Tejero tiene poco que contar sobre su gestión para vendernos que Pozuelo es la cuarta mejor ciudad de España para compaginar teletrabajo y presencialidad (Tócate la flauta travesera)

Cada vez que el Gobierno de Pozuelo publica una noticia como esta de ayer me salen ronchas… Como lo leen. Y la verdad no sé por qué. Debe ser una especie de alergia…
Me pasó cuando leo noticias que cambian el rumbo de la historia. Me pasó con la llegada del hombre a la Luna o la caída del Muro de Berlín por poner dos ejemplos. Siempre me pasa. Y, por supuesto, ayer también me pasó…
Ayer, el anuncio del Gobierno del Gran Ayuntamiento de Pozuelo proclamando que la ciudad es la cuarta mejor de España para compaginar teletrabajo y presencialidad según un índice de no se sabe muy bien quién pero que suena importantísimo porque está en inglés, me entró una picazón que hacía tiempo no recordaba.
El estudio lo firma International Workplace Group, que se presenta como “la mayor plataforma de espacios de trabajo flexible del mundo”. O sea que una empresa que alquila oficinas dice que vivimos en una ciudad estupenda para trabajar. Sorpresa absoluta. Nadie lo vio venir.
Pozuelo, dicen, ha obtenido 76 puntos sobre 100, quedando solo por detrás de dos municipios de Barcelona y de Alcobendas. Es decir, somos casi campeones en algo que nadie había pedido medir y que, curiosamente, no arregla ni un solo problema real de la ciudad.
Pero da igual. Hay ranking, hay nota y, por tanto, hay motivo para nota de prensa con sonrisa institucional.
El índice analiza cosas muy serias como el transporte (manda güevos) y el picor ya pasó a desazón. Como las zonas verdes, la oferta cultural, los servicios, la conexión a internet y ya me tuve que tomar un bocadillo de “talquistina” o fenecía.
Todo sonaba fenomenal en un PowerPoint pero mostraba que los de Workplace Group habían hecho el estudio de oídas.
Porque claro, qué importa eso. En Pozuelo es perfecto para teletrabajar y, como el Gobierno lo va a comprar y lo publicará, nos hacemos publicidad.
Madre del Amor Hermoso.
Lo fascinante no es el ranking en sí sino el entusiasmo con el que se nos vende como si fuera una especie de Nobel urbano.
Falta poco para que declaren festivo local el día en que quedamos cuartos.
Mientras tanto, en la vida real, los vecinos siguen preocupados por esas manías suyas: la limpieza, el ruido, la movilidad, los impuestos, la falta de planificación… En ese tipo de obsesiones antipatrióticas que no puntúan en ningún índice con nombre en inglés.
Pero el Gobierno ha decidido que lo importante es sacar pecho de estadísticas amables. Gobernar ya si eso otro día. Es una estrategia política innovadora: Si no puedes mejorar la vida de los vecinos, le contamos una milonga. Pozuelo es la pera limonera en eso de teletrabajar.
Tócate la flauta travesera.
Aunque hay que reconocer talento. Porque convertir un cuarto puesto en un ranking corporativo en una hazaña municipal absurda requiere talento narrativo. Casi literario. Realismo mágico administrativo.
Además, el concepto es precioso: “Trabajo híbrido”. Suena moderno, europeo, sostenible.
Mucho mejor que palabras feas como “atascos”, “quejas vecinales” o “servicios saturados”. El lenguaje adecuado lo arregla todo. O al menos lo disimula.
La pregunta incómoda es otra:
¿De verdad esta es la prioridad comunicativa de una ciudad con problemas evidentes?
Porque cuando un gobierno presume de chuminadas estadísticas suele ser por una razón sencilla: Y es que no tiene nada mejor que contar.
Y a mí, créanme, me da mucha pena…
Y picor inaguantable.
Manolo Pérez






