La conclusión política, del recientemente aprobado Presupuesto 2026 del Ayto, es clara: El Gobierno del PP no mira por todos los vecinos y Pozuelo lo pierde. Un artículo de Patricia Cabal

Hay ciudades que se miden por sus cifras, por sus rankings, por su brillo. Y luego están las ciudades que se miden por algo mucho más sencillo: cómo tratan a quienes más lo necesitan. Pozuelo, por desgracia, lleva demasiado tiempo obsesionada con lo primero y olvidando lo segundo.
En estos días hemos debatido los presupuestos municipales. Y mientras escuchaba discursos sobre “el dinero en los bolsillos de los ciudadanos”, no podía dejar de pensar en todos esos vecinos que no tienen nada en los bolsillos. Nada. Personas que trabajan y aun así no llegan, familias que esperan una ayuda que llega tarde, jóvenes que se marchan porque no pueden permitirse vivir en la ciudad en la que crecieron.
Hablar de bajar impuestos como si todos partiéramos del mismo punto es una forma muy cómoda de no mirar la realidad. Porque la realidad es que Pozuelo expulsa. Expulsa a quien pierde su empleo, expulsa a quien no puede asumir un alquiler, expulsa a quien necesita un servicio público para sostenerse. Y una ciudad que expulsa deja de ser hogar para convertirse en escaparate.
Durante la preparación de nuestras enmiendas a los presupuestos —enmiendas que, como era de esperar, no fueron aceptadas— vivimos una situación que revela mucho más de lo que parece. Estábamos trabajando con rigor sobre el documento oficial, analizando partidas, proponiendo mejoras, intentando aportar. Y, de repente, el documento cambió. El contenido del presupuesto base fue modificado mientras trabajábamos sobre él. Sin aviso. Sin explicación. Sin una versión definitiva sobre la que poder construir.
No es un detalle técnico. Es una falta de respeto institucional. ¿Cómo se puede pedir responsabilidad a la oposición si ni siquiera se garantiza un documento estable? ¿Cómo se puede hablar de participación cuando se dificulta deliberadamente la labor de quienes intentamos mejorar las cosas?
Mientras tanto, el gobierno municipal sigue priorizando proyectos que poco tienen que ver con las necesidades reales de la gente. Millones para un Palacio de Congresos innecesario, mientras las becas de comedor se pagan tarde. Triunfalismo sobre el empleo, cuando todos sabemos que en Pozuelo “no hay paro” porque quien pierde su trabajo no puede permitirse quedarse. Y discursos sobre libertad fiscal que suenan muy bien… siempre que no seas una familia que necesita un servicio público para poder respirar.
Pozuelo es una ciudad maravillosa, sí. Pero también es una ciudad que se está vaciando por dentro. Una ciudad que corre el riesgo de perder su esencia, su diversidad, su humanidad. Y eso no se arregla con titulares ni con frases hechas. Se arregla con políticas que miren a todos, no solo a unos pocos.
Yo sigo creyendo que otra forma de gobernar es posible. Una forma que no tenga miedo a reconocer desigualdades, que no esconda los problemas debajo de la alfombra, que no cambie documentos a mitad de un proceso para dificultar el trabajo ajeno. Una forma que entienda que la dignidad no es un lujo, sino un derecho.
Porque al final, lo que está en juego es algo muy sencillo: qué tipo de ciudad queremos ser. Una que presume o una que cuida. Una que expulsa o una que acompaña. Una que mira solo a unos pocos o una que mira a todos.
Pozuelo tiene que decidir. Y yo también.
Patricia Cabal, concejala de Más Madrid Pozuelo





