y me temo que ahí no aprenden nada bueno. Se me ocurre que un buen castigo para los ricachones con delitos a sus espaldas sería hacerles vivir una larga temporada currando a lo bestia y cobrando el salario mínimo para sustentar a su familia. Ah, y contribuyendo a diversas tareas sociales. ¡Qué buen ejemplo darían uno de esos banqueros defraudadores sirviendo en un comedor social…
Pero ni aún así. Confieso mis escasas esperanzas en una ciudadanía que ni siquiera ejerce bien su mayor poder: Castigar en las urnas los comportamientos delictivos. ¿O será que más bien en el fondo envidiamos al listillo de turno que ha sabido dar el pelotazo de su vida mientras todos los demás nos rompemos los lomos?
Venga. venga; ánimo, que esta vez todo irá mejor…
¿O no?
Abelardo Hernández





