Gobernar Pozuelo a base de urgencias (aunque no lo sean) como lo hace la JGL demuestra el dramático caos administrativo que reina en el Ayto o que Tejero quiere ocultar algo sustancial

El Gobierno de Pozuelo de Alarcón ha creado una nueva forma de hacer política municipal. Se denomina la gestión por sorpresa. Catapúm… Te pillé….
No hablo de eficiencia, planificación ni estrategia. Hablo de algo mucho más emocionante porque convierte lo ordinario en extraordinario y lo extraordinario en urgente. Es genial si no fuese dramático por el caos administrativo que demuestra.
Tejero gobierna a través de Juntas de Gobierno Local con apariencia tranquila hasta que llegan los puntos urgentes que nadie había visto venir. Te la colé, vecino. Una manera muy creativa de administrar lo público: Primero los escondes, luego lo declaras urgente y, finalmente, lo apruebas. Transparencia exprés. Y al que le pese que se joda.
La Junta de Gobierno del día 4 de febrero fue un ejemplo de manual, según he podido saber tras la publicación del Acta de dicha JGL. Cuatro asuntos menores en el orden del día oficial (se supone que para no asustar) y, de repente, otros cuatro temas añadidos por la vía de urgencia. Mitad agenda visible, mitad agenda oculta.
Democracia en formato aquí te pillo aquí te mato.
Y entre esos asuntos colados a última hora, uno especialmente significativo: La adjudicación de un acuerdo marco de servicios para la redacción de proyectos, dirección facultativa, coordinación de seguridad y salud y asistencia técnica para el seguimiento y control de obras en vías y espacios públicos municipales.
Dicho en cristiano: Avanzar en la externalización técnica de buena parte de la gestión de obras públicas.
Y ese no es un trámite menor. Es una decisión estructural sobre cómo se gobierna la ciudad y quién hace realmente el trabajo. Pero, curiosamente, no mereció aparecer en el orden del día inicial. Debía de ser urgentísimo aunque nadie se lo cree ya que una cosa tan importante no surge como por encanto.
La Comisión General de Coordinación, integrada por la Concejal-Secretario de la Junta de Gobierno Local, el Coordinador General del Ayuntamiento, los Directores Generales, el Director General de la Asesoría Jurídica, el titular del Órgano de Apoyo y el Interventor General, se había reunido el día 2 de febrero, dos días antes de la JGL, y habían aprobado 4 puntos menores pero no se habían enterado de que había otros cuatro temas (uno de ellos muy importante) que se iban a presentar por Urgencia.
Me pinchan y no sangro. Y no sangro porque este Ayuntamiento es un caos mayor del que suponía o el Gobierno (que ha vuelto a ser un gineceo con la incorporación de la Infantita Ruiz Escudero) está formado por unas listas… O unas vagas, que también puede ser.
Aunque es todo mucho más acojonante aún ya que estos cuatro puntos urgentes se presentaron el día 3 de febrero (un día después de que se reuniese la Comisión General y un día antes de la JGL) sin haber pasado por dicha Comisión General. Nos los metieron a pelo.
¿Por qué?
No lo sé pero es un problema gordo. No la legalidad del procedimiento (todo muy formal, todo muy correcto) sino la cultura política que revela. Todo se lo pasan por el arco de triunfo. Convertir decisiones relevantes en trámites acelerados. Normalizar que lo importante llegue siempre por la puerta de atrás administrativa.
La urgencia permanente tiene una ventaja política evidente ya que reduce preguntas aunque en esta ciudad solo preguntamos nosotros. Pero cuando algo se vota como urgente, el margen de discusión se encoge, el foco mediático se diluye y la rendición de cuentas se vuelve borrosa. Es una trampita política. El equivalente institucional al “luego lo vemos”, pero con sello oficial.
Y lo preocupante es que no parece un episodio aislado, sino un método. Una forma de dirigir el Ayuntamiento basada en la improvisación formalizada. Nada está listo cuando debería, así que todo acaba siendo urgente. Y cuando todo es urgente, en realidad nada se planifica.
Mientras tanto, los vecinos asisten a esta coreografía administrativa sin entender muy bien qué ocurre. Ven anuncios grandilocuentes, rankings irrelevantes y fotos institucionales… Pero las decisiones reales aparecen en documentos técnicos aprobados deprisa y casi en silencio.
La política espectáculo arriba; la política efectiva, escondida abajo.
Gobernar bien una ciudad no consiste en multiplicar las urgencias, sino en evitarlas. Significa prever, explicar, debatir y decidir con luz y taquígrafos. Exactamente lo contrario de convertir cada Junta de Gobierno en una caja de sorpresas.
Y cuando las decisiones importantes sobre la gestión de las obras públicas se aprueban como “urgentes” es consecuencia del caos o de que se quiere ocultar algo.
Y eso es malo.
Muy malo para la credibilidad de la alcaldesa.
El Capitán Possuelo






