Otra oportunidad perdida: El Gobierno de Tejero prefiere perseguir una utopía faraónica que no quiere nadie antes que buscar la identidad propia de Pozuelo con una Fiesta de Carnaval

Hoy comienza el Carnaval y, un año más, Pozuelo de Alarcón asiste a su propia paradoja: una ciudad con recursos, población y tradición suficiente para brillar que vuelve a conformarse con un simulacro amable, correcto y perfectamente olvidable para jóvenes que terminará en fracaso.
Otra oportunidad perdida para afrontar el verdadero problema de fondo: Los “Mil Pozuelos” en los que sigue fragmentado el municipio.
Porque ese es el nudo de la cuestión.
Mientras Pozuelo continúe funcionando como una federación de urbanizaciones sin relato común, sin espacios simbólicos compartidos y sin orgullo colectivo reconocible, cualquier política festiva será puro maquillaje institucional. Actividades habrá, sí. Programación también. Pero ciudad, lo que se dice ciudad, seguirá sin aparecer y continuará siendo una Villa sin alma.
Resulta casi irónico releer la propia web municipal, donde se recuerda que siempre hubo Carnaval en Pozuelo: Bailes de disfraces, asociaciones implicadas, el Salón Recreativo de La Inseparable lleno de vecinos, la tradición de las máscaras… Un Carnaval vivido, social, mezclado. Un Carnaval que sonaba a comunidad y no a agenda juvenil de fin de semana.
Desde hace años se repite una idea sencilla: El Carnaval de Pozuelo debería depender de Cultura. No como entretenimiento puntual, sino como proyecto de ciudad. Una semana entera con exposiciones, conciertos, teatro, conferencias, danza, música en la calle. Un acontecimiento reconocible en toda la región. Un motivo para que vecinos de urbanizaciones, cascos y colonias compartiesen algo más que el código postal.
Porque las actividades verdaderamente importantes no llenan solo plazas, crean pertenencia.
Un Gran Baile de Carnaval elegante, abierto, ambicioso podría ser un comienzo. Un evento donde importara la belleza del disfraz más que el volumen del altavoz.
Donde la categoría sustituyera a la cutrez.
Donde, como en el origen del Carnaval, las diferencias sociales quedaran suspendidas bajo una máscara común.
No faltan espacios.
No faltan medios.
Lo que falta es decisión política para pensar en política pozuelera.
Porque el problema de Pozuelo nunca ha sido la gestión cotidiana.
El problema es la ausencia de una idea de ciudad.
Y ahí aparece la pregunta incómoda sobre la voluntad política;
¿Quiere realmente el Gobierno municipal un Carnaval que mezcle a la gente, que ocupe la calle, que genere identidad compartida?
¿O prefiere continuar en la búsqueda de una utopía faraónica que, encima, no quieren los vecinos?
Un Carnaval que una, emocione y represente a todos haría que Pozuelo podría, y es solo otro ejemplo, empezar a dejar de ser una ciudad sin alma…
Juan Manuel Sánchez






