Boadilla inicia una nueva edición de la anual encuesta sobre la satisfacción vecinal con sus servicios públicos mientras en Pozuelo, como siempre, amaga pero no da (Y a mí me apena)

Ya sé que las comparaciones son siempre odiosas. Y que no debería comparar a Boadilla del Monte con Pozuelo de Alarcón ni a Javier Úbeda con Paloma Tejero, sus respectivos alcaldes. Lo sé. Pero el día a día de estos dos municipios hacen que tenga que hacerlo y con más frecuencia de la que desearía.
Es más, no quiero pero…
Pero en Pozuelo siempre hay un pero…
Pero es que no me queda más remedio…
Y s que en el noroeste madrileño hay dos formas de gobernar. Una consiste en preguntar a los vecinos qué tal lo estás haciendo. Y la otra reside en cruzar los dedos para que nadie pregunte demasiado alto. Y en esa sencilla diferencia se entiende casi todo y me obliga a comparar.
Úbeda, con esa peligrosa costumbre de hacer cosas normales, ha anunciado que ha puesto en marcha una nueva edición del estudio anual sobre la satisfacción vecinal con los servicios municipales.
Repito: Javier Úbeda ha puesto en marcha UNA NUEVA EDICIÓN del estudio anual sobre la satisfacción vecinal con los servicios municipales. O sea, que la hace todos los años, vamos.
Una empresa especializada entrevistará a 800 vecinos, por teléfono y a pie de calle, seleccionados de forma aleatoria y equilibrados por edad, sexo y zona.
Tres semanas de trabajo, un informe público (PUBLICO) y, atención, una idea revolucionaria: Usará los resultados para mejorar lo que funcione mal.
Se llama transparencia. Evaluación. Gestión. Palabras rarísimas y muy peligrosas para los políticos.
Mientras tanto, en el Gran Pozuelo de Alarcón, ese lugar donde todo parece perfecto hasta que hablas con un vecino, ha ocurrido algo mucho más misterioso.
Según publicamos en El Correo de Pozuelo de fuentes bien informadas, el Partido Popular encargó una encuesta para medir la valoración de la gestión de Paloma Tejero tras más de dos años de mandato.
Una encuesta de verdad, de las que hacen preguntas incómodas: tasa de basuras, recinto ferial, ruido en la Avenida de Europa, promesas incumplidas en Humera, malestar creciente… esas pequeñas cosas sin importancia que solo afectan a los vecinos.
¿El resultado? Silencio administrativo pero del partido.
(Desconozco por qué no lo hizo el Gobierno de Pozuelo si lo ha hecho el Gobierno de Boadilla. Supongo que por la cosa de la publicidad)
Lo anunciamos. Nadie sabe si la encuesta se hizo, si salió mal, si duerme en un cajón o si fue directamente enterrada en algún sótano de Génova con una pala de urgencia.
Lo único claro es que, si los datos hubieran sido buenos, ya tendríamos ruedas de prensa, folletos a color y fotos en Instagram con filtro institucional.
En política, las encuestas solo se publican cuando sonríen.
Fuentes internas hablaron de “preocupación”, de desgaste, de una gestión que “no está llegando al vecino”.
Traducción simultánea: Houston, tenemos un problema en Pozuelo.
Y es que, en apenas dos años el Gobierno municipal, la alcaldesa de Pozuelo ha logrado algo casi imposible en una ciudad históricamente tranquila: enfadar a media población. Solo con improvisación, ruido, tasas impopulares y esa extraña habilidad de vivir más pendiente de la foto que de la realidad.
Y lo más inquietante no ocurre en Pozuelo, sino en Madrid. En Génova y en Sol miran el mapa con ceño fruncido. Cuando un feudo seguro empieza a dar disgustos, saltan todas las alarmas. Porque perder Pozuelo no sería solo perder un ayuntamiento: sería perder un símbolo.
Frente a eso, Boadilla pregunta. Pozuelo, en cambio, parece preferir no saber.
Uno publica encuestas para corregir. El otro, si las hace, las esconde para sobrevivir. Dos estilos. Dos formas de entender el poder local.
Dos maneras de tratar al vecino: como ciudadano o como figurante.
Al final, la política municipal es más sencilla de lo que parece. Se resume en una pregunta básica:
¿Quieres escuchar la verdad o prefieres maquillarla?
No sé, Rick, pero a veces siento una envidia sana.
Y me apena.
Juan Manuel Sánchez






